En la cultura estadounidense el miedo a cualquier relación lleva a la infelicidad, a la violencia y al conflicto, plantea John Cameron Mitchell director y guionista de Shortbus –(2007) drama sexual que participó en la edición del Festival de cine en Cannes (2006) y que obtuvo entre otros reconocimientos el premio al mejor Guión y Dirección Artística en el Festival de Gijón 2006.
Artista múltiple, escritor, cantante, actor y cineasta. Su ópera prima Hedwig & The angry inch (2001)  es ya un clásico de culto que atiende a una exquisita y aguda mirada sobre el amor, el cuerpo y la sexualidad practicada y vivida por fuera del discurso heterosexual.
En una entrevista que le hiciera la revista mexicana  Hablemos de Cine el autor de Shortbus propone: “No se asusten por el sexo en él. No es pornografía; la mayoría del sexo en el film es ridículo. Pensá en la experiencia sexual más emocional que tuviste, y qué tan graciosa puede haber parecido para otra persona afuera de ese entorno, y qué tan emocional fue para vos. De eso se trata Shortbus. Aunque tengas que verla en DVD, arriesgate y mirala.”
Esta vez, además de recomendar Hedwig…  y Shortbus para continuar pensando e interrogando esa X desproporcionada que incluimos en la palabra sexualidad, compilamos una serie de entrevistas para escuchar cómo plantea este artista sus versiones sobre el tema.

Vanesa Guerra

1- JOHN CAMERON MITCHELL 
Sobre Shortbus por Tony Rayns

T.R.Ya sé que fue hace tiempo, ¿pero puede decirnos en qué momento nació el proyecto?

JCM – Durante la preparación de Hedwig. Estaba encantado de ver que el cine volvía a ser sexualmente honrado y sincero, como en los años sesenta y setenta, pero deploraba el hecho de que fuera tan desalentador y carente de humor. El sexo parecía ser tan negativo como lo es, digamos, para los conservadores cristianos. Bueno, es comprensible. Personalmente crecí en un ambiente católico-militar donde el sexo era una cosa aterradora y, por lo tanto, fascinante. Pensé en hacer una comedia neoyorquina provocadora, estimulante emocional y mentalmente, de gran franqueza sexual y, a ser posible, divertida. No tenía por qué ser erótica. En vez de eso, intentaría servirse del lenguaje del sexo como una metáfora de los otros aspectos de las vidas de los personajes. El sexo siempre me ha parecido la terminación nerviosa de la vida. Creo que si se observa a dos extraños haciendo el amor, pueden sacarse conclusiones acerca de su infancia y de lo que comieron a mediodía. Al mismo tiempo, quería hacer una película en la que los personajes y el guión se desarrollasen a través de improvisaciones en grupo, inspirándome en técnicas tan dispares como las de John Cassavetes, Robert Altman y Mike Leigh. (Por cierto, los tres han expresado su aversión por el sexo “real” o “no simulado” en sus películas). También quería que la historia se desarrollase alrededor de un “salón” underground moderno y multisexual inspirado en el modelo parisino de Gertrude Stein y los salones neoyorquinos contemporáneos que he conocido: música, literatura e incluso sexo en grupo.

