Por Juan Pablo Capdevielle

Por qué pensar en un dispositivo del paco?
Se puede pensar en apostar a incluir el uso de este tóxico en un dispositivo enmarcado en el psicoanálisis?
De qué se trata un dispositivo?
Hipotetizamos en psicoanálisis que algo vinculado al arte, podría pensárselo como escritura, escritura de la lengua, una lengua que a partir de la sutura de la fragilidad del registro imaginario en algunas personas, podría colaborar en la constitución de un cuerpo. Algo del orden del artificio puede remediar a un imaginario que no cosió de modo adecuado, dejando de un modo apilado, (sin enlazar) los registros real y simbólico entre sí. Un análisis, un trabajo en un psicoanálisis, podría estar al servicio de agujerear el paño de una lengua que no abrazó de forma propiciatoria en tiempos instituyentes al infans. De todos modos esa lengua debió instalarse, o habrá que buscar el modo de instalarla, soportando para cada caso las posibilidades y consecuencias.
Para este encuentro, y la cosa que nos convoca a participar con nuestro trabajo, intervenciones y en algunos casos posibles, interpretaciones, el consumo de paco lo abro a discusión para pensar en su función. La función que ocupa para cada quien, como el soporte de enlace que presta para muchos, como el de un andamiaje de sostén de una precaria estructura, y a la vez como dispositivo de separación ó marginación de una sociedad que “produce”. Vía la oferta del consumo, el paco presta la posibilidad de participar de un conjunto: “los consumidores de paco” ofreciendo un modo de pertenencia por un lado y por otro un recorte pulsional acéfalo, que aporta una particular erótica en la marca mortífera de su imborrable huella en el organismo del consumidor. Para aquel que queda alojado en ese conjunto, podría pensarse en algo del orden de una carencia de una sanción validación del Otro en los tiempos de institución subjetiva. 
Al lugar de la falla ó al lugar de la carencia, como dispositivo, el paco… como suplente de ese artificio, como artificio fallido, ó como artificio mortal para soportar una fragmentación de un cuerpo que no alcanzó a la unificación que viene vía el don que Otro con su mirada presta en los tiempos del estadío del espejo…
Paco en el lugar del vacío existencial, paco en el lugar del vacío estructural, dos funciones diferentes de pensar la función del mismo objeto mortífero tóxico según cada posición subjetiva, según cada modo de anudamiento singular de los registros R.S.I.. Un objeto sustituto, de ese vacío, que podría transformárselo por medio de un dispositivo enmarcado en el psicoanálisis, en un artificio. Por medio del análisis de la economía de los goces de alguien, que se pueda transformar mediante un artificio en otra cosa, que convoque a Otro goce, fuera de cuerpo, que no mate, tanto…

Investigando sobre dispositivo, como aquello que dispone, pensaba en “espacio”, y me es inevitable, citar a algunos filósofos, a Heidegger en primer lugar, para servirme de su obra, y trabajar en la intención de hacer espacio, en eso que queda obturado por el tóxico. Nuestra tarea es abrir, intentar abrir aquello que está cerrado, obturado. Esto para el caso de aquellas personas en las que el nombre del padre como función ha sido efectiva, y que pienso para esos casos en un desvalimiento de sanción del Otro, como decía en párrafos anteriores, que produce en la vida de alguien cierta posición melancólica, no psicótica, encubierta, defendida en términos Freudianos, no por una formación del inconsciente, sino por el paco. (Para otros casos en los que el tóxico sustituye el enlace de un frágil andamiaje, pensaría en cómo encontrar un artificio suplente menos mortífero).
Martín Heidegger en “El arte y el espacio”, se pregunta por el espacio y dice que se trata de talar y liberar lo selvático, que se trata de la liberación de sitios: “… la liberación de sitios donde los destinos del hombre existente se proyectan con el bien de una nación, ó en la desdicha del exilio, o frente a la indiferencia de ambos. Espaciar es dar curso a los sitios en los que un Dios aparece, sitio donde los dioses han huido, sitios en donde se retarda la aparición de la divinidad. El espaciar origina el situar que prepara a su vez el habitar del hombre… los espacios profanos son siempre la privación de antiguos espacios sagrados… ¿cómo acontece el espaciar? ¿No es acaso un situar en relación, considerado en su doble modo del conceder y disponer?… La plástica sería la corporeización de sitios, que en la apertura de un paraje que lo encierra, condiciona una liberación en su encuentro, permitiendo la presencia de las cosas en ese instante, y el habitar del hombre en medio de las cosas…” de sitios.
Hablaba de economía de goce y de dispositivo: La palabra economía, proviene del griego, oikonomia, y define a la administración de una casa ó del estado. Originalmente, la palabra oikonomia designaba lo que hoy se designa como economía, ecología y oecumene, interdependencia mutua.
Es un término teológico inseparable de las enseñanzas cristianas, que sirve al propósito de Dios para el bienestar de toda la familia, reuniendo todas las cosas, y es un término que se usa para expresar la generosidad de Dios en el mundo.

