Psiquismo, transdisciplina y transdisciplinariedad
María del Rosario Lores Arnaiz
El trabajo que continúa ha sido elegido por
mostrar las líneas históricas y nítidamente definidas que dentro
del campo de "las ciencias" se esfuerzan por lograr
eludir las deficiencias que plantean los estrechos marcos de cada
disciplina ¿o debiéramos decir que son los estrechos marcos y
perspectivas a los que se aferran aquéllos que se dedican a esas
disciplinas? Son esos intentos, lo sabemos, los que dan lugar
a nuevos espacios pero si esos espacios se constituyen también
lograrán fosilizarse; cada instauración traerá la afirmación de
ese pequeño trozo alcanzado y por eso se querrá eliminar cualquier
posibilidad de movimiento, como si el movimiento de continuación
atentara contra lo ya conseguido. Es un error, pero bueno, seamos
condescendientes con los que no quieren ir más allá (de lo obtenido),
las fuerzas de la estabilización dan créditos identitarios (se
puede creer saber quien se es allí y por lo tanto también se obtienen
recompensas). Dicho en las palabras de la autora, la transdisciplina:
"Hace estallar los límites de las disciplinas,
entrelazando avances logrados en campos diferentes, y da por resultado
campos nuevos, conceptos nuevos, leyes nuevas. Una vez nacida,
no hay retroceso. La transdisciplina se vuelve cada vez más monolítica,
cual una simple disciplina, y con el tiempo, quizá esté lista
para una nueva mutación". Dos cuestiones, una no estamos de acuerdo con
lo monolítico, por eso propusimos y proponemos a la transdisciplina
como "acontecimientos transdisciplinarios" y no como
una transdisciplina constituída y esperando mutaciones; justamente
la transdisciplina puede dar cuenta de su no ser disciplina y
por eso no acepta "leyes", esta es nuestra segunda consideración.
La transdisciplina es ir más allá para volver de distinto modo,
con algo sucedido, con algo modificado a las prácticas de cada
disciplina, o si se prefiere a la rutina de cada práctica, pero
con ese acontecimiento que nos brinda la posibilidad de que algo
haya cambiado. Algo. No es poco.
Sergio
Rocchietti
EL CONCEPTO DE TRANSDISCIPLINA
La idea de que las disciplinas científicas se hallan fuertemente conectadas
entre ellas es muy antigua, y surge de la consideración de distintos
aspectos: el método, el lenguaje, los vínculos de fundamentación
entre las mismas. En la antigüedad clásica, Aristóteles,
inspirándose en la geometría, caracterizó al método de las ciencias
y la filosofía como la deducción del mayor número posible
de teoremas, a partir de un conjunto de axiomas. Habló también
de postulados comunes a todas las ciencias. Creó la lógica como
disciplina que estudia las estructuras correctas del razonamiento.
Las restantes ciencias hallaron así un fundamento en la doctrina
de las formas correctas de razonamiento. ¿Eran, pues, transdisciplinas?
En rigor, al definir de ese modo el método de las ciencias,
Aristóteles excluyó la posibilidad de incluir contradicciones
en las teorías, así como conceptos equívocos, puesto que ni unas
ni otros podrían pasar los tests lógicos. La lógica, pues, era
una ciencia supuesta por toda otra ciencia, y el alcance del
concepto ciencia quedaba claramente restringido. Pero que
una disciplina utilice el lenguaje y las herramientas de una disciplina
formal, sea ésta la lógica o la matemática, no implica que la
concepción de su objeto de estudio, de las propiedades sobre las que
investiga, se vea alterada. Matemática y lógica permiten exactificar
afirmaciones y extraer nuevas consecuencias, pero la índole de
las propiedades estudiadas está determinada, en la visión aristotélica,
por los axiomas.
Muchos siglos después, a fines del XIX, lógica y matemática
se fusionaron y nacieron a la vez dos transdisciplinas: la lógica
matemática, también llamada "lógica moderna", y la "matemática
moderna". Cambió la concepción del método axiomático y el objeto
de cada una de estas disciplinas se vio profundamente modificado
por sus mutuas relaciones. La lógica, que se había conservado
muy próxima a los desarrollos aristotélicos, amplió notablemente
su campo, al incluir el estudio de estructuras de razonamiento cuya corrección o incorrección no podía establecerse
silogísticamente, y al introducir la metalógica, o estudio de
las propiedades formales de sistemas lógicos. Los axiomas fueron
sustituidos por funciones proposicionales, esto es, fórmulas que
no son verdaderas ni falsas hasta tanto sus variables sean reemplazadas
por constantes. La selección arbitraria de los mismos suplantó
a la intuición, dejando paso a una multiplicidad de sistemas axiomáticos
diversos. En particular, la geometría se había adelantado a estos
cambios revolucionarios con el desarrollo de los sistemas no euclídeos,
a mediados del siglo XIX.