Si tuviera que mencionar antecedentes cinematográficos sexuales específicos para la película, hablaría de la película autobiográfica de Frank Ripploh, Taxi al W.C – me gustó el tono melancólico soterrado en la comedia, y el hecho de que trata el sexo del mismo modo que toda su vida – y quizá Un Canto de Amor de Jean Genet, el antepasado de las películas de sexo interesantes. Otras películas que han influido en SHORTBUS son Así habla el Amor de John Cassavetes; Las Noches de Cabiria de Federico Fellini; El Rompecorazones de Elaine May; El Rey de la Comedia de Martin Scorsese; Un Día de Boda de Robert Altman; y Annie Hall, Hanna y sus Hermanas y Maridos y Mujeres de Woody Allen.
Howard Gertler, el productor, Susan Shopmaker, la directora de casting, y yo empezamos a buscar actores a principios de 2003. No recurrimos a agentes porque las estrellas no lo hacen delante de la cámara, y también porque la preparación duraría un año, y las estrellas tampoco se prestan a eso.
Pusimos anuncios en periódicos y revistas alternativas (no teníamos dinero para poner anuncios en otras publicaciones) invitando a todo el que quisiera,
actor profesional o no, a entrar en nuestra página web, enterarse de lo que queríamos hacer y mandarnos una cinta. Les sugería que hablasen de una experiencia sexual significativa y les alentaba a decirnos todo lo que nos ayudase a conocerles. Más de medio millón de personas visitaron nuestra página y casi 500, la mayoría de América del Norte, nos mandaron cintas. Algunos hablaban a cámara, otros realizaban cortos, otros cantaban, algunos se la meneaban.
Escogimos a unos cuarenta. Teníamos poquísimo dinero y todos se pagaron el billete a Nueva York. Les dijimos que habría que improvisar durante las pruebas, pero que no habría nada sexual – no quería asustarles. Buscaba un proceso más profundo en el que los actores se convirtieran en compañeros creativos.
La confianza llegaría con el tiempo. En esa época, y antes de que diéramos un nombre a la película, organizaba una fiesta mensual llamada Shortbus”. Intentaba crear un ambiente tipo penúltimo año de instituto, nada discotequero. Poníamos música muy ecléctica. Unos amigos y yo hacíamos de DJ, lo mío eran los temas lentos. Monté una fiesta “Shortbus” para los cuarenta finalistas. Hicimos girar una botella entre cien personas. La persona escogida por la botella debía montárselo con quien la había hecho girar. Fue una forma de romper el hielo.
Al día siguiente, los actores – muy resacosos – vieron juntos las cintas que había rodado cada uno. Fue una sesión bastante tensa ya que algunos vídeos
eran muy íntimos, pero sirvió para que todos entendieran que estaban metidos en lo mismo. Además, disponíamos de pocos días, y tenía que descubrir quién atraía sexualmente a quién o, en otras palabras, quién podía ser la pareja de quién. Organizamos una votación secreta en la que se valoraba a todos en una escala de uno a cuatro. Fue muy raro y muy divertido a la vez. Acabamos con un enorme gráfico en la pared indicando quién se sentía atraído por quién.
El número de combinaciones era impresionante. Reunimos a las personas que se habían dado “cuatros” mutuamente para las primeras improvisaciones.
No tardamos en saber quiénes eran los más naturales. Buscábamos actores que pudieran improvisar a partir de un guión sin perder la estructura de la escena. Es muy diferente de la improvisación pura, es más parecido a la paráfrasis. Buscábamos a gente inteligente y carismática que funcionase bien junta. Eliminamos a los divos. Escogí a los actores más interesantes y compatibles, y empezamos inmediatamente con los talleres de improvisación. Los personajes y la historia se desarrollaron posteriormente.

T.R.-¿Cómo nacieron los personajes y los temas que se exploran en la película? 

JCM – Cuando empezamos a trabajar con las primeras improvisaciones, habíamos reunido un poco de dinero entre unos cuantos amigos para pagar a los actores y darles alojamiento. Alquilamos un loft en el Lower East Side y empezamos trabajando con improvisaciones simples, veíamos cine, jugábamos al “whiffleball” (un tipo de béisbol con pelotas y bates de plástico), íbamos a las boleras. Luego pasamos a improvisaciones más complicadas con personajes, historias y elementos que habían surgido durante las pruebas. Había leído varios libros acerca de la técnica de escritura de Mike Leigh y John Cassavetes, y adaptamos algunos de sus métodos. Desarrollamos el pasado, los secretos, los deseos de los personajes. Organizábamos “ruedas de prensa” en las que interrogábamos a los actores acerca de sus personajes. Rodamos todos los ensayos para que yo tuviera material con el que trabajar cuando empezase a escribir el guión. De hecho, los personajes y sus luchas nacieron a partir de los actores. Esa información me sirvió para desarrollar la trama y explorar temas de una forma más tradicional. De hecho, el sistema se convirtió en método: ensayábamos durante unas cuantas semanas, trabajaba en el guión durante unos meses y así durante dos años, hasta que conseguimos la financiación. Cuando llegó el momento de rodar, el guión estaba acabado y todos nos sentíamos muy cómodos juntos.