El origen etimológico del vocablo economía: “El núcleo central de la ciencia económica, su campo de acción y su definición, proviene de la propia etimología de la palabra economía, del griego, oikonomia. Esta voz se deriva de los vocablos oikos, que significa casa, con todo lo que implica: mujer, mujer, hijos, esclavos, etc.; y nomos, ley, literalmente, “orden ó ley en la casa”, o sea una buena administración doméstica.
De igual forma, influyó el verbo nemein, que significa arreglar, manejar ó administrar, con estos términos quedó integrada la palabra oikonomos para designar al administrador de la casa, de donde pasó al español como “ecónomo”.
Aristóteles usó el término economía para designar la ciencia de las leyes, de la administración doméstica, es decir su economía o los gastos e ingresos de una casa.”
Giorgio Agamben, se pregunta: ¿Qué es un dispositivo? 
“Dispositivo” lo define como un término técnico y decisivo del pensamiento de Foucault para hablar de “gubernamentalidad”, concepto en el que se incluyen discursos, instituciones, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, lo dicho y lo no dicho. Estos entre otros serían para Foucault elementos del dispositivo según comenta Agamben, y que la red que se establece entre esos elementos, es el mismo dispositivo que se inscribe en una relación de poder.
Dice que en los primeros siglos de la iglesia la palabra oikonomia desempeñaba una importante función para la teología, hablándose de una “economía divina”. Hace alusión a la Trinidad, que en el segundo siglo de la iglesia se empezaba a discutir sobre una Trinidad de figuras divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Relata de manera entretenida como hubo resistencia dentro del fuero eclesiástico por temor a que se reintrodujeran de esta forma politeísmo y paganismo. Así teólogos como Tertuliano, Hipólito y otros que fueron llamados “monarquianos”, por ser partidarios de una unidad, se sirvieron del término oikonomia para dar cuenta que Dios en cuanto a su ser y sustancia es uno, pero en cuanto a su oikonomia ( modo de administrar su casa, su vida y el mundo) es triple. Dios le confiere a Cristo la “economía”, administración y gobierno de la historia de los hombres. Y dice que así oikonomia se transformó en el dispositivo por el que se introduce el dogma trinitario en la fe cristiana.

Dice que gracias a los dispositivos, “el hombre trata de hacer girar en el vacío los comportamientos animales que se han separado de él y de gozar de lo abierto como tal, del ente en cuanto ente. A la raíz de cada dispositivo está, entonces, un deseo de felicidad. Y la captura y la subjetivación de este deseo en una esfera separada constituye la potencia específica del dispositivo.

Está pensando en términos del gobierno que implica la administración y control de comportamientos, movimientos y pensamientos de los hombres en nombre de un orden. También hace mención a una proliferación de dispositivos del orden capitalista y de la proliferación de procesos de subjetivación que le hacen frente. Se pregunta por las estrategias a seguir para enfrentar a la situación que se impone con los dispositivos, pero que no se trata de destruirlos ni tampoco de pensar de manera opuesta para usarlos de un justo modo. Pues el dispositivo tiene su raíz en el mismo proceso de hominización, y no es una simple tarea la de liberar lo que fue capturado y separado por los dispositivos en la historia humana y reingresarlo a un uso común posible.
Trabaja sobre el término “consagrar” que proviene de “sacrare” y que designa a la salida de las cosas del campo de la esfera de lo que es de competencia humana y sobre “profanar” para designar a la restitución al libre uso del hombre de aquello que le fuera sustraído y conferido a lo divino. “Profano” es aquello que habiendo sido sagrado o religioso se lo restituye al uso y propiedad de los hombres según Trebacio ( jurista y abogado es recomendado por su amigo Cicerón al emperador César) y que “puro” es el lugar que al ser desligado del destino que se le había dado para los dioses de los muertos, ya no es más ni sagrado, ni santo, quedando así liberado. Pero, dice Agamben que para acceder al uso de la cosa, solo es posible vía la profanación. Hay una relación entre usar y profanar. Religión, estado, mercado, sustraen cosas, lugares, animales ó personas del uso común y los transfieren a una esfera separada. No hay religión sin separación.