En el Renacimiento comenzaron a desarrollarse las ciencias
empíricas, de las que la física, con Galileo, alcanzó su
máxima expresión. El método, una vez más, era común a todas y
consistía en la experimentación y la observación. Para el siglo
XVIII, física y química comenzaban a fusionarse con Avogadro,
Berthollet, Lavoisier y otros muchos. Con Kepler primero
y luego, Newton, física y astronomía recorrieron el mismo
camino. Las ciencias de la vida hicieron lo propio mucho más recientemente,
a partir del hallazgo de la estructura helicoidal del ADN establecida
por Watson y Crick, que puso las bases de la biología
molecular. Las del psiquismo son las últimas, habiéndose incorporado
plenamente, en la década del ´80, al campo de las neurociencias.
En todos estos casos, hablamos también del surgimiento
de transdisciplinas. ¿Cómo podemos definirlas?
DISCIPLINA,
INTERDISCIPLINA, TRANSDISCIPLINA
Tendemos a hablar de transdisciplina cuando el objeto
de estudio de una disciplina es redefinido sobre la base de conocimientos
obtenidos por el desarrollo independiente de otra, dando lugar
a un nuevo campo de estudio. Astrofísica, bioquímica, biología
molecular, biopsicología, psicología social, antropología social,
economía social, constituyen ejemplos claros.Tal redefinición
constituye lo que se llama una elucidación.
Es ésta un tipo de definición que intenta captar un núcleo
esencial del significado de un concepto ya conocido, al mismo
tiempo que desecha ambigüedades presentes en el mismo. Ejemplos superlativos son
la elucidación de número elaborada por Bertrand Russell (1919), la de simultaneidad, por Einstein
(1905), la de función psíquica, por Mario Bunge (1981).
Aunque no toda elucidación deriva en la constitución de una transdisciplina
–como es el caso de simultaneidad–, la inversa es válida: en toda
transdisciplina, conceptos centrales de una disciplina
madura son elucidados sobre la base de nuevas teorías y hallazgos.
¿Pero es este rasgo suficiente para definir a una transdisciplina?
Detengamos nuestra reflexión por un instante en las disciplinas
humanísticas. Estas quedaron ligadas por muchos siglos a la filosofía
y en su mayoría, comenzaron a alcanzar un status científico entre
mediados y fines del siglo XIX. Este nacimiento ocurrió bajo el signo de un fuerte enfrentamiento epistemológico,
entre dos grandes corrientes: positivismo y marxismo.
El positivismo, concebido por August Comte (1830-1842),
impulsó la idea fundamental de que las cuestiones humanas eran
también pasibles de ser estudiadas mediante el mismo método empleado
por las ciencias naturales, esto es, observación y experimentación.
El mismo Comte dio creación a la sociología y alentó en escasas
pero rotundas afirmaciones, la constitución de una ciencia empírica
de la mente.
El marxismo inició un estilo que luego se extendería a otras posiciones
filosóficas e ideológicas diversas, exigiendo en principio una
redefinición de ciencia. Carlos Marx se opuso tenazmente
a la extensión del campo de las ciencias empíricas a los asuntos
humanos propuesta por el positivismo, anatematizó los métodos
y la conceptualización características de tales ciencias y postuló
en su lugar, el método dialéctico. Las reglas de éste resultaron
más próximas a afirmaciones filosóficas que a preceptos metodológicos.
Pero sobre todo, el marxismo llevó la discusión ideológica de
la ciencia a un plano principal, en el terreno de las ciencias
humanas. De este modo, el método dialéctico estableció una división
extrema entre las ciencias ya desarrolladas, y las nuevas, que
se reflejó con gran intensidad en el terreno de las ciencias sociales.