Durante los talleres hubo unas cuantas improvisaciones sexuales, pero muy pocas. Algunos actores se sentían a sus anchas y otros no, pero quería que cada uno encontrase el mejor camino hacia el sexo. Muchos prefirieron reservarse para la cámara, y valió la pena (todos los orgasmos de la película son auténticos). Frank DeMarco, el director de fotografía, estuvo en los ensayos, sexuales o no, para que los actores se acostumbraran a él. No me cansé de repetir:

“Nunca te pediré que hagas algo que no quieras hacer, pero siempre te pediré que vayas más lejos”. Les alenté a que hablasen de sus inseguridades para que no aumentasen. Se habló mucho de sexo seguro. Hubo muchos nervios durante el rodaje, pero fue maravilloso tanto para el equipo técnico como para el artístico. Y seguimos siendo amigos.

T.R.- ¿Cómo llegó al personaje de James? ¿Hay algún matiz autobiográfico?

JCM – La idea surgió en parte del propio actor, que documentó su vida con fotografías. Jonathan Caouette, el director de Tranation también nos sirvió de inspiración. En cuanto a mí, bueno, mi padre era el jefe del sector estadounidense en Berlín Occidental justo antes de la caída del Muro, y mi madre, una artista nacida en Escocia. Tuve una educación muy católica, incluso fui a un internado de monjes benedictinos en Escocia. Crecí en un ambiente militar, religioso, artístico, pero bastante fóbico hacia el sexo. Encima, yo era gay. Esas variables me ayudaron a crear Hedwig y SHORTBUS. Desde luego, la película se enfrenta a algunos de los límites existentes en Estados Unidos. ¿Por qué no se puede explorar el sexo en una película estadounidense en un contexto divertido y reflexivo a la vez? ¿Por qué asusta tanto? Entiendo que nos asustemos a nivel personal, pero como dijo Dan Savage, un amigo mío: “Uno puede tener miedo al sexo, pero el sexo es inevitable”. También soy consciente de que en la cultura estadounidense, el miedo al sexo o, mejor dicho, el miedo a cualquier relación sustancial, lleva a la infelicidad, a la violencia y al conflicto. La mojigatería crece en este país (y en su gobierno) y me apetecía meterme con eso. Semejante mojigatería acaba desahogándose en una pornografía triste y repetitiva que es quizá la principal educación sexual de los jóvenes estadounidenses.

T.R.Los insertos de animación son muy diferentes de lo que hizo Emily Hubley para Hedwig, convierten a la película en algo muy neoyorkino dada la insistencia en la geografía precisa de la ciudad…

JCM – Bueno, necesitábamos un apagón, y nuestro presupuesto no podía contemplar un apagón auténtico. Primero se me ocurrió rodar un modelo a escala,  pero eso también era muy caro. Fui a ver a John Bair, un animador que había hecho trabajos digitales en Hedwig. Creo que hizo algo maravilloso con un toque muy artístico. De hecho, escaneó numerosos cuadros suyos y los usó para las superficies en 3D. También tenía sentido usar la animación en otras escenas como, por ejemplo, la de la Estatua de la Libertad al principio mientras se oye la canción “¿Eres tú o no eres tú mi amor?”. Muchos nos hemos hecho esta pregunta últimamente.

T.R.-Aparte de Anita O´Day, que canta ” ¿Eres tú… ?”, ¿todas las canciones son originales?

JCM – Hay mucha música de actores/amigos que salen en la película. Querían que fuera un negocio familiar. También hay cosas de gente que no conozco, como los geniales grupos Animal Collective y Azure RayYo La Tengo hizo maravillas. Hay cinco temas nuevos del fantástico Scott Matthew (es el barbudo que canta en el “salón”). También compuso la canción de salida, “In the End”, con arreglos de Louis Schwadron para una suite orquestal con quinteto de cuerda y banda.

T.R.¿Existen “salones” como el que se ve en SHORTBUS?

