Lituraterre
Jacques Lacan
Necesaria Nota Introductoria [S.R.]: Hubo una época en la cual se decía “dejá que hablen los que saben”. No creo que hoy se sostenga eso como tal. Pero podemos agregar que hay algunos que al dedicarse a la traducción de los textos de J. Lacan adquieren un saber que no es usual. Por eso preferimos reproducir la nota inicial de la Edición crítica –para circulación interna- de la Escuela Freudiana de Buenos Aires del Seminario XVIII: “De un discurso que no sería (del) semblante”, para que su autor -Ricardo E. Rodriguez Ponte- nos ponga al tanto de la situación de lectura en la que nos encontramos cuando nos enfrentamos al texto “Lituraterre”.
Lituraterre. Publicado originalmente en la revista Littérature, n' 3, 1971, número consagrado a "Literatura y psicoanálisis".
“Lituraterre: este título, neologismo formado por el trastrueque de las sílabas de la palabra francesa liltérature ("literatura", y título de la revista donde fue publicado este texto), condensa litura, locución latina que significa "trazo grueso con que se tacha lo escrito", y terre, vocablo francés que significa "tierra", por lo que podría traducirse como Lituratierra, pero he preferido mantener su carácter explícito de retruécano (es así como he vertido el contrepet (*) del primer párrafo) abierto a los juegos de palabras que se leerán en lo que sigue y que no desdeñan entonces la dimensión del chiste. Al no haber podido procurarme la publción original, me he servido de tres textos-fuente sobre los que informo al final, que presentan entre sí ligerísimas variantes. - No es inútil recordar al lector que casi inmediatamente después de redactado este artículo, Lacan lo leyó, parafraseó y comentó para sus aluinnos en el curso de la clase 7 de su Seminario 18, De un discurso que no sería (del) semblante, sesión del 12 de Mayo de 1971…”
(*) El contrepet, así como su sinónimo contrepéterie, es un juego humorístico que consiste en la interversión de las letras o de las sílabas de un conjunto de palabras especialmente escogidas, a fin de obtener así otras cuya reunión tenga igualmente un sentido, de preferencia burlesca o picante.
No hemos elegido la traducción crítica sino otra anterior (la de Ana Ruth Najle) que no reproduce la versión francesa intercalada, como la anteriormente mencionada, para facilitar (si ello es posible) su lectura.
***
Esta palabra se legitima en el ERNOUT ET MEILLET: lino, litura, liturarius (1). Vino a mí, sin embargo, por ese juego de la palabra con el cual sucede que uno se muestre ingenioso: resultando el lapsus burlesco de contraposición de letras en los labios, el trastocamiento en el oído.
Este diccionario (cuando uno acude a él) me trae el auspicio de estar fundado en un punto de partida que yo tomaba (partir aquí es volver a partir) del equívoco en el cual Joyce (James Joyce, digo), se desliza de a letter a a litter, de una letra (2) (traduzco) a una basura.
Recordamos que una "messe‑haine" (3) deseándole el bien, le ofrecía un psicoanálisis, como se haría con una ducha. Y además Jung... En el juego que evocamos no se ganó nada, yendo derecho lo mejor posible a lo que pueda esperarse del psicoanálisis en su fin.
¿Es aún Santo Tomás quien vuelve a él (4) al hacer caso omiso (5) de la letra como lo testimonia toda su obra?
0 bien el psicoanálisis testifica allí su convergencia con lo que nuestra época acusa del desenfreno del lazo antiguo con el cual se contiene la contaminación en la cultura.
Yo había floreado sobre eso como por azar un poco antes de mayo del 68, para no faltar a estas concurrencias que desplazo donde estoy ahora, ese día en Bordeaux (*). Recordaba allí que la civilización, como premisa, es la cloaca.
Es menester decir sin duda, que estaba cansado del cubo de basura al cual he remachado mi suerte. Sabemos que no soy el único, por partición, en confesarlo.
*
Confesarlo o, pronunciado a la antigua, el haber (6) que Beckett balancea al debe que menoscaba nuestro ser, salva el honor de la literatura y me releva del privilegio que creería tener por mi lugar.
La cuestión es saber si aquello que los manuales parecen establecer, o sea que la literatura es acomodación de los restos, es asunto de clasificación en lo escrito de lo que primeramente sería canto, mito hablado, procesión dramática.
