Por Juan Pablo Capdevielle

Madre, si te alejas me angustio, 
si estás tan cerca… me ahogo”.

 

Suelo escuchar a ciertos pacientes hacer referencia a sus estados de asma, a su relación con el asma, y lo que en general dicen es que “les falta el aire” cuando refieren al episodio de asma; dicen también: ”soy asmático”, “mi asma”, me agarra”, “me ahogo”, “soy un bronco espasmo” cuando relatan en las primeras entrevistas que padecen de asma. No se llaman por el nombre que figura en sus documentos, se llaman por la enfermedad.

Cuando los psicoanalistas nos congregamos a trabajar en equipo, de manera interdisciplinaria con los médicos especialistas en la materia, podemos descifrar una diferencia sustancial entre los dichos de quien padece de asma y lo que los médicos expertos aclaran: “no se trata de una falta de aire, sino de un exceso de aire que no ha logrado exhalarse”.

Podemos a esta altura comenzar a preguntarnos entonces por el sin sentido que se nos presenta, hay una distancia que encontramos entre los dichos de nuestros pacientes y los hechos tal como nos los describe el especialista médico, el paciente dice que le falta el aire cuando está con asma, el médico dice que en realidad le sobra aire que no puede exhalar. Debemos tener en cuenta que este análisis de comienzo, es de competencia exclusiva de quienes tenemos la tarea de escuchar, no es una pregunta que el paciente se realice comúnmente; es la hipótesis de un trabajo de construcción para pensar en la dirección de la cura (en el terreno del psicoanálisis hablando). Como toda pregunta invita a pensar, este pensamiento permite abrir, y justamente este verbo, “abrir”, es el que no funciona en el caso del asma. Abrir, quiere decir descubrir o hacer patente lo que está cerrado u oculto, quiere decir separar, dejar en descubierto una cosa haciendo que aquellas que la ocultan se aparten o separen las unas de las otras, apartarse, hacerse a un lado; entre otras acepciones… (1).

En el caso del asma, hay algo que está cerrado. Escuchaba en el consultorio a la mamá de un niño relatar en la primera entrevista que cuando a su hijo “se le cierra el pecho” ella se desespera… un paciente decía al referirse a sus ataques de asma “se me cierran los bronquios”, “se me cierran los pulmones”… en otra oportunidad se comprobaba en el hospital algo en relación a esto encubierto , oculto, pegado… mientras un niño con asma comenzaba a “desahogarse” en su entrevista con el analista, se pudo verificar que su mamá escuchó la entrevista a su hijo detrás de la puerta del consultorio “sin poder separarse”, era asombroso como con toda “naturalidad” delante del plantel de profesionales, empleados y alumnos que circulaban por la sala de espera del servicio, del resto de los pacientes que esperaban a ser atendidos, quedaba en evidencia su ilícito acto; solo dejó de apoyar su oreja cuando abrí la puerta del consultorio. Vale la pena mencionar lo asombroso que fue experimentar como ese niño (por eso se hablaba de “desahogo”), que había entrado notoriamente afectado por una crisis a la consulta, en la medida que pudo comenzar a hablar, aperturamediante, pues él entraba al consultorio solo, y la mamá lo esperaba afuera, sus sibilancias y entrecortes fueron desapareciendo. Con el correr de las entrevistas este paciente pudo prácticamente “confesar” que su madre lo golpeaba, que le obligaba a lavar la ropa y a subir las escaleras hacia la terraza con baldes llenos de la ropa por él mismo lavada para luego tenderla. Cabe aclarar para este caso, la ropa no era solo del niño, sino de la madre también… Otros casos frecuentes, que demuestran este “cerrado” que se está postulando para el caso del paciente con asma, son los ocurridos en la primer entrevista conjunta entre la madre y el niño: el psicoanalista le hace preguntas al niño, y la madre responde por él, habla por él… en algunos casos el niño se sobrepone y responde a la vez que su mamá, o en otros, pasivamente respeta el lugar a la palabra, que parece tener única dueña: la madre. Son madres amorosas, que a veces con su amor hacen “estragos”…

Los citados, como tantos otros, son casos en los que está presente el asma, y concomitantemente la sensación de desamparo, padecimiento, resignación y sufrimiento. No son estos ejemplos modos de lo que para el psicoanálisis denominamos angustia.