Las religiones, el mercado, un gobierno, el consumo que responde a la demanda capitalista, sustraen cosas, lugares, animales ó personas del uso común y los transfieren a una esfera separada. Esa separación es vía el “sacrificio“ que lo nombra como un dispositivo que transforma por vía de minuciosos rituales aquello que podría llamarse natural ó profano en lo sagrado. Ese pasaje se realiza vía la censura. Pasaje que puede ser de lo profano a lo sagrado y viceversa, y solo posible vía una función separadora. 
Juego y religión estarían relacionados, pues el juego deriva de antiguas ceremonias sagradas, rituales y prácticas adivinatorias que antiguamente pertenecían a la esfera exclusivamente religiosa. La separación entonces puede llevarse a cabo con el uso del rito como así también del juego, que en tanto uso ó reuso, libera a la humanidad de la esfera de eso sagrado pero que no lo abole. Plantea que lo sagrado y el juego están relacionados entre sí porque el juego no solo libera al profanar la multiplicidad de escenarios ( religioso, económico, de derecho como por ejemplo un contrato jurídico, político, etc.), que se desactivan y transforman en juguetes proponiendo una nueva dimensión del uso a la humanidad, como acceso a una nueva felicidad.
Así, cita al capitalismo como nuevo modo religioso que se desarrolla subsidiario al modo parasitario del cristianismo. A diferencia del religioso, el culto capitalista no está al servicio de ninguna redención, sino de lo contrario, una culpabilización y desesperación. Agamben dice que el capitalismo mira hacia la destrucción del mundo, que absolutiza la separación como proceso incesante que divide cada actividad humana de si misma de modo diferente a la censura producida en el pasaje de lo sagrado a lo profano, ó de lo divino a lo humano.
Describe algo así como una religión capitalista que realiza lo que llama “la pura forma de separación” como modo absoluto de profanar: lo actuado, lo vivido, lo producido, incluso el cuerpo humano, la sexualidad, el lenguaje, son divididos de si mismos y desplazados en una esfera separada en la que cada uso, se vuelve imposible. Es la esfera del consumo… cada cosa es exhibida en su separación misma, aquello que se cercena de la condición de uso, es consignado al consumo ó a la exhibición espectacular. Concluye en su conferencia que si la profanación es el trabajo mediante el cual se puede restituir al uso común lo que fuera separado de la esfera de lo sagrado, el capitalismo en su extremo crea un “absolutamente improfanable”.
Tomando servicio de las citas, se puede pensar cómo este dispositivo del paco deja al margen, en respuesta de la demanda de un mercado “improfanable”, a los individuos que se subsumen a la respuesta directa de la oferta, sin posibilidad de abrirse un espacio Otro que propicie oportunidad de una vida a través de lograr un trabajo, un estudio, un acceso al arte, sea cual fuere, a un artificio, que permita o disponga un anudamiento R S I borromeico. La estructura del parlante ser es trinitaria, y es posible que haga lazo vía un cuarto que es un efecto de enlace respecto del otro (con minúscula), que hace al lazo social. Se sostiene la existencia de lo simbólico porque hay ese cuarto.
El paco, como dispositivo del goce del Otro, propicia una separación, pero al modo de la marginalidad. Si bien todo ser que alcance a la palabra y al significante para que lo represente como sujeto para otro significante, debió pasar por la experiencia de separación a posteriori de estar alienado al Otro, experiencia dolorosa y trágica que implica al primer trauma, el de la entrada al lenguaje; el modo que el Otro social ofrece a algunos como modo de separación, en realidad no separa subjetivamente, sino que margina. 
Nuestra pregunta como psicoanalistas es cómo hacer para que al lugar del objeto mortífero, pueda ir otro, un artificio, que en lugar de excluir, escudando a un consumidor en un conjunto extranjero “paquero”, le permita a alguien incluirse socialmente, encontrando, ó encontrándose con aquello de lo humano que el mismo sistema le quitó al no ofrecerle las sanciones desde lo social, para acobijarlo entre otros de modo propiciatorio.
Lacan en el seminario X menciona que “Inhibición, síntoma y angustia” son tres términos heteróclitos entre sí que no están en el mismo nivel, y formula un esquema escalonado para poder entenderlos como una serie colocándolos en diagonal y dejando- para en la primer clase del seminario- blancos a rellenar. Serán destinados a ser completados luego por el acting out y el pasaje al acto respectivamente. 
Para referirnos estrictamente a lo que nos interesa, nos dirigimos a la tercera columna del esquema planteado por Lacan, y tras inhibición e impedimento, como tercer término propone el “embarazo”. Dice Lacan que allí el sujeto S está revestido con la barra “cuando uno ya no sabe que hacer con uno mismo, busca detrás de qué esconderse, se trata de la experiencia de la barra…”
Cuando la liaison (ligazón) de un individuo al tóxico presta en una serie de casos una representación al modo de soporte identificatorio, puede pensarse en la barra. Pero en una barra que no está al servicio de la división produciendo el efecto sujeto dividido a partir de caída del objeto a en tanto una nada, sino una barra que embarra. Lacan presenta en el seminario mencionado el término “embarrras”, (“embarazo”) que en francés quiere decir entre varias interpretaciones: “Obstacle au passage, à la circulation, causé par la rencontre ou l’accumulation de plusierurs objets/ embarras gastrique, troubles gastro- intestinaux / obstacle qui s’oposse à l’action/ etre dans l’embarras…” es decir, obstáculo para el paso, para el movimiento, que está causado por la reunión ó la acumulación de varios objetos / malestar de estómago, trastornos gastrointestinales / obstáculos que se oponen a la acción / avergonzarse. Entonces, asociaciones en el orden de la molestia, estorbo, impedimento, darían cuenta de una dificultad. Una barra que está al servicio de escudar al sujeto, de abrazar a un cuerpo embarazándolo. Me quiero referir así a la función que propone el tóxico en tanto objeto que impide la circulación de los significantes que propicia la posibilidad de efectuar sujeto como efecto de lenguaje. Un tóxico como barra que etiqueta a alguien siendo “eso” para el otro como signo, y no como significante representando a un sujeto para otro significante. 
Nosotros psicoanalistas, en la actualidad podemos pensar que hay un gran porcentaje de individuos escondidos detrás de la experiencia del Paco. Si bien la afanisis o fading, desaparición, son las condiciones para que a partir de ubicar el significante unario advenga la división del sujeto, nos enfrentamos a una clínica que propone un trabajo diferente al de escuchar al sujeto del inconsciente, en la que la escisión “es” en el cuerpo. Va de suyo que las herramientas de un dispositivo de psicoanálisis clásico hacen agua a la hora de pensar una dirección de la cura, sobrentendiendo que las marcas dejan de ser significantes o mejor dicho”eclipsan” en su función significante. Se nos presenta una clínica en la que, a partir de manifestaciones tales como el pasaje al acto, lo que queda desaparecida es la subjetividad – cuando no atenta directamente contra la vida misma – quedando en ciertos casos el sujeto identificado al objeto arrojado de su propia historia, por fuera de “la escena del mundo”.

