Sobre la relación de la filosofía schopenhauriana con una cultura alemana
FRIEDRICH NIETZSCHE
Innegable es la influencia de Schopenhauer sobre Nietzsche; un estímulo -ser
antecedido por- que le permite nombrarlo el "único filósofo
del siglo"; él será el otro. Y lo sigue siendo (para
nosotros).
S.R.
"La
relación de la filosofía schopenhauriana con una cultura alemana",
cuya traducción presentamos, forma parte de un conjunto de
cinco textos breves fituiados Cinco prólogos para cinco libros
no escritos, que Nietzsche enviara como regalo a Cósima Wagner,
los primeros días de enero de 1873. Fueron redactados en los
días de Navidad de 1872 y concluídos el 29 de diciembre. Llevaban
como dedicatoria las siguientes palabras: Para la señora Cósima
Wagner, en cordial respeto y como respuesta a preguntas verbales
y epistolares. . .". Los títulos de los cuatro ensayos
restantes son: "Sobre el pathos de la verdad", "Pensamientos
sobre el futuro de nuestros establecimientos de enseñanza",
"El Estado griego" y "La lucha de Homero".
En
"La relación de la filosofía schopenhaueriana... "
y atendiendo a precoces manifestaciones, Nietzsche anticipa
una clarividente crítica a esa peculiar forma de barbarie
que hoy se denomina "cultura de masas". Deja ver
a todas luces -por otra parte- cuál es su posición frente
a lo "alemán", tan tergiversada luego.
Pero aparte
de la indudable vigencia de su contenido y de lo esclarecedora
que resulta su lectura para el conocimiento del verdadero
pensamiento de Nietzsche, lo que nos ha movido a traducir
y publicar este opúsculo es el hecho de que este año se cumple
el 200 aniversario del nacimiento de Schopenhauer. Vaya aquí,
pues, nuestro humilde homenaje a un pensador casi tan importante
como desconocido entre nosotros, hispano parlantes.
Por
lo que sabemos, este pequeño prólogo a un libro no escrito
sólo ha sido traducido al castellano anteriormente por Ovejero
y Maury y publicado en la edición no crítica de las Obras
Completas de Nietzsche de editorial Aguilar hace ya muchos
años. Esa edición es actualmente inhallable y la traducción
mencionada, meritoria en su hora, es hoy poco aceptable.
ROSA ORIHUELA-SILVIO MARESCA
La formación cultural (bildung) en la querida infame
Alemania yace ahora por las calles tan degenerada, gobierna
una envidia tan desvergonzada por todo lo grande y resuena
de un modo ensordecedor el tumulto general de los que corren
en pos de la "dicha", que uno tiene que tener una
fe firme, casi en el sentido de¡ credo quía absurdum est,
para todavía tener esperanza en tina cultura futura y ante
todo poder trabajar para la misma -enseñando públicamente
en oposici6n a la prensa que "opina púbicamente".
Con violencia tienen que liberarse aquellos a quienes oprime
el corazón la preocupación inmortal por el pueblo, de las
impresiones de lo justamente ahora presente y valedero que
se lanza sobre ellos y suscitar la apriencia de que cuentan
lo presente y valedero entre las cosas indiferentes. Tíenen
que pa recer así, porque quieren pensar y porque un aspecto
desagradable y un ruido enmarañado, probablemente mezclado
con toques de clarín de la gloria de la guerra, perturba su
pensamiento, pero ante todo porque quieren creer en lo alemán
y perderían con esta fe su fuerza. ¡No les toméis a mal a
estos creyentes si ellos miran muy desde la distancia y de
arriba hacia la tierra prometida! Ellos se espantan frente
a las experiencias a que se entrega el extranjero benevolente,
si ahora éste vive entre alemanes y tiene que admirarse de
cuán poco corresponde la vida alemana a aquellos grandes individuos,
obras y acciones en los que en su benevolencia ha aprendido
a venerar lo propiamente alemán. Donde el alemán no puede
elevarse a lo grande dá una menos que mediocre impresión.
Incluso la famosa ciencia alemana, en la que un número de
utilísimas, domésticas y familiares virtudes, a saber, fidelidad,
autolimitación, diligencia, modestia, pureza, aparecen trasladadas
a un aire más libre y como glorificadas, no es el resultado
de estas virtudes; observado desde cerca, el motivo que impulsa
en Alemania hacia el conocimiento ¡limitado, se parece mucho
más a una carencia, a un defecto, a un hueco, que a una sobreabundancia
de fuerzas; casi como la continuación de una vida no viviente,
infame e indigente, e incluso como una huída ante la petulancia
y maldad morales, a las cuales el Alemán sin tales desvíos
está sometido y que también estallan a menudo a pesar de la
ciencia y hasta aún en la ciencia misma. Sobre las limitaciones
en vivir, conocer y juzgar son entendidos los alemanes como
verdaderos virtuosos de lo filisteo; si alguien quiere llevarlos
por encima de ellos mismos hacia lo sublime, entonces se hacen
pesados como plomo, y como tales plomadas penden de los verdaderamente
grandes para tirarlos hacia abajo desde el éter, hacia ellos
y su indigente indigencia. Quizá sea este cómodo bienestar
filisteo solo la deformación de una auténtica virtud alemana
-una íntima inmersión en lo singular, pequeño, próximo
y en los misterios del individuo- pero esta virtud enmohecida
es peor que el más evidente lastre; particularmente desde
que con todo contento ahora se ha devenido conciente incluso
de esta propiedad hasta su autoglorificación literaria. Ahora
se dan en público unos a otros calurosamente las manos los
"cultos" (Gebildeten") de
entre los, como es sabido, tan cultivados alemanes y los "filisteos"
de entre los, como es sabido, tan no cultivados Alemanes
y se ponen de acuerdo sobre como en lo sucesivo se debiera
escribir, poetizar, pintar, hacer música, e incluso filosofar
y hasta gobernar, para ni estar lejos de la «formación cultural"
("Bildung") del uno, ni aproximársele demasiado
al "cómodo bienestar" del otro. A esto ahora se
llama "la cultura alemana de los tiempos actuales",
con lo que sólo aún habría que preguntar a qué señas particulares
responde aquel «culto» ("Gebildete"), ahora
que sabemos que su hermano de leche, el filisteo alemán, se
dará conocer a si mismo a todo el mundo como tal, sin vergüenza,
como quien dice, después de haber perdido la inocencia.