El estar colgado del Edipo, no califica en nada al psicoanálisis para coincidir con el texto de Sófocles. La evocación por parte de Freud de un texto de Dostoievski no basta para decir que la crítica de textos, coto reservado hasta aquí para el discurso universitario, haya recibido más aire del psicoanálisis.
Aquí mi enseñanza tiene lugar en un cambio de configuración que hace alarde de un slogan de promoción del escrito pero del cual otros testimonios, por ejemplo que actualmente Rabelais sea finalmente leído, muestran un desplazamiento de los intereses con los cuales concuerdo mejor.
Estoy menos implicado como autor de lo que imaginan, y mis "Escritos" es un título más irónico de lo que se cree, cuando se trata de ponencias, función de Congreso, sea digamos de "cartas abiertas" (7), donde cuestiono un aspecto de mi enseñanza.
En todo caso lejos de comprometerme en ese "frotti‑frotta" (8) literario en el que el psicoanálisis se denota como mal de invención, denuncio allí la tentativa infalible de demostrar la desigualdad de su práctica para motivar el menor juicio literario.
Es sin embargo asombroso que abra ese libro con un artículo que aíslo de su cronología y que se trate allí de un cuento muy particular por no poder entrar en la lista ordenada de las situaciones dramáticas: el de lo que sucede con el correo de una letra (7) misiva, de lo sabido por aquéllos por quienes transcurren sus reexpediciones y en qué términos se apoya que yo pueda considerarla llegada a destino, después que, por los rodeos que ella ha soportado, el cuento y su cuenta se hayan sostenido sin ningún recurso a su contenido. Sólo es más notable, que el efecto que causa en aquéllos que por turno están en posesión de ella, alegando el poder que les confiere para pretenderla, pueda interpretarse, cosa que yo hago, como una feminización.
He aquí la buena reseña de lo que distingue la letra del significante mismo que porta. Lo cual no es hacer metáfora de la epístola. Ya que el cuento consiste en que el mensaje pase escamoteado allí donde la letra hace peripecias sin él.
*
Mi crítica, si cabe el que sea considerada literaria, sólo podría referirse, me pongo a prueba allí, a lo que Poe, por ser escritor, hace por formar tal mensaje en la letra. Es claro que al no decirlo tal cual, no es insuficientemente, sino tanto más rigurosamente como lo confiesa.
No obstante la elisión no podría ser dilucidada por medio de algún rasgo de su psicobiografía: mejor dicho estaría taponada allí. (Así la otra psicoanalista que ha fregado los otros textos de Poe, renuncia aquí a su limpieza –(**)-).
Tampoco mi texto podría resolverse por las mías: el anhelo que yo concebiría, por ejemplo, de ser leído por fin acertadamente. Ya que aún sería menester para ello que se desarrolle lo que entiendo que, la letra porta para llegar siempre a su destino.
Es cierto que, como de costumbre, el psicoanálisis recibe aquí algo de la literatura, si toma de ella una idea menos psicobiográfica de la represión en su incumbencia.
Para mí, si propongo en el psicoanálisis la letra como en suspenso (9) es porque ella muestra allí su fracaso. Y es por esto que lo aclaro: cuando invoco así las luces, es para demostrar dónde ella hace agujero. Lo sabemos desde hace largo tiempo: nada es más importante en óptica, y la más reciente física del fotón se arma en base a esto.
Método por donde el psicoanálisis justifica mejor su intrusión: ya que si la crítica literaria pudiera efectivamente renovarse, sería porque el psicoanálisis estaría allí para que los textos se midiesen con él, estando el enigma de su lado.
Pero aquéllos acerca de los cuales no es hablar mal adelantar que, antes de ejercerla, son ejercidos por ella, al menos por ser tomados como cuerpo, entienden mal mis palabras.
*
Opongo a su intención verdad y saber: es en la primera donde reconocen enseguida su oficio, mientras sobre el banquillo, espero su verdad. Insisto en corregir mi tiro de un saber en fracaso: como se dice rostro en abismo (abyme), no es fracaso del saber. Aprendo entonces que uno se cree dispensado de dar pruebas de algún saber.
¿Sería letra muerta que haya puesto al título de uno de estos trozos que he llamado "Escritos"…, de la letra, la instancia, como razón del inconsciente?