Hacia fin de siglo, en paralelo con los desarrollos experimentales
o empíricos de distintas disciplinas humanas como la psicología,
la antropología, la historia o la sociología, un conjunto de enfoques
filosóficos propició otro tipo de concepción de las ciencias aplicables a estos campos, coincidiendo, no obstante,
con el marxismo, en la necesidad de diferenciar netamente su metodología
de la empleada por las ciencias de la naturaleza.
La definición comprensivista de la ciencia (Dilthey, 1883) puso el acento en la distinción
entre ciencias naturales y las que llamó "ciencias del espíritu".
Caracterizó a éstas por su uso de un método opuesto al inductivo
–que creía propio de las ciencias de la naturaleza–: el método
de la comprensión empática. Era éste un recurso a la intuición,
no muy lejano del aristotélico. Rechazó la formulación de leyes
generales y propuso en su lugar un enfoque ideográfico,
basado en el estudio intenso de lo singular. Un nuevo abismo se
había abierto entre unas y otras ciencias.
La concepción fenomenológica de las ciencias debida a Husserl (1883) separó igualmente a éstas,
de las ciencias empíricas. El método fenomenológico descansa en
la llamada reducción, desde cuya perspectiva resulta inapropiada
la aplicación del método experimental al estudio de la problemática
humana o social.
El psicoanálisis freudiano,
aunque declara formalmente su adhesión al método característico
de las ciencias naturales, sustenta sus desarrollos en una metodología
ideográfica, centrada en el método clínico.
El existencialismo también incorporará, más tarde, el rechazo
de la metodología empírica en lo que respecta al campo de las
ciencias humanas.
Muchos de estos enfoques dieron lugar a síntesis. La Escuela de Frankfurt
constituye, a mediados de este siglo, un intento muy definido
de aunar los estudios sociales de inspiración marxista con el
psicoanálisis. Los trabajos de Theodor Adorno, Max Horkheimer,
Erich Fromm, Herbert Marcuse, Jungen Habermas
–por citar tan sólo los miembros más relevantes de la Escuela–
avanzan hacia la formulación de teorías que intentan dar cuenta
de los problemas sociales más urticantes de este siglo, como el
advenimiento del nazismo y el fascismo, los genocidios, la dominación
del pensamiento crítico por el control social, sea éste basado
en el terror o en el consumismo y la tecnocracia. En esas teorías,
el psicoanálisis se aplica a la explicación de mecanismos psicológicos
que parecen subyacer a la aceptación de regímenes exterminadores, así como a la interpretación de fenómenos
colectivos. ¿Constituye, pues, el enfoque freudomarxista, una
transdisciplina?
Una característica de una transdisciplina es que
no establece solución de continuidad con las disciplinas de origen.
Los nuevos desarrollos retoman los antiguos en un nuevo nivel
de análisis, precisamente el que le depara la disciplina más desarrollada.
Otro rasgo es que las elucidaciones reemplazan definitivamente
a los antiguos conceptos. En el caso del freudomarxismo, ninguna
de estas condiciones se cumple. Aunque Fromm analice los
problemas del capitalismo empleando categorías psicoanalíticas,
éstas continúan su vida independiente, así como las teorías económicas
y sociales a las que apela. Los trabajos tienden a proponer visiones
nuevas, sobre todo en un plano ideológico; pero los desarrollos
no son acumulativos, dando lugar a polémicas más típicas del ámbito
filosófico o político que del ámbito disciplinar.
Podría quizá decirse que la transdisciplina es deudora
del disciplinar, esto es, someterse a unos cánones comunes –el
lenguaje, el método– desde los cuales se construye un conocimiento
de una realidad que se supone homogénea –aunque no haya forma de demostrarlo. Los límites de las disciplinas
científicas fueron concebidos por Aristóteles como un reflejo
fiel de clases naturales con existencia propia. Pero con el paso
del tiempo, y sobre todo a partir del desarrollo de las ciencias
empíricas desde el Renacimiento en adelante, y su notable aceleración
en este siglo, terminaron considerándose arbitrarios y sujetos
a revisiones cada vez más frecuentes.
La transdisciplina es un tributo a la complejidad
del conocimiento o del mundo, como quiera pensarse, y al mismo
tiempo, requiere una concepción unificada del conocimiento. Halla
su sentido en la profundización de explicaciones obtenidas bajo
un mismo método, mediante el hallazgo de mecanismos cada vez
más íntimos para procesos ya estudiados de manera muy sostenida
y detallada. Hace estallar los límites de las disciplinas, entrelazando
avances logrados en campos diferentes, y da por resultado campos
nuevos, conceptos nuevos, leyes nuevas. Una vez nacida, no hay
retroceso. La transdisciplina se vuelve cada vez más monolítica,
cual una simple disciplina, y con el tiempo, quizá esté lista
para una nueva mutación.