Una función particular de la barra, cuando no está al servicio de dividir, es la de escudar a manera de reten cubriendo, encintando, envolviendo aquello que pudo ser un efecto de lenguaje. Posiciones que no ponen en juego al sujeto del inconsciente, evitando así la angustia, ofrecen al individuo un ser – sin cuerpo- mortificado por el significante mediante la representación fallida del tóxico. Un cuerpo que aparece, se manifiesta “quemado”, agujereado, no por el baño del lenguaje, sino por efecto del tóxico que consume, rozando la muerte – búsqueda incesante de una salida a cierta inercia – fomentada por un sistema que desaloja del mercado todo aquello que se aleje del común y hegemónico imaginario productivo. Un cuerpo que “gozado de sí” ubica su goce entre registros real e imaginario y se corporiza.
El goce guarda relación con los agujeros del cuerpo, con el inconsciente, con un agujero de lo simbólico, y por donde están los agujeros pasa la pulsión. El goce nos sumerge en conflictos dolorosos porque los objetos con los que gozamos no son nuestros. Un cuerpo está hecho, puede decirse, para gozar de sí mismo, es en sí sustancia gozante. Goce es aquello que no sirve para nada, pero que nos anoticia que estamos vivos, aunque haga daño, aunque sea torturante. Hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y a nivel de ese dolor es que se puede experimentar la vivencia del organismo. Cuando se excede cierta barrera y queda por fuera del decir, cuando ese goce es en el cuerpo mordiéndolo – desencuentro entre pulsión y objeto- parece que el cuerpo no tuviera borde, y el organismo late de manera casi animal quedando fuera del alcance del lenguaje. 
Para el caso de aquel que “se” consume en el paco, entonces, no se trataría en su manera de gozar del goce fálico, no es el goce del síntoma, pues éste es ajeno al cuerpo y es efecto de lo simbólico en lo real. Se trata de un goce en el que lo simbólico queda sin alcanzar, está por fuera de la cadena significante, es promesa del paraíso donde el Otro aparece sin falta, para soportar el costo de la vida misma sin dolor psíquico, pero con la concomitante consecuencia del agujereado en el cuerpo.