No es suficiente designar en la letra lo que, por deber insistir, no está allí por pleno derecho aunque se enuncie con razón tan poderosa. Decirla mediana o bien extrema, es mostrar la bifidez (10) donde se compromete toda medida, ¿pero no hay nada en lo real que prescinda de esta mediación? Ciertamente, la frontera que separa dos territorios, simboliza que éstos son iguales para quien la atraviesa, que tienen medida común. Es el principio del Umwelt, que refleja el Innenwelt. Esta cargosa biología que se da ya desde el comienzo: sobre todo el hecho de la adaptación; no hablemos de la selección, verdadera ideología que se bendice por ser natural.
La letra no es... mas propiamente litoral, sea figurando que un dominio entero constituye la frontera del otro, por el hecho de, que son extranjeros hasta no ser recíprocos.
Dibuja el borde del agujero en el saber. Si justamente lo que la letra dice "a la letra", por boca del psicoanálisis, no le era menester desconocerlo, ¿cómo podría ésta negar que por colmar este agujero apela a invocar allí el goce?
Queda por saber cómo el inconsciente que yo digo es efecto de lenguaje, por el hecho de que supone su estructura como necesaria y suficiente, comanda esta función de la letra.
Que sea instrumento propio para la estructura del discurso, no la vuelve impropia para designar la palabra tomada para otra, incluso por otra en la frase, para simbolizar pues ciertos efectos de significante, pero no impone que sea primaria en estos efectos (***).
No se impone un examen de esta primariedad, que incluso no debe suponerse, sino de aquello que del lenguaje llama el litoral a lo literal.
Lo que he inscripto con ayuda de letras, acerca de las formaciones del inconsciente para recuperarlas de donde Freud las formula, por ser lo que son, efectos de significante, no autoriza a hacer de la letra un significante, y lo que es más, a afectarla de una primariedad con respecto al significante.
*
Tal discurso confusional sólo pudo surgir de aquél que me importa. Pero me importa en otro que pesco llegado el tiempo del discurso universitario, sea del saber en uso a partir del semblante.
El menor sentimiento acerca de que la experiencia contra la cual me prevengo, sólo puede situarse desde otro discurso, debió cuidar de producirlo, sin confesarlo como mío. Que se me lo ahorre, ¡gracias a Dios!, no impide que al importarme en el sentido que acabo de decir, se me importune.
Si había hallado válidos los modelos que Freud articula en un Proyecto que abre rutas imprecisas, sin embargo no hubiera tomado metáfora de la escritura. Esta no es la impresión, no disgusta por esto al block maravilloso.
Cuando saco partido de la carta a Fliess Nro. 52, es al leer lo que Freud podía enunciar bajo el término que forja como WZ, Wahmehmungszeichen, como lo más cercano al significante, en la época en que Saussure no lo ha reproducido aún (del signans estoico).
Que Freud lo escriba con dos letras no prueba más que en mí, que la letra sea primaria.
Voy a intentar pues indicar el meollo de lo que me parece que produce la letra como consecuencia, y con respecto al lenguaje, precisamente lo que yo digo: que lo habita quien habla.
Tomaré los rasgos de lo que permite dibujar aquello que promueve a mi parecer, por una economía del lenguaje, que literatura vire quizás a lituraterre.
No causaría asombro verme proceder a una demostración literaria ya que es progresar al tiempo en que la cuestión se produce. En lo cual sin embargo puede afirmarse lo que es tal demostración.
Vuelvo de un viaje que esperaba hacer al Japón porque en el primero había experimentado ... el litoral. Que se me entienda a medias palabras lo que recién he repudiado del Umwelt como volviendo imposible el viaje; por un lado entonces, según mi fórmula, asegurando su real, pero prematuramente, solamente por volver imposible la partida, sino por error, a lo más cantar "Partamos".
Haré notar sólo el momento en que adquirí una nueva ruta para tomarla porque no estaba ya como la primera vez prohibido. Confieso sin embargo que no fue en el camino a lo largo del círculo ártico en avión, que se hizo lectura lo que veía de la llanura siberiana.
Mi presente ensayo, en tanto podría titularse acerca de una siberiética (11), no hubiera visto pues la luz si la desconfianza de los soviéticos me hubiera dejado ver las ciudades, inclusive las industrias, las instalaciones militares, que ponen precio a Siberia, pero es sólo condición accidental, aunque menos quizás al nombrarla "occidentelle" (12), al indicar allí el accidente de un amontonamiento del matar (occire).
