Amanece arañado
Capítulo dos:
Sucesos que no fueron creados ni recreados
por la Editorial Testimôn
(fragmento)
En la antecocina del restaurante Testimôn
Tal vez alguien se pregunte algo. Siempre es bueno atravesar la vida con alguna pregunta. Pero se ha dicho a publicitarias voces que al Señor Testimôn le interesan las respuestas más que las preguntas.
Denuncio que aún eso es falso. Al Señor Testimôn no le interesa nada. El Señor Testimôn no ha llegado a este mundo para interesarse en algo, es azaroso y casual que su ser corpóreo aterrizara en latitudes sureñas que la irrealidad geográfica llamó Argentina hace ya algunos pocos siglos.
Pero el Señor Testimôn existe y es Nadie. Un conjunto de Nadies anónimos que tejen y destejen la realidad que nos nutre la onírica vigilia. Esto no es una paradoja. Nadie sabe qué pasa.
Un psicoanalista que el Doctor Engatti jamás leyó, ha escrito que la realidad para la histeria es aquel lugar donde cae desmayada.
Uno puede correrse, gentilmente, si una histérica o un histérico cae desmayado a nuestros pies, también puede socorrerlo o dibujar, sin despertarlo, el contorno de la forma que el cuerpo adquirió una vez que dio contra el piso. De todas maneras, aunque veamos o tracemos la pequeña geografía de esa pequeña forma en un enorme planeta, nunca sabremos con exactitud en qué lugar de su misteriosa psiquis se ha caído el ser que resopla alguna pena.
El Señor Testimôn se cae y se levanta y no se da por aludido. Así es como cada mañana, cuando la ficción del día comienza a venderse en los kioscos, o los jóvenes y no tan jóvenes canillitas acercan ese manojo de papeles numerados e intitulados para que cada uno vaya por la vida informado y sin forma para seguir desconociendo quién es y qué hace y para luego chequear en un noticioso si lo que ha leído con avidez por la mañana es lo mismo que ve por la noche entre zapping y zapping y confirma que ¡sí, es lo mismo! entonces, en ese instante el Señor Testimôn se aclara la garganta y recuerda que no debe asustarse, porque todos los medios informativos crean la misma realidad, porque la fabrica funciona en serie y lo hace muy bien.
La fábrica de libros del Señor Testimôn engorda a las gallinas, es maíz de pura calidad.
El procedimiento es sencillo: se captura a una gallina que cacarea con vehemencia en alguna de las páginas principales del manojo de hojas antes enunciado, se la aprieta un poco más que lo habitual, y la gente despierta creyendo que cantó el gallo.
Cuando eso ocurre, el libro sale a la venta y se lo compra del mismo modo que se ha comprado aquel viejo despertador a cuerda.
Nadie Sociedad Anónima es una compañía unánime que maneja la radio la televisión el cable los periódicos los sitios de Internet y los relojes. Por eso como ya ha dicho un buen amigo: -de quien no daré el nombre por si acaso llegara a sufrir algún inconveniente- la globalización es un globo que no se sabe quién lo infla.
Pero esto es lo de menos.
Hoy la ciudad no es una fiesta y por los aires vuelan cientos de globos negros.
Antes y mucho antes de que el Doctor Engatti negociara de manera pueril con Don Testimôn, ocurría que los seres mencionados en su librejo vivían.
Digo, vivían realidades, las propias, las que dejarían de ser propias si fueran publicadas y recreadas por la Editorial Testimôn. Sin embargo, el límite entre la realidad propia y la realidad ajena es imperceptible cuando se camina por la cresta de una montaña. Demás está decir que lo propio y lo ajeno se juegan siempre de un mismo lado. Aquellos que transitaron la cresta de cerro Catedral -en el codiciado sur de la geográfica irrealidad argentina- pueden dar fe y testimonio, con perdón de la grafía, que: los pies no se cortan por caminar sobre el filo, incluso diría que cada pie se apoya en superficies distintas, una que mira al este y otra que da al oeste, donde muere el sol, donde acontece el ocaso. Para los entendidos: una parte del pie hacia el poniente y la otra para el orto. Entonces, las palabras y signos organizan lo humano de alguna forma, pero tampoco es una cuestión absoluta, puesto que con sólo tomar por referencia otra montaña quizá nos encontremos situados al norte o en cualquier otra parte.
El mismo psicoanalista a quien antes me he referido, ha escrito que según la física actual la realidad no es tangible, con lo cual se concluye que lo real no es físico.
Esto significa que la realidad poco y nada tiene que ver con un manojo de papeles numerados e intitulados. Aunque también forme parte de ella.
El Señor Testimôn se ríe de esta frase y grita: La realidad es mía. Pero luego se baja del caballo, pide disculpas y acariciando un zapato confiesa que la realidad es de Nadie S. A.
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