Escucharán otros pacientes que puedan decir ante una situación particular: “que se les hizo un nudo la garganta” pretendiendo expresar que sintieron ganas de llorar, ó que están “partidos al medio” cuando una situación los sensibiliza; están haciendo referencia en estos casos a la angustia que se ubica en una zona del cuerpo, es decir a la subjetivación de una situación en particular, en la que el sujeto está presente poseyendo un cuerpo, un cuerpo bañado y mortificado por el lenguaje, ubicándose en él, como dije anteriormente a la angustia. Entonces, estos ejemplos muestran a diferencia de las citas anteriores, que el cuerpo no es el que responde, sino las palabras, la angustia se aloja y el cuerpo no se manifiesta. El punto de angustia, es cuando el sujeto tiene relación con su falta. En estos niños, niños con asma, esa falta que es constitutiva, en general aparece “cubierta”, y a veces por al amor materno. Son niños, muy abrigados, niños que tienen dificultada la respuesta porque su mamá responde por él, o son niños golpeados (es el caso en que más se ratifica la falta de distancia entre un cuerpo y otro, el del golpeador y el golpeado). Hay muchos ejemplos más, que en otra oportunidad haré lugar para continuar citando, pero hasta aquí lo más relevante sería mencionar que esta posición materna respecto de su niño, la llamamos Demanda. Toda demanda siempre es de amor. Una madre, ¿qué demanda?… Demanda ser demandada. Entonces pensamos que es la demanda materna, la que en estos casos obtura la falta en el niño, produciéndose en vez de angustia, la sensación de la falta de aire, que como adelantáramos al comienzo, solo es una sensación, pues de lo que se trata, es de un exceso.

Ahora bien, ¿De qué se trata cuando no hay palabras para escuchar, sino sibilancias? ¿Ante qué terreno nos encontramos cuando los dichos encuentran su contrapunto en lo real del cuerpo? ¿De qué cuerpo se habla cuando aparece un cuerpo afectado, mordido, agujereado, lacerado? Puesto que cuando dicen “se me cerró el pecho”, ese decir no representa metafóricamente un estado de ánimo, sino que hace referencia a un cuerpo afectado, a un recorte de cuerpo que está enfermo, que pretende “hablar por sí mismo” (los cuerpos no hablan), y que le ofrece al sujeto una manera fallida de representación: “soy asmático… mi hijo es asmático…”

Pensando en los anteriores interrogantes, se hace necesario entonces preguntarse al respecto de un concepto fundamental: El cuerpo.

¿Qué es un cuerpo?

Diferencio primero al cuerpo orgánico, un cuerpo ó un sector del cuerpo que no alcanzó a ser recorrido por el significante, es el soma.

Luego, para el psicoanálisis el cuerpo es otra cosa, nace del encuentro con el lenguaje; cuando el ser humano se introduce en el campo del significante, se produce una desnaturalización del organismo, y el cuerpo pasa a ser un cuerpo pulsional. Es la acción del significante la que produce esta transformación, de cuerpo biológico en cuerpo pulsional, quedando siempre un resto que no pasa por el significante. La pulsión, recorta las zonas erógenas del cuerpo que coinciden con los agujeros y zonas de borde, es decir, los lugares por donde algo se perdió, de manera tal que se instala en el sujeto la posibilidad de fantasear una pérdida. Esto es lo que comúnmente se llama sexualización del cuerpo, un cuerpo erótico sexual obtenido como resultado del trabajo del lenguaje.