*
La única decisiva es la condición litoral, y ésta sólo jugaba en el retorno de ser literalmente lo que el lapón por su letra sin duda me había hecho: ese poquito del exceso que es justo lo que es menester para que yo lo resienta, ya que después de todo yo ya había dicho que allí reside eso que afecta eminentemente a su lengua.
Sin duda ese exceso se refiere a lo que el arte vehiculiza de él: yo diría el hecho de lo que la pintura demuestra en su matrimonio con la letra, muy precisamente bajo la forma de la caligrafía.
Cómo decir lo que me fascina en esas cosas que cuelgan, kakémono que se raja, cuelgan en esos lugares en las paredes de todo museo, llevando inscriptos caracteres, chinos de formación, que conozco un poco, pero que por poco que los conozca, me permiten medir lo que se elide de ellos en la cursiva, donde lo singular de la mano aplasta lo universal, sea propiamente lo que les digo que sólo vale por lo significante: no encuentro más allí, mas es porque soy novicio. Por lo demás no es eso lo importante, ya que incluso cuando ese singular apoye una forma más firme y agregue allí la dimensión, la demansión (13), como ya dije, la demansión del papeludun (14), aquélla en la que se evoca lo que instauro del sujeto en el HUN‑EN‑PELUCE (15), en cuanto a que llena la angustia de la a‑cosa (Achose), o sea lo que connoto con la a minúscula hecha, objeto aquí de ser postura de ¿qué apuesta que se gana con la tinta y el pincel?
Esta circunstancia no es nada, tan irrefutablemente se me apareció: de entre las nubes, el resplandor, única huella en aparecer, por operar allí más aún que por indicar su relieve en esta latitud, en lo que hace de Siberia planicie, planicie desolada de otra vegetación más que de reflejos, que empujan a la sombra lo que no los refleja.
El resplandor es coronamiento del primer rasgo y de lo que lo borra. Lo he dicho: es por su conjunción que se hace sujeto, más porque se marcan allí dos tiempos. Es menester pues que se distinga allí la tachadura (16).
Lo que hace tierra del litoral es la tachadura de alguna huella que esté de antemano. Litura pura es lo literal. Producirla, es reproducir esta mitad sin par por la que el sujeto subsiste. Tal es la hazaña de la caligrafía. Intenten hacer esta barra horizontal que se traza de izquierda a derecha para figurar con un rango el uno unario como carácter, demorarán mucho tiempo en hallar el apoyo que la acomete, el suspenso que la mantiene. A decir verdad, no hay esperanzas para un occidenté (17).
Es menester un tren que sólo se atrape al desprenderse de lo que sea que los suprima.
Entre centro y ausencia, entre saber y goce, hay litoral que sólo vira a lo literal para que ese viraje puedan ustedes tomarlo igual en todo momento. Es sólo por eso que pueden ustedes considerarse como agentes que lo sostienen.
Lo que se revela de mi visión del resplandor, en cuanto a que allí domina la tachadura, es que por producirse entre las nubes, se conjuga con su fuente; que es justamente en las nubes (****) donde Aristófanes me llama a encontrar lo que ocurre con el significante: sea el semblante, por excelencia, si es que llueve desde su ruptura, efecto en el que se precipita lo que era allí materia en suspensión.
Esta ruptura que disuelve lo que producía la forma, fenómeno, me teoro, y respecto de la cual he dicho que la ciencia se produce al horadar su aspecto, ¿no es tanto como despedir lo que de esta ruptura produciría
goce en cuanto a que el mundo o también lo inmundo, tenga pulsión para figurar la vida?
Lo que en lo real se presenta como una erosión (ravinement) es lo que se evoca de goce cuando se rompe un semblante.
Es por el mismo efecto que la escritura es en lo real la erosión del significado, lo que ha llovido del semblante en tanto éste constituye el significante. Aquélla no calca a éste sino sus efectos de lengua, lo que es forjado a partir de ésta por quien la habla. Esta sólo se remonta allí para nombrarse, como sucede con esos efectos entre las cosas que denomina la batería significante por haberlas enumerado.
Luego del avión se inclinan a sostenerse en isobaras, aunque fuese para, torcer a un lado con un terraplén, con otras huellas normales a aquéllas donde la pendiente suprema del relieve se señalaba con cursos de agua.
¿Acaso no he visto en Osaka cómo las autorrutas se posan unas sobre otras como planeadores llegados del cielo? Además de que allí la arquitectura más moderna se reúne con la antigua para hacerse ala de un pájaro al caer.