Cuando se habla de interdisciplina, en cambio, se
apunta a un tipo de cuestiones que requieren de un conjunto de
disciplinas independientes para su adecuada solución. Propicia
una unión en cierto modo "oportunista", que no crea lazos indisolubles.
Apunta a resolver problemas, aunando resultados, no a desarrollar
nuevas leyes. Así,
un enfoque apropiado del manejo de los problemas ecológicos en
un ámbito urbano requiere de los aportes de la biología, la sociología,
la bioquímica, la economía, las ciencias políticas, el urbanismo, la antropología social,
la psicología, las ciencias de la comunicación, la ingeniería
química e industrial. Los objetivos son los que unifican tal diversidad
de conocimientos; éstos se conjugan de múltiples maneras, tendiendo
al logro de aquéllos. Desde luego, se necesita una buena
dosis de mutuo aprendizaje y paciencia para ordenar esa Babel;
pero aunque la tarea no es sencilla, no llega a la complejidad
que implica fundamentar teorías ya maduras, o dar lugar a nuevas,
como ocurre cuando surge una transdisciplina.
La interdisciplina conjuga saberes y expertos; y
sus resultados –muchas veces, magníficos– son, antes que nada,
pragmáticos, y no teóricos. El lenguaje de la teoría de
sistemas, común a todas las ciencias empíricas, sirve admirablemente
a estos fines, permitiendo a expertos y noveles ir y venir de
unos componentes al sistema que los contiene, y de éste, al suprasistema,
articulando conocimientos disímiles en tantos niveles como sea
necesario.
PSIQUISMO Y TRANSDISCIPLINA
El estudio del psiquismo se presta especialmente a una
consideración de las características de la transdisciplina. En
efecto, la psicología linda con las ciencias naturales a través
de la biología y al mismo tiempo, con las sociales. Desde su nacimiento,
la psicología entrelazó su desarrollo con el de la pedagogía,
la medicina, y otras ciencias. Físicos, médicos, educadores
y filósofos fueron atraídos por la nueva disciplina, y sus despliegues
experimentales. Varias
fueron las direcciones que tomó ese comienzo: una, con Weber,
Fechner y Helmholtz, constituyó la psicofísica y con ella, una
rama transdisciplinaria: la psicología matemática. El estudio
de las relaciones entre la intensidad de los estímulos y la de
las sensaciones que provocan en los organismos llevó muy tempranamente
a la constitución de este campo, en el que las funciones matemáticas
se han ido refinando cada vez de manera más sutil. Discriminación
sensorial, umbrales sensoriales, en la audición, la visión, el
tacto, el olfato, el gusto, han sido elucidados mediante modelos
complejos, permitiendo nuevas predicciones y concepciones.
Como padre de la fisiología, Helmholtz dio pasos
fundamentales en la dirección de la psicofisiología, aportando
formidables investigaciones, en especial, sobre la visión y el
oído. Estos tempranos aportes se han puesto una y otra vez de
manifiesto, en los notables avances de la psicología en ese terreno,
siendo el premio Nobel otorgado a Hubel y Wiesel
por su descubrimiento acerca de la necesidad de la estimulación
sensorial para el desarrollo ontogenético del sistema neural de
la visión en el gato, o los de Zeki sobre las columnas corticales y su funcionamiento
en la visión, en esta década, hitos muy importantes.
La psicología experimental temprana, cultivada en los primeros
laboratorios creados en el mundo entre el de Leipzig, que fundó
Whilhem Wundt en 1879, y las primeras décadas de este siglo,
dedicó buena parte de sus esfuerzos a fundamentar los principios
pedagógicos. Josefa Ioteyko en Bélgica, Víctor Mercante
en nuestro país, o Claparede en Suiza, desarrollaron su
trabajo con la idea de que las investigaciones acerca del desarrollo
ontogenético de las funciones psíquicas debía sustentar a la pedagogía. De este modo, la psicología daba nacimiento
a una pedagogía transdisciplinaria.