Entonces, para el caso que hablemos del cuerpo que dio entrada al lenguaje, a partir de una operación de exilio del Otro materno, pensamos en un sujeto que puede angustiarse, referirse con palabras al cuerpo, sin quedar afectado. Cuando hablemos de ciertas presentaciones en el cuerpo, como es el asma, de angustia no podremos hablar.

La angustia produce sueños por ejemplo, son la vía regia al inconsciente, por lo tanto pueden ser interpretados, porque son formaciones del inconsciente. Para el caso del asma, no podremos nada interpretar, porque el asma, no es un síntoma en el sentido psicoanalítico, no es una formación del inconsciente; es un fenómeno, que no encuentra asidero en lo representacional, del que el sujeto nada tiene para decir, a él “solo le pasa”, y es por eso que resulta tan difícil que crea en el tratamiento con el analista, él no tiene nada que decir sobre el asma, solo le pasa, no puede implicarse.

Avancemos un poco más en relación a pensar la angustia, y nuestro trabajo como analistas, nuestras posibles formas de intervención, para los casos en que la angustia no está presente. En relación a la angustia, al abrir, a lo que se presenta cerrado, en la necesidad de separar… “El niño se complace en renovar el juego de presencia- ausencia. La posibilidad de la ausencia es eso, la seguridad de la presencia. Lo más asfixiante que hay para el niño se produce precisamente cuando la relación sobre la cual él se instituye, la de la falta que produce el deseo, es perturbada, y está perturbada al máximo cuando no hay posibilidad de falta, cuando tiene a la madre siempre encima… modelo de la demanda, de la demanda que no puede desfallecer” (2).

La angustia aparece en la separación, operación fundante del sujeto, operación necesaria para acceder la cría humana, el bebé, a la palabra. Hay dos operaciones lógicas en los tiempos de la constitución subjetiva en relación al lugar del Otro materno: Alienación y Separación. Si estas operaciones funcionan, nos podremos encontrar con un sujeto deseante. Gracias a la separación de su bebé la mamá podrá retornar a su cotidiana vida, la madre muestra entonces ella su propia falta, su deseo, y el niño podrá hacerse su propia pregunta en relación al Otro materno, “¿qué me quiere?”, pregunta que representa el origen del deseo en el niño.

Cuando pensamos en asma, decía que no se pensaba en un síntoma en el sentido del psicoanálisis, entonces, ¿en qué pensamos? En lo que damos en llamar Fenómeno Psicosomático. Decimos que en estos fenómenos, la característica por excelencia, es el pegoteo, para los psicoanalistas, el pegoteo entre significantes, la holofrase; para que se entienda un poco más, aparece algo del orden de lo petrificado, algo así como un monolito, no dialectizable sino a otro como cuerpo, no mediatizando lo simbólico. Insisto, el fenómeno psicosomático, no constituye hechos de discurso, ni historia permeable a la acción de la palabra, por lo tanto no da lugar a ser interpretado psicoanalíticamente.

El pegoteo es lo cerrado, lo encubierto, lo que asfixia.

Nuestro trabajo como psicoanalistas, será el intento de producir la separación que no está en funcionamiento, para el caso de los niños, en general respecto de su madre. Nuestro trabajo será creativo, se tratará de ingeniárnoslas para que ese niño pueda dejar de ceder ante la Demanda de su madre, y acceder a su propio aire, acceder a su deseo. Nuestro trabajo será provocar el abrir aquello que está pegoteado, facilitando la palabra sin comprometer al cuerpo….

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Notas:

(1) Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. Vigésima primera edición.
(2) Lacan, Jacques, Seminario X, clase IV.

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Trabajo presentado en el “X Congreso AAIBA del Bicentenario”, Taller de Pediatría, ‘El Pediatra frente a las afecciones alérgicas y el asma’, Mesa: “Enfoques y abordajes psicológicos en las afecciones alérgicas y el asma”. Coordinadora: Dra. Nora Koszer.