JCM – Desde luego. Se celebraban y se siguen celebrando “salones” semanales en casas particulares donde se mezcla la música, el arte, la comida y la política.
Uno de los más influyentes era el “Cinesalon”, organizado por un amigo nuestro, Stephen Kent Jusick, (es el que hace de maitre en la Sala del Sexo). Proyectaba películas de 16 mm, servía comida vegetariana y promovía el sexo compartido al final de la velada. También fue el anfitrión de unas cuantas fiestas “Sexo-No-Bombas”, que inspiraron la sala “Sexo-No- Bombas” de la película. De hecho, rodamos el “salón” en una galería colectiva de Brooklyn llamada D.U.M.B.O donde se celebran eventos al estilo SHORTBUS pero los alquileres están por las nubes y su supervivencia es muy dudosa.

Nueva York es la esencia de lo mejor de Estados Unidos (y también de lo peor), pero creo que el “salón” de SHORTBUS representa lo mejor de Nueva York.

La ciudad siempre ha sido un santuario para los parias con ambiciones. Pero es cada vez más cara, los artistas y los jóvenes no pueden hacer frente a los precios. Unos cuantos inconformistas con canas se agarran a pequeños pisos con alquileres congelados. Quería que nuestro “salón” defendiera al Nueva York de antes, los valores de Walt Whitman, de García Lorca y del punk rock. Espero que la ciudad sea siempre un lugar de conexión y transformación donde todos, desde la tímida empollona universitaria hasta la cantante de cabaret de vuelta de todo, e incluso el ex alcalde sin futuro, puedan expiar sus pecados – reales o imaginarios – y redimirse creando cosas maravillosas con sus amigos y amantes.

T.R. –Y, por fin, ¿qué significa que el cliente Severin eyacule en un cuadro de abstracto expresionista?

JCM – Bueno, que la leche acabe en el cuadro y desaparezca dentro es como la película. La mayoría de los espectadores dice que ya no se preocupa por el sexo al final de la película. Sólo es otro toque de pincel en las vidas de los personajes. Por eso debe correrse en el cuadro.

Extracto de una entrevista realizada por Tony Rayns, Nueva York – Londres, marzo de 2006
Fuente: http://www.golem.es/shortbus

2- Entrevista a John Cameron Mitchell
por Miriam Canales

 

En el cine de contenido sexual y gay el panorama se abre con obras cada vez más osadas e irreverentes; en el caso de México, su conservadurismo ancestral parece disiparse con la exhibición de películas como Shortbus, tu última parada, de John Cameron Mitchell, quien con su obra previa Hedwig and the angry inch rompiera con tapujos y libera la represión sexual de sus personajes. Las dramáticas historias de un grupo de travestis, dominatrix, homosexuales confundidos y mujeres frígidas, tratados de forma tan lírica como irrisoria, convergen en un lugar llamado Shortbus donde se combina sexo, música, política y cultura en un Nueva York abatido por un fatídico 11 de septiembre.
Mitchell, a pesar de sus más de cuarenta años, tiene la apariencia de un veinteañero: su complexión delgada, sus ojos azul claro, su vestimenta desenfadada y el trato afable le restan edad. No obstante, este estadounidense se crió en un hábitat ambivalente de religión y rigor, con una figura paterna militar que dictó su vida en una Escocia católica y la posterior liberación gay que advendría como consecuencia. Ha sabido alternar su carrera como director, productor y actor en series de televisión como Dimensión desconocida, La ley y el orden y MacGyver. Durante su visita a México para presentar este filme habló con Replicante.

“Para mí el sexo no es una parodia”, dice, “es algo muy serio. Los personajes pueden ser graciosos como una mujer que trata desesperadamente de tener un orgasmo, porque hay gente demasiado ansiosa por ello, pero soy muy serio con eso y honestamente es más que sexo, es una separación de mente y cuerpo. Si no hablamos de sexo es cuando ocurren los problemas, cuando llegan embarazos no deseados, es cuando llega el SIDA y los abusos porque hay miedo de hablar de sexo y es terrible porque se cae en un error; se debe educar y espero que haya
responsabilidad si hay una buena educación sobre sexo.”