La aparición de la teoría de la evolución formulada por
Charles Darwin y publicada por primera vez en 1858 significó
un paso muy importante para la constitución de la
psicología como transdisciplina. En efecto, desde su formulación,
el equilibrio entre el aprendizaje y la herencia fue visto bajo una nueva luz,
dando lugar al estudio del desarrollo ontogenético y filogenético
de las funciones mentales. De ese modo, la psicología
comparada obtuvo su legitimación, siendo transdisciplinaria desde
su origen, puesto que requería del conocimiento pormenorizado de la
biología y etología animal. Las leyes del condicionamiento magistralmente formuladas
por Pavlov y Thorndike
constituyeron los primeros casos de una formulación biopsicológica
de los modelos de aprendizaje.
La investigación acerca del desarrollo filogenético del
sistema nervioso y en particular, del cerebro, alcanzó con Santiago
Ramón y Cajal su cumbre. Su doctrina del neurón, como
se denominó por años a su teoría sobre la estructura y funcionamiento
del sistema nervioso, dio inicio a las neurociencias. Su genial
ley del uso y el desuso,
esto es, vía nerviosa que se utiliza frecuentemente robustece
sus contactos neurales y facilita la transmisión del impulso,
y vía que no se emplea, disminuye contactos y dificulta la transmisión,
sentó las bases para la más potente elucidación de los estados
y procesos mentales (Bunge, 1981). Esta elucidación ha
necesitado de casi un siglo para alcanzar su madurez, y sus desarrollos
últimos han terminado de definir a la psicología como transdisciplina.
Un paso fundamental en este camino fue la postulación hecha
en 1949 por el psicólogo canadiense Donald Hebb (1949)
acerca de un posible mecanismo cerebral como sustento del aprendizaje,
la memoria y otras funciones psíquicas. Propuso la existencia
de asambleas de neuronas, formadas como producto de la experiencia,
que produciría circuitos cerrados reverberantes. Su idea era que,
en caso de que una población de neuronas se hallara ya activada
en el momento en que otras establecieran sinapsis con ellas, esta activación conjunta provocaría lazos de retroalimentación
entre unas y otras neuronas, de manera que las primeras no sólo
activarían a las segundas, sino que también recibirían impulsos
de éstas, y así sucesivamente, hasta que las últimas cerraran
el circuito al activar, a su vez, a las primeras. Tales asambleas
o circuitos continuarían su activación, por lo tanto, aun en ausencia
de los estímulos que la provocaron inicialmente, persistiendo
así en el tiempo –esto es, reverberarían por plazos variables,
que Hebb pensó apropiados en relación a los diversos tipos
de aprendizaje, memoria o percepción conocidos.
No fue, sin embargo, hasta los '70 que pudieron llevarse
a cabo los primeros experimentos contundentes acerca de la existencia
de las sinapsis hebbianas y sus correspondientes asambleas de
neuronas. En 1973, Bliss y Lomo ligaron un mecanismo,
ya descripto por el primero en 1966, la potenciación sináptica
de largo plazo –LTP, por las iniciales en inglés, long
term potentiation–, que reunía las características postuladas
por Hebb, a procesos cognitivos. En sus experimentos, pudieron
mostrar que la inhibición de la activación de las neuronas postsinápticas
del hipocampo mediante el bloqueo de los receptores de
glutamato, del tipo N-Metil-D-Aspartato –NMDA–, impedía en la
rata el aprendizaje de una tarea de memoria espacial. El bloqueo
de los receptores NMDA impidió la potenciación sináptica, esto
es, aunque las neuronas se hallaban activadas, el circuito
no pudo establecerse y reverberar, privado de glutamato. LTP se
convirtió en el primer modelo experimental del mecanismo postulado
por Hebb, que luego daría lugar a hallazgos similares en corteza
y otros sitios neurales, así como a diversas variedades de potenciación,
de corto y largo plazo.
En la elucidación de mente, estos hallazgos han
jugado un papel fundamental. En los '80, Mario Bunge, un
pensador y epistemólogo argentino de gran relevancia, basó en
la tradición Cajal-Hebb su elucidación sistemática de estados,
procesos y sucesos mentales en términos de estados, procesos y
sucesos de los subsistemas plásticos del cerebro (Bunge, 1980,
1981). Como se sabe, los mamíferos representan el punto de mayor
complejidad en la evolución cerebral y dentro de ellos, los humanos
han alcanzado un grado de plasticidad neural que significa
un salto cualitativo dentro de esa evolución. Es sencillo observar
que una elucidación de este tipo incluye niveles neurales, bioquímicos
y propios de la biología molecular –que en los últimos años ha
postulado un conjunto de mecanismos moleculares como base de LTP.