*
¿Cómo se habría evidenciado el camino más corto de un punto a otro sino por la nube que empuja el viento en tanto no cambia de rumbo? Ni la ameba, ni el hombre, ni la rama, ni la mosca, ni la hormiga hubieran dado ejemplo de ello antes que la luz se revelara solidaria de una curvatura universal, aquélla en que la recta sólo se sostiene al inscribir la distancia en los factores efectivos de una dinámica de cascada.
Hay sólo recta de escritura, como sólo hay agrimensura procedente del cielo.
Pero tanto escritura como agrimensura son artefactos que sólo habitan el lenguaje. ¿Cómo podríamos olvidarlo cuando nuestra ciencia sólo es operante por un resplandor de pequeñas letras y de gráficas combinadas?
Ciertamente bajo el puente Mirabeau (*****), como bajo aquél al cual una revista que fue mía tomó como insignia, tomando este puente‑oreja de Horus Apolo; bajo el puente Mirabeau, sí, corre el Sena primitivo, y es una escena tal que puede allí batir al V romano de la hora cinco (cf. El Hombre de los Lobos). Pero también sólo se goza de ello si llueve allí la palabra de la interpretación.
Que el síntoma instituye el orden en que se revela nuestra política, implica por otra parte que todo lo que se articule por este orden sea pasible de interpretación.
Es por lo cual tienen justa razón al poner al psicoanálisis como cabeza de la política. Y esto podría no ser muy fácil para lo que es considerado como política hasta aquí, si el psicoanálisis se hubiera dado por enterado de ello.
Uno se dice sin duda que bastaría quizás con que sacáramos otro partido de la escritura que el de tribuna o tribunal, para que se jugaran allí otras palabras (paroles) que nos hicieran su tributo.
No hay metalenguaje, pero lo escrito que se fabrica con el lenguaje es material quizás a la fuerza para que se cambien allí nuestros propósitos.
¿Es posible constituir tal discurso del litoral que se caracterice por no emitirse desde el semblante? Esta es la cuestión que sólo se propone la literatura llamada de vanguardia, la cual está ella misma hecha de litoral: y entonces no se sustenta en el semblante, pero en tanto sólo prueba la fractura que solamente un discurso con efecto de producción puede producir.
Aquello que parece pretender una literatura en su ambición de lituraterrir, es ordenarse por un movimiento que llama científico.
*
Es de hecho que la escritura ha producido un efecto maravilloso y que todo señala que esta maravilla no está cerca de agotarse.
Entretanto la ciencia física se encuentra, se va a encontrar conducida a la consideración del síntoma en los hechos, por la polución de lo que llamamos, sin más crítica del Umwelt, el medio ambiente terrestre: es la idea de Uxküll behaviorizado, es decir cretinizado.
Para lituraterrir yo mismo, hago notar que no he hecho ninguna metáfora en la erosión que lo pone en imagen. La escritura es esta erosión misma, y cuando hablo de goce, invoco legítimamente lo que acumulo como auditorio: no menos por eso aquéllas de las que me privo, ya que eso me ocupa.
Quisiera dar testimonio de lo que se produce por un hecho ya señalado: a saber el de una lengua, el japonés, en tanto la escritura la trabaja.
Lo importante de que en la lengua japonesa esté incluido un efecto de escritura, es que éste permanezca adherido a la escritura y que lo que es portador del efecto de escritura sea una escritura especializada en el hecho de que en japonés pueda leerse con dos pronunciaciones diferentes: en on‑yomi su pronunciación en carácter, el carácter se pronuncia como tal diferentemente, en kun‑yomi la forma en que se dice en japonés lo que éste quiere decir.
Sería cómico ver designar allí, pretextando que el carácter es letra, los restos del significante corriendo en los ríos del significado. “... Es la letra como tal quien presta apoyo al significante según su ley de metáfora...” Porotra parte la toma del discurso en el filete del semblante.
Sin embargo ésta es promovida desde allí como referente, tan esencial como toda cosa, y esto cambia el estatuto del sujeto. Que se apoye sobre un cielo constelado, y no sólo sobre el rasgo unario para su identificación fundamental, explica que sólo pueda apoyarse sobre el Tú, es decir, bajo todas las formas gramaticales cuyo mínimo enunciado se modifica por las relaciones de cortesía que éste implica en su significado.