MC – Los personajes de tu película poseen características disfuncionales, como esa pareja de gays sumidos en la monotonía de una relación y que experimentan con un tercer elemento, así como la mujer oriental que nunca ha sentido un orgasmo.

JCM – Es dramático el caso de las mujeres que nunca han tenido un orgasmo, especialmente en las que tienen hijos; son cuestiones psicológicas. La sexualidad femenina es tan interesante como la de los hombres. Hay cosas que yo no sé por ser hombre y porque no las conozco son interesantes. Quería mostrar algo que no había hecho antes.

MC – ¿Has sentido alguna represión para manifestar tus ideas?

JCM – Crecí en un ambiente muy católico, me crié en escuelas católicas en Escocia porque mi madre es de allá, mi padre es un general y había represión por el sexo y la sexualidad. Ellos nunca hablaban del tema, los sacerdotes tampoco y no les importaba, no porque amaran a Dios sino porque tenían miedo. Mi hermana es una monja, es muy santa, es bella y sabia y es la más liberal de la familia; para mí es algo más que espiritualidad.

MC – ¿Consideras que países como México están preparados para películas como Shortbus, a pesar de sus prejuicios ancestrales?

JCM – Sé que es muy conservador, yo crecí en circunstancias similares y esto no es para todos, pero es irracional y es divertido ir a un país que quiera llevar la contraria.

Fuente:
http://www.revistareplicante.com/pdf/pensamiento/pensamiento08.pdf
(vol. III no. 12)

3- John Cameron Mitchell en Radio Ficco

Hicimos una breve entrevista al director de Shortbus, en el contexto del FICCO, en la Ciudad de México, el 25 de febrero de 2007.

Hablemos de cine: John, acabas de hacer una rueda de prensa sobre tu film Shortbus. ¿Qué mensaje tienes sobre él para el público mexicano?

John Cameron Mitchell: No se asusten por el sexo en él. No es pornografía; la mayoría del sexo en el film es ridículo… Piensa en la experiencia sexual más emocional que tuviste, y qué tan graciosa puede haber parecido para otra persona afuera de ese entorno, y qué tan emocional fue para ti. De eso se trata Shortbus. Aunque tengas que verla en DVD, arriésgate y véla.

HdC: Le acabas de preguntar a la audiencia que si aún después de ver el film, se casarían. ¿Estás tú casado?

JCM: No. En mi país [EE.UU.] no puedo casarme. ¿Pero he oído que en la Ciudad de México existe la unión civil?

HdC: Sí, es una ley muy reciente…

JCM: Quizás me case aquí entonces… y después me divorcie. (risas)

HdC: También dijiste que todos tenemos límites. ¿Cuáles son los tuyos?

JCM: Mi límite sería contar una historia sin amor, sin esperanza. No creo en la esperanza falsa, pero creo que mi trabajo, y el trabajo que me gusta, debe ser útil para la audiencia. Hay mucha masturbación en el film, pero espero que el film en sí no sea una masturbación. El sexo es una metáfora para muchos tipos de conexiones y necesidades en nuestras vidas. Así que para mí el límite es la falta de esperanza. Yo no podría vivir o trabajar así.

HdC: Dado eso, ¿te complace la respuesta de las audiencias a Shortbus?

JCM: Sí. Para algunas personas es difícil absorberla la primera vez. Para muchas personas más conservadoras en cuanto al sexo, la primera vez es un shock, pero no pueden olvidarla. A veces regresan a verla, y la segunda vez lo sienten. Al igual que el sexo, a veces la segunda vez lo sientes mejor. (risas)

HdC: ¿Cuál es tu próximo proyecto?

JCM: No sé; no tengo idea. Estoy disfrutando de mi tiempo libre.

HdC: Te daremos un poco de eso ahora. ¡Gracias!

Fuente: http://hablemosdecine.com/?p=158

 

4 -Cualquiera puede ser una Drag Queen» 
Por Jessica Hundley

John Cameron Mitchell triunfó en el Off Broadway con un loco musical en el que un transexual luchaba contra todo y contra todos para convertirse en estrella. Siete años después, dirige y protagoniza la versión cinematográfica de «Hedwig and the angry inch», una ópera glam-punk-rock sin concesiones a la galería.