Esto significa que la psicología ha devenido
transdisciplina integrando simultáneamente todos estos niveles.
La constitución de un conjunto de subdisciplinas transdisciplinarias,
como la psiconeuroinmunología –que estudia los efectos de procesos
y estados psíquicos sobre las variaciones del sistema inmune y,
por tanto, de la salud de los organismos–, la psiconeuroendocrinología –que enfoca en especial los efectos
de los estados y procesos psíquicos sobre el funcionamiento del
sistema endocrino–, o la psiconeuro-endocrino-inmunología, así
como los recientes desarrollos de las investigaciones sobre redes
neurales, tributarias a la vez de la psicología, la neurología,
y la modelación computarizada, no ha hecho sino resaltar, en el
último tiempo, la pertenencia de la psicología a las neurociencias, un
grupo de ciencias transdiscipinarias.
No podemos ignorar, desde luego, que otro tanto puede mostrarse
de la integración transdisciplinaria que ha llevado al desarrollo
de la psicología social.
Desde los célebres trabajos de Bruner y Posman acerca
de la percepción del tamaño de las monedas en niños ricos y pobres,
pasando por los de Kurt Lewin o Milgram, hasta el
actual florecimiento de la psicología social experimental, la
psicología ha devenido transdisciplina también en esta dirección,
integrando igualmente los niveles sociológicos, de las ciencias
de la comunicación, las ciencias políticas y la antropología social.
LA FILOSOFIA COMO TRANSDISCIPLINA
Podemos pensar que también la filosofía ha sido concebida
en diversas épocas como una disciplina transdisciplinaria. La llamada filosofía analítica, surgida entre fines del
siglo pasado y las primeras décadas de éste con el nacimiento
de la lógica matemática y las revoluciones producidas en la matemática y en especial,
en la geometría, sostuvo desde un comienzo la idea de que un pensamiento
filosófico legítimo debía desarrollarse sobre la base del conocimiento,
por parte del filósofo, del nivel alcanzado por la ciencia en
el tema de su interés, al momento de elaborar su sistema. Así,
se consideró inapropiado elaborar una filosofía del tiempo o del
espacio que, de un comienzo, resultara incompatible con los avances
alcanzados a partir de la teoría de la relatividad.
Una posición similar, pero de cuño propio, sostuvo en nuestro
país José Ingenieros. En su libro Proposiciones relativas
al porvenir de la filosofía, publicado en 1918, afirma: "Donde
las ciencias no lleguen con sus hipótesis experienciales, empezarán
las hipótesis metafísicas, prolongándose legítimamente en lo inexperiencial".
La filosofía de la mente puede elegir este camino, como
ha mostrado contundentemente Mario Bunge (1981) y tantos
otros pensadores e investigadores, o una avenida diferente, en
la que se le adelante lo filosófico a lo empírico –y entre muchos
ejemplos podríamos aquí señalar algunos excesos, como el funcionalismo
fodoriano.
PSICOANALISIS Y TRANSDISCIPLINA
No es sencillo abordar el problema de la relación entre
psicoanálisis y transdisciplina. En principio, existe una diversidad de
escuelas dentro del psicoanálisis, y deberíamos examinar el tema
para cada una de ellas. Es algo usual que la constitución de escuelas aluda a la confrontación de métodos y conceptualizaciones,
que establece, precisamente, los límites entre ellas. Por otro
lado, la versatilidad del psicoanálisis es también muy amplia:
la clínica psicoanalítica se aplica a una muy amplia gama de problemas,
en forma individual, grupal o familiar; las áreas que abarca comprenden
desde la drogadicción hasta la gerontología, por señalar tan sólo
dos muy diferentes; los ámbitos en que se desarrolla incluyen
hospitales, escuelas, empresas, sindicatos, juzgados, cárceles o entidades de defensa de los derechos
humanos; el psicoanálisis aplicado se hace notar en muchas esferas
de la cultura.