Cuerpo anestesiado… humanos sin cuerpo con el organismo a la vista, casos en los que la supresión tóxica del dolor caracteriza de forma contundente una salida para afrontar el dolor de existir, dejando al cuerpo expuesto al aniquilamiento y con la alarma de los signos de auto conservación desconectados. Porque se constata que el consumo de este tóxico, deja abolida a la pulsión de auto conservación y a la libido concomitante. El individuo queda desprovisto de sensaciones de dolor que le permitan proteger su cuerpo, ausente y adueñado por el tóxico. Los pacientes que consumen paco no sienten dolor físico. Si sabemos del cuerpo a través del dolor…¿qué cuerpo en el consumo de paco? Pareciera que el tóxico hace perder el borde del cuerpo. Allí donde diferenciamos un exterior – interior cuando el cuerpo funciona de límite, aquí queda abolida esa frontera subjetiva, impidiendo delimitarse un cuerpo donde identificarse. Parecen individuos arrasados en su subjetividad e incluso sin un cuerpo para sostenerla. 
Se trataría de casos en los que la pertinencia del dolor físico evitaría el dolor de la existencia con lo que ello implica, desprendiéndose la siguiente pregunta: 
¿Cómo trabajar para que este sufrimiento del cuerpo pase a dolor psíquico?
El paco, droga de exterminio, sobra o descarte del Otro, que en tanto residuo consumen los pobres. La práctica del consumo de tóxicos tales como el paco, puede presentarse en cualquier estructura. La escucha psicoanalítica no dependerá del uso del tóxico sino de qué posición subjetiva se encuentre en juego, detrás del paco para así orientar la dirección de la cura. Es por eso que si el tóxico está al servicio, como se describía anteriormente, de cubrir y en definitiva eludir una pregunta que barre al ser, será con mucha cautela la posición de quienes estén a cargo de conducir tratamientos e interrogar o conmover una representación tal como la de “soy paquero”. Es necesario previamente a cuestionar esa representación entonces, ubicar la función o el lugar que tiene el tóxico para ese sujeto. Cualquier tipo de intervención deberá tener en cuenta la estructura subjetiva, siendo toda vez primordial darle jerarquía a la conservación de la vida.

Notas:
1. “El arte y el espacio” Martin Heidegger. Revista eco. Tomo 122, Junio 1970, pp 113-120.
2. Introducción a la Economía. José Ávila y Lugo. Editorial Plaza y Valdés, S.A. de C.V. ISBN: 970-722-256-5
3. Qu’est-ce qu’un dispositif? Editorial Payot ¬ Rivages, París, 2007.
4. Lacan, J. – Seminario 10. La angustia- Ed Paidos , 2008
5. Dictionnaire Petit Robert. Société du nouveau littré. 1972
6. Lacan, J. – Seminario 10. La angustia- Ed Paidos , 2008
7. Según el decir de un consumidor

Bibliografía:
LACAN, J. Seminario IV Editorial Paidos.
LACAN, J. Seminario XI Editorial Paidos.
LACAN, J. Seminario X Editorial Paidos.
LACAN, J. Seminario XXII Inédito.
DOMB, B. “Los goces y el amor” Seminario Inédito.