TRES EN UNO. Director, guionista, protagonista. Cameron Mitchell (El Paso, Texas, 1963) debuta en el cine con el musical que le convirtió en el último prodigio del off Broadway allá por 1994, Hedwig And The Angry Inch, la historia de un transexual del Berlín oriental mal operado (la pulgada irritante del título hace referencia al molesto trozo de carne que un matasanos le deja en la entrepierna), que pretende alcanzar a toda costa el estrellato. De momento, se ha llevado el Premio al Mejor Director en Sundance, el Premio a la Mejor Película en el Festival de Deauville y el Premio al Mejor Actor en Gijón, pero Mitchell quiere dejar atrás esta «ópera rock neo-glam post-punk» que le ha obsesionado durante siete años. Lo próximo: un filme sexualmente muy explícito y una pro ducción para niños, a medio camino entre Fanny y Alexander y Willy Wonka y la fábrica de chocolate.

JH: ¿Está basado el personaje de Hedwig en alguna persona en particular?

JCM: No tiene nada que ver con mi vida, si te refieres a eso, pero es autobiográfico en lo que concierne a las emociones. Me he inspirado en una mujer que conocí de niño, una alemana casada con un militar que vivía en Kansas. Mi amigo Brendan y yo solíamos ir a su caravana para charlar y tomar cerveza, sin saber que era prostituta. También fue importante el tiempo que, en mi niñez, pasé en Berlín, donde mi padre, militar de profesión, fue destinado. De ahí surgió el tema de la dualidad: una ciudad dividida y una persona dividida. De los clubes de reinonas salió la ambivalencia sexual. Otro factor relevante proviene de mis lecturas del Evangelio gnóstico, donde Eva brinda sabiduría en lugar de ser agente del mal, y de Platón, de su visión del amor, del ser que debe encontrar su otra mitad. Todos estos elementos se combinan en esta estrella de rock que se ha hecho un cambio de sexo. En cuanto al papel de la música, Hedwig representa a la perfección la idea de que el rock puede ser la salvación de cualquiera.

JH: El musical fue muy bien acogido en teatro. ¿Cómo crees que lo recibirá el público de cine?

JCM: No lo sé. La verdad es que el mundo está hoy más preparado para esta obra que hace siete años.

JH: Lo cierto es que te favorece el resurgimiento del musical. Y hasta a las amas de casa les encantan las drags…

JCM: Sí, es curioso que, de repente, estas reinonas hayan pasado a formar parte del mainstream. Es increíble. Corren tiempos propicios para las drag queens convencionales. Cualquiera puede serlo. Y a mí me gusta esta confusión.

JH: ¿Cómo te enfrentaste al paso del teatro a la pantalla?

JCM: La película ofrecía más oportunidades y eso era algo que, en un principio, daba miedo. Al final ha, es sólo una función más, si bien se trata de la actuación más imponente, loca y salvaje que jamás ha ofrecido Hedwig.

JH: Al principio no te atrevías a figurar como director y, además, interpretar al personaje principal… 

JCM: Sí, pensé en Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich) como director y Ally Sheedy (El club de los cinco, de John Hughes) hizo la prueba para el papel de Hedwig, pero al final me quedé con los dos.

JH: Por suerte, te salió bien la jugada… 

JCM: En realidad, no sé muy bien lo que está sucediendo con este filme. Algunos críticos hasta lo han comparado en cuestión de influencia con The Rocky Horror Picture Show, aunque, como mucho, sea un primo descerebrado y muy lejano de Hedwig y sin ningún matiz político. Cuestión de lecturas

Fuente: http://www.elmundo.es/laluna/2001/152/1007559852.html

Enlaces:
http://www.contrapicado.net/critica.php?id=183
Ver trailer:
http://www.golem.es/shortbus

Selección y propuesta de enlace a Núcleo Versiones ¿seXualidad?: Vanesa Guerra
Selección: Gabriela Elena – Vanesa Guerra