Tanta actividad en cooperación con profesiones y saberes
muy diferentes ¿han permitido al psicoanálisis integrarse en quehaceres
interdisciplinarios? La integración ha provenido, más de una vez,
de la coincidencia en el marco psicoanalítico, que, sobre todo
en nuestro país, puede encontrarse como enfoque básico también
en la psiquiatría, la pediatría, la terapia ocupacional, la neurología,
el arte aplicado a la terapia o la odontología. En ese sentido,
se trata de interdisciplina, si aceptamos que, desde un mismo método,
se aúnan conocimientos diversos con el objetivo, por ejemplo,
de brindar una atención integral a un paciente en crisis severa
de salud mental, y a su familia. Pero se plantea una diferencia
con la interdisciplina hallada en el interior de las ciencias
empíricas: éstas reúnen teorías diferentes.
En otras ocasiones, el psicoanálisis entra en relación
con disciplinas diferentes, por ejemplo, psiquiatría biológica
o psicología experimental, cardiología o pediatría de inspiración
no psicoanalítica. Es dable encontrar entonces distintos tipos
de obstáculos: el rechazo hacia metodologías de investigación
no ideográficas, el desconocimiento del lenguaje standard en
investigación empírica, cierto grado de fundamentalismo, el recurso
a la interpretación salvaje de afirmaciones divergentes. Uno,
sin embargo, supera a todos éstos y es el que impide el trabajo
interdisciplinario en este segundo sentido: la idea de que el
psiquismo sólo puede ser entendido desde un punto de vista psicoanalítico. Desde luego, la psicología y la psiquiatría
suelen sustentar, cada una y en oposición, una bandera parecida,
aceptando tan sólo el valor pionero de las contribuciones de
Freud en un conjunto de campos. Un debate sereno y ecuánime
acerca de esta cuestión se ha dado en algunos países, pero no
aún en el nuestro.
¿Ha hallado el psicoanálisis una elucidación transdisciplinaria
del psiquismo en sus casi cien años de existencia? No es éste
un ámbito apropiado para encarar una cuestión que necesita de
un estudio profundo, pero no parece posible plantear siquiera
el tema de modo tan general. Quizá podemos entender los esfuerzos
de Bowlby por desarrollar la teoría del apego como un paso
en la dirección de la transdisciplina, desde el psicoanálisis,
así como las investigaciones de Erick Erickson en torno
a los estadios humanos, o las de Erich Fromm en torno a la agresión.
Algunas cuestiones se suscitan de inmediato. ¿Serían estos autores
reconocidos como pertenecientes al psicoanálisis por miembros
de otras escuelas psicoanalíticas, en la actualidad? Tales avances
transdisciplinares ¿mantienen una metodología ideográfica o son
deudores de la adopción de otro tipo de investigación? Al elucidar
los conceptos correspondientes ¿éstos conservan el sentido que
poseen dentro de las teorías psicoanalíticas?
El psicoanálisis ha seguido, hasta ahora, un camino de
diferenciación que resulta acorde con supuestos clave de su teoría.
La proliferación de escuelas puede tomarse como un resultado esperable
en tal panorama, o bien, un fruto inadecuado, producto de intereses profesionales antes que teóricos. En cualquier
caso, no es sencillo unificar conceptos dentro de su propio campo.
Cualquier esfuerzo transdisciplinar, incluso exitoso, corre
el riesgo de resultar parcial en estas condiciones.
LA TRASCENDENCIA DE LA TRANSDISCIPLINARIEDAD
Nos hemos ocupado, hasta aquí, de un concepto de transdisciplina
que surgió asociado al de disciplina científica. En los últimos
tiempos, dos foros de la UNESCO (1986, 1994) han
sido dedicados a promover una nueva visión del conocimiento, centrada
en la transdisciplinariedad. Discutiremos aquí muy brevemente
este concepto, tal como aparece en la Carta a la transdisciplinariedad, surgida del primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad,
celebrado en Portugal en 1994, a fin de establecer algunas diferencias
con el ya expuesto aquí, a fin de evitar equívocos.
Debido a la complejidad del tema, sólo nos detendremos
en algunos rasgos centrales del concepto tal como allí se lo presenta,
a fin de señalar algunas diferencias con el nuestro, y algunas
dificultades del mismo.