*
La verdad refuerza la estructura de ficción que denoto allí por el hecho de que esta ficción esté sometida a las leyes de la cortesía.
Singularmente esto parece tener como resultado que no haya que proteger allí nada reprimido, ya que lo reprimido mismo acierta a alojarse en la referencia a la letra.
En otros términos, el sujeto está dividido como en todas partes por el lenguaje, pero uno de sus registros puede satisfacerse con la referencia a la escritura y el otro de la palabra.
Sin duda es lo que ha dado a Roland Barthes ese sentimiento embriagado de que con todas sus maneras el sujeto japonés no recubre nada. Este titula su ensayo "El imperio de los signos" (L’empire des signes), queriendo decir: imperio de los semblantes.
Me han dicho que el japonés la encuentra mala, ya que nada más diferente del vacío cavado por la escritura que el semblante. El primero es pliegue siempre puesto a acoger el goce, o al menos a invocarlo por medio de su artificio.
Según nuestras costumbres, nada comunica menos de sí que un sujeto, tal que al fin de cuentas no oculta nada. Sólo hay que manipularlos: ustedes son sólo un elemento entre otros del ceremonial en que el sujeto se compone justamente por poder descomponerse. El bunraku, teatro de marionetas, deja ver la estructura absolutamente corriente de esto para aquéllos a quienes ésta dicta sus costumbres mismas.
Del mismo modo, como en el bunraku, todo lo que se dice podría ser leído por un recitador. Es lo que ha debido consolar a Barthes. Japón es el lugar donde es de lo más natural sostenerse como un o una intérprete, justamente porque no necesita interpretación.
Es la perpetua traducción hecha lenguaje.
Lo que me gusta, es que la única comunicación que haya tenido allí (fuera de los europeos con los cuales sé manejar nuestro malentendido cultural), es también la única que allí como en cualquier lado puede ser comunicación, por no ser diálogo: a saber, la comunicación científica.
Ella empujó a un eminente biólogo a demostrarme sus trabajos, naturalmente en el pizarrón. El hecho de que por falta de información, no comprendí nada, no impide que sea válido lo que quedó escrito allá. Válido para las moléculas de las cuales mis descendientes se harán sujetos, sin que yo jamás haya sabido cómo les transmitía lo que volvía verosímil que los clasificara conmigo, por lógica pura entre los seres vivientes.
Me parece que sólo puede ocurrir una ascesis de la escritura al ir a dar con un "está escrito" por el cual se instauraría la relación sexual. (“Une ascèse de l’écriture ne me semble pouvoir passer qu’à rejoindre un « c’est écrit » dont s’instaurerait le rapport sexuel”).
*
Notas:
1) "Diccionario etimológico de la lengua latina". Lino: levi (o l¡vi) litum: ungir, frotar, ensuciar, embadurnar, recubrir (lo escrito), borrar. 'Litura'.corrección, enmienda, borrón, tachadura.
2) En francés, carta (lettre) y letra (lettre) son homónimos.
3) Deslizamiento significante por homofonía entre "rnesse‑haine" (misaodio) y Mècéne (mecenas).
4) ¿Es Santo Tomás aún que vuelve a Joyce. (Cf. Seminario 18, mayo 71).
5) 'faire litière', (expresión idiomática traducida como 'hacer caso omiso'): contiene a 'litière', que, del mismo modo que ‘litter' (palabra inglesa), significa litera.
(*)Conferencia en Burdeos: Mi enseñanza, su naturaleza y sus fines. En “Mi enseñanza”, J. Lacan, págs. 78-115, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 2007.
"… es preciso reconocer que cada vez hay más ideas desprovistas de aristas. Todo se prolonga en todo, lo cual termina por causar a todo el mundo y a cada uno una especie de asco. Hace poco, en el almuerzo, en el pequeño círculo de quienes me han recibido tan amablemente, se hablaba de lo que se llama la TV, y de que esta les permitirá llegar a cada momento a la escena del mundo para mantenerse al tanto de todo lo cultural. Ya nada se les escapará de lo que es cultural.
Me gustaría en este sentido llamarles la atención sobre una diferencia mayor, que quizá no se ha destacado bastante, entre el hombre y los animales. Vale la pena señalarla porque justamente se la olvida. Hablo de una diferencia en el contexto de la naturaleza, porque no quiero en absoluto hacer culturalismo.
