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NUCLEO BAZAR FREUDIANO

Presentación Bazar Freudiano / Bazar Freudiano I: La gata narcisista / Bazar II: Un curioso antecedente / Bazar III: Freud y la Verdad / Bazar IV: Freud y la sociedad vienesa / Bazar V: Un 'verdadero' comentario acerca de la verdad

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Presentación: Bazar freudiano

Sergio Rocchietti

 

"De todo como en botica", "la Biblia junto al calefón", o "como en la feria americana" son expresiones que se utilizan para dar una imagen de desorden y a la vez, aunque no reparemos en ello, esa imagen habla de un secreto encanto por lo diverso y lo valioso escondido en tales lugares.

El bazar, pronúnciese si es posible en árabe, con una b suave que se prolonga labialmente junto con la a, una zeta silabeante y una ere casi inaudible, es una invención milenaria de Oriente, punto de encuentro que designa en nuestra significación occidental algo así como un mercado, pero toda traducción traiciona y malamente; una palabra no alcanza a hacer surgir ante nosotros lo que en una ciudad de Africa o Asia, sin ir tan lejos de Bolivia o Perú, al entrar en el "bazar", esa parte de la ciudad dedicada a la circulación, oferta, trueque, regateo y compra, la multiplicidad viviente de seres y objetos trae como sensación a nuestro avasallado cuerpo. Esta es la primera impresión, que puede tardar mucho tiempo en irse, la de sentirse excedido por la multiplicación casi infinita, de seres y cosas, y todas en movimiento. Cuando puede llegar la segunda impresión es también cuando ha pasado cierto tiempo, y el bazar, la medina, o el zoco, han adquirido la calidad de recuerdo a los cuales se atesora con cariño y se quiere volver a esos espacios, que una vez hasta pudieron ser hostiles. El tiempo ha cumplido su obra, si se la dejamos hacer, y este retorno es amable.

Cuando ingresamos en la obra de un autor por primera vez podemos llegar a tener la misma impresión que cuando entramos en un bazar. Multiplicados los objetos, desconocidos los aromas, ignorantes de las señales y atrapados en los laberintos angostos de las callejuelas, irremediablemente nos perdemos. Pero como se ha escrito, a veces "el único atajo es perderse", si no nos atrevemos a ingresar ni siquiera tendremos la posibilidad de perdernos. Y, entonces, nuestra pérdida será aún mayor, y no puedo dejar de preguntarme: ¿de dónde provendrá tal temor ante las pérdidas?, ¿tendrá alguna influencia nuestra "querida" cultura occidental, por ejemplo, en relación a lo que se genera en derredor a las "perdidas y ganancias"?. Reparemos en esto, el temor se siente en el cuerpo, luego la pérdida de la cual hablamos al suponer una sensación de vértigo, llamémosla así, al ingresar en un bazar o al entrar en el texto de un autor, ¿no será la manifestación de que eso que podemos llegar a perder es a nosotros mismos, o algo nuestro?.

Cada uno dirá su respuesta y de sus posibilidades de haberse perdido y de perderse, o no. No estamos dispuestos a perdernos en cualquier momento, no estamos en la disposición, siempre, de dejar de ser quienes somos y arriesgarnos a lo desconocido de lo por venir, a veces necesitamos permanecer, es lógico. Hay vértigo y reposo y a menudo el vértigo es rechazado con fervor inusitado, es comprensible. Platón, el filósofo, nos menciona en dos ocasiones la palabra vértigo, en dos de sus diálogos, el "Menón" y el "Teeteto", y siempre la relaciona a la sensación que puede sentir alguien que descubre que hay un espacio inmenso frente a sí y ese espacio es un espacio de un saber posible de ser adquirido, Platón nos hubiera dicho un saber posible de ser recordado por nuestra alma, mas lo interesante para nosotros, es reparar en esa sensación de shock, habla incluso de la descarga que puede darnos el pez torpedo para ejemplificarlo.

Alguna vez alguien me dijo viendo la apretada escritura contenida en un libro de filosofía, que tenía muy pocos puntos aparte y largos párrafos: "está lleno de palabras". Esta es justamente la sensación de vértigo a la cual nos estamos refiriendo, un vértigo que puede aparecer también en lo abigarrado y no sólo en lo despejado, un vértigo que puede aparecer entre la multitud, ante lo que aún no tiene señales, señales reconocibles para nosotros. Bien, pero no estamos aquí.

El nuestro es un amable retorno a la posibilidad de encontrar en el bazar esas "pequeñas cositas", casi delicatessen que nos ofrezcan un sabor diferente y una pequeña perspectiva aún no contemplada en la obra de Sigmund Freud, en la consideración de sus epistolarios, en los testimonios ofrecidos por otros de su vida, o de todo lo que se pueda hacer entrar a este bazar. La puerta esta abierta.

 


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Bazar de Tanger, Marruecos.
Fotos: V. Guerra

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