El culto (Gebildete) está ahora ante todo
históricamente (historisch) formado (gebildet):
a través de su conciencia histórica se. libera de lo sublime;
lo que el filisteo logra por su "cómodo bienestar".
No más el entusiasmo que suscita la historia (Geschichte)
-como sí pudo creer Goethe- sino justamente el embotamiento
de todo entusiasmo es ahora la meta de estos admiradores del
nil admirari, cuando buscan conceptualizar todo históricamente
(historisch); pero a ellos habría que gritarles:
«¡Vosotros sois los bufones de todos los siglos! ¡La historia
(Geschichte) os hará sólo las confidencias que sean
dignas de vosotros! El mundo ha estado en todos los tiempos
lleno de trivialidades y nimiedades: a vuestra concupiscencia
histórica (historisch) se desvelan meramente éstas y justamente
sólo éstas. Podéis caer de a miles sobre una época, después
pasaréis hambre co mo antes y podréis jactaros de vuestro
estilo de salud hambrienta. Illam ipsam quam iactant sanitalem
no firmitate sed ieiunio consequuntur. Dial.de oralorc.25.
La historia no ha querido deciros todo lo esencial, sino
que invisible y con sorna estuvo junto a vosotros, entregándole
a uno una acción de estado, a aquél un informe diplomático,
a otro una fecha o una etimología o una telaraña pragmática.
¿Creéis realmente poder sumar la historia (Geschichte)
como un ejemplo de adición y tenéis por suficientemente
bueno para eso vuestro entendimiento común y vuestra formación
matemática?. ¡Cómo tiene que fastidiaros oír que otros cuenten
de cosas sacadas de tiempos archiconocidos, cosas que vosotros
nunca jamás comprenderéis!".
Si ahora
entonces a esta formación cultural (Bildung) desprovista
de entusiasmo, que se autodenomina histórica (historisch)
y a la filisteidad hostil y furiosa frente a todo lo grande
se agrega todavía en tercer lugar la brutal e irritada corporación
de aquellos que corren en pos de la "dicha", entonces
esto da in summa un tan confuso griterío y un alboroto tan
dislocante, que el pensador huye con los oídos tapados y los
ojos vendados a la más solitaria región despoblada -hacia
donde pueda ver lo que aquellos nunca verán, donde tenga que
oír lo que desde todas las profundidades de la naturaleza
y de las estrellas suene para él. Aquí conversa con los grandes
problemas que se acercan flotando en el aire hacia él, grandes
problemas cuyas voces sin embargo suenan tan inconfortablemente
temibles como ahistóricamente (unhistorisch) eternas.
El melindroso se retira huyendo ante el frío aliento de ellos,
y el calculador los atraviesa corriendo sin husmearlos. Pero
muchísimo peor le va con los grandes problemas al "culto"
("Gebildeten") el cual se esfuerza seriamente
de cuando en cuando a su manera por ellos. Para él se transforman
estos fantasmas en urdimbres conceptuales y huecas figuras
sonoras. Extendiendo la mano hacia ellos se figura poseer
la filosofía, en pos de ellos se encarama a la así llamada
historia de la filosofía -y si él por fin se buscó,
reunió y apiló una nube entera de tales abstraciones y formalismo-
entonces puede sucederle que un verdadero pensador se le interponga
y le quite los problemas de un soplo. ¡Desesperada inoportunidad
la de ocuparse como «culto» ("Gebildeten") de
la filosofia!. De tiempo en tiempo ciertamente le parece como
si la imposible unión de la fílosofía con lo que ahora se
pavonea como "cultura alemana" fuera posible. Cualquier
criatura híbrida juguetea y coquetea, dando vueltas, entre
ambas esferas. Pero mientras tanto hay que darles un consejo
a los alemanes, si no quieren dejarse enmarañar. Que tengan
a bien de preguntarse con todo aquello que ahora llaman "formación
cultural" (bildung): ¿Es ésta la anhelada
cultura alemana tan sería y creativa, tan redentora para el
espíritu alemán, tan purificante para las virtudes alemanas
que deberia ser profesada por su único filósofo de este siglo,
Arturo Schopenhauer?
¡Aquí tenéis
al filósofo -ahora buscad la cultura que le corresponde! ¡Y
si podéis vislumbrar qué clase de culura tendría que ser la
que a un tal filósofo correspondiese, bien, así habéis juzgado
en este vislumbre sobre toda vuestra formación cultural
y sobre vosotros mismos!
Texto extraído del Nro. 1 de la revista "Origen", La época
del sujeto, julio/diciembre 1988.
Selección: S.R.
Con-versiones, diciembre 2005