A diferencia de lo que ocurre en todos los niveles del reino animal - la cosa comienza en el elefante y el hipopótamo y termina en la medusa -, el hombre se caracteriza en la naturaleza por el extraordinario embarazo que le produce - ¿cómo llamarlo, Dios mío, de la manera, más simple? - la evacuación de la mierda.
El hombre es el único animal al que esto le plantea un problema, pero que resulta prodigioso. Ustedes no se dan cuenta porque tienen aparatitos que la evacuan. No imaginan adónde va a continuación. A través de cañerías, todo se junta en sitios enormes que ni sospechan, donde se acumula, y después hay fábricas que la recogen, la transforman y hacen con ella todo tipo de cosas que vuelven a la circulación por medio de la industria humana, que es una industria muy cerrada. Resulta sorprendente que no haya, hasta donde yo sé, cursos de economía política que le dediquen al tema una o dos lecciones. Sin duda se trata de un fenómeno de represión que, como todos los fenómenos de represión, se liga a las necesidades de las buenas costumbres. Solo que no se entiende bien cuáles…
6) Juego significante que aprovecha la homofonía entre 'L'avouer' y 'L'avoir', respectivamente: 'confesar'
y 'haber'.
7) Ver nota 2; ref. “La carta robada”, Edgar Alan Poe.
8) Expresión intraducible que surge del verbo "frotter": frotar, lustrar, sacar brillo. Sería semejante al porteño "franeleo".
(**)Se trata de la psicoanalista francesa Marie Bonaparte que escribió un texto sobre el cuento de E. A. Poe, “El escarabajo de oro”.
9) Lacan emplea la expresión francesa "Lettre en souffrance": carta detenida, de uso corriente debido al funcionamiento del sistema de correos. Optamos en este caso por la traducción literal.
10) Sustantivación del adjetivo bífico que significa: hendido, partido, resquebrajado, abierto, rasgado.
(***)Referencia al concepto de arquiescritura y arquihuella de Jacques Derrida. Ver: ‘La gramatología’, ‘Freud y la escena de la escritura’ en ‘La escritura y la diferencia’ del mismo autor. Agregar la clase 5 del Seminario XVII donde Lacan hace alusión a estos temas y el Núcleo Baltimore en esta revista, en el Tema Lacan inédito.
11) "Sibériéthique": neologismo que condensa "Sibérie" (Siberia) y "éthique" (ética).
12) Juego de palabras que combina el verbo "occire" (matar) y "accidentelle" (accidental), originando un neologismo próximo al francés "occidentale": occidental.
13) "... 'demansion', lá où demeure...": 'demansion ', ahí donde reside (cf. Seminario 18, mayo 71).
14) Por homofonía en francés con 'pas‑plus‑d'un' (no más de uno). ". . . de dónde el desarrollo de la función del sujeto. Es de una forma completamente natural que el "pas‑plus‑d'un" se plantea. Sin "pas‑plus‑d'un" no pueden comenzar a escribir la serie de los números enteros". (cf. Seminario 17, marzo 71).
15) Por homofonía en francés con "un en plus" (uno más) (op. cit.).
16) " ... Litura... Lituraterre... rature de ningún rasgo que estuviese antes: es lo que hace tierra del litoral". (cf. Seminario 18, mayo 71). 'Litura' (palabra latina) y ‘rature' (palabra francesa) significan: tachadura.
17) Ver nota 12.
(****) Referencia a la comedia de Aristófanes, ‘Las nubes’.
(*****) Nota de la Edición crítica (R.R.Ponte y D. Estrín): “Bajo el puente Mirabeau corre el Sena…”, verso de G. Apollinaire. J.L. se refiere al dibujo de la portada de su revista ‘La psychanalyse’; este dibujo está reproducido en la edición crítica y en ‘Lacan día por día’, Editorial Pieatierra, Buenos Aires, 2002, pág. 92. La imagen representa un puente de piedra y una gran oreja sostenida en el aire en el medio del puente.
***
Texto extraido de Suplemento de las Notas de la E.F.B.A., publicación de circulación interna de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Nro. 1, págs. 136-144, noviembre 1980, Buenos Aires, Argentina.
Corrección del texto: Cecilia Falco.
Traducción: Ana Ruth Najle.
Selección, nota inicial, notas con asterisco (*) y revisión: S.R.
Con-versiones mayo 2010 |