En principio, el marco en que se presenta tal concepto de transdisciplinariedad
hace hincapié en cuestiones de índole social y planetaria: "Lo
esencial en la transdisciplinariedad
reside
en reconocer que no hay ni espacio ni tiempo cultural privilegiados
que permitan juzgar y jerarquizar, como más correcto, o más exacto,
o más verdadero, complejos de explicación y convivencia de la
realidad que nos rodea. La transdisciplinariedad
reposa sobre una actitud abierta, de mutuo
respeto y hasta de humildad,
con relación a mitos, religiones y sistemas de explicaciones y
conocimientos. La transdisciplinariedad
es, en su esencia, transcultural" (D´Ambrosio, 1986).
Lo transdisciplinar, en este sentido, parece aludir a trascender
las disciplinas –arte, ciencia, tradiciones o religión–, ir
más allá de cada una, buscando un nuevo diálogo entre las distintas
formas culturales que ha producido la humanidad. El objetivo es,
sin duda, encomiable y, al momento presente, malgré los
autores, que parecen aberrar de las utopías, saludablemente utópico.
Pero existe un conjunto de problemas que hacen de este concepto
algo endeble e, incluso, poco coherente con el espíritu que debía
presidirlo. Un primer problema lo constituye el hecho de utilizar
la palabra conocimiento para referirse a las distintas
creaciones culturales, como mitos, religiones, ciencia o arte.
Si bien no es imposible pensar tal concepto en un sentido amplio,
que permita abarcar todas esas manifestaciones del espíritu humano,
es necesario entonces brindar esa definición, a fin de establecer
sus características y abrir la discusión. No es esto lo que hacen
los autores, quienes dan, en este contexto, un lugar peculiar
al conocimiento científico. Así, en el documento de 1984 se
sostiene que: "El conocimiento científico, a través de su propio
movimiento interno, alcanzó un nivel que le permite iniciar un
diálogo con otras formas de conocimiento"... y se habla de
complementariedad entre ciencia y tradición, y de "un
nuevo racionalismo". Sin embargo, se caracteriza luego a las
ciencias como "un saber fragmentado". Desde luego, se supone
que este sentido de transdisciplinariedad se origina, precisamente,
en la idea de que toda creación cultural, por ser parcial,
se halla fragmentada. Pero sólo se señalan las limitaciones de
la ciencia, no de otras disciplinas o saberes. Al tiempo que se
le exige un papel más dinámico –iniciar el diálogo– y se afirma,
un tanto ligeramente, una complementariedad que debiera ser
paciente y profundamente construida, se le adjudican un conjunto
de errores –u horrores.
En efecto, en palabras de Edgard Morin, los "carniceros
disciplinares... dicen qué es necesario seccionar, rasgar, desenredar,
despedazar el cuerpo del Saber, para poder explicarlo: es preciso
matar para comprender". Es difícil advertir el respeto recomendado
por la Carta, en esta pintura del procedimiento científico usual.
Al mismo tiempo, la descripción de los procedimientos –¿experimentales,
quizá?– ha sido sustituida por una descalificación, rica en palabras
emocionales. Nada queda de la riqueza de la teorización científica, ni de la sabia sofisticación
de sus métodos.
En el Preámbulo a la Carta a la transdisciplinariedad,
las afirmaciones se vuelven más duras. Se sostiene que: "...la
vida está seriamente amenazada por una tecnociencia triunfante"
–y no por el aumento de la opresión, de la violencia y de la pobreza–;
"el
crecimiento exponencial del saber hace imposible toda mirada global
del ser humano",
quitándole así a nuestros contemporáneos lo que en cualquier época
ha sido posible –y raro– lograr, y sin referirse al crecimiento
exponencial de la miseria; "...el
crecimiento de los saberes... aumenta la desigualdad entre aquellos
que lo poseen y los que carecen de ellos" –y no que esta desigualdad
se debe a la desigualdad económica y social en la participación
de los bienes sociales, entre ellos, la educación; "...engendrando así desigualdades crecientes
en el seno de los pueblos y entre las naciones de nuestro planeta"
–sin mencionar el poderío de mafias, sistemas políticos corruptos
o el poder militar, en suma, los intereses de ricos y poderosos
impuestos salvajemente a poblaciones enteras, por medio
del hambre, de la guerra, la expoliación y el sometimiento.
"La
ruptura contemporánea entre un saber cada vez más acumulativo
y un ser interior cada vez más empobrecido, conduce a un ascenso
de un nuevo oscurantismo"
–sin mencionar tampoco factores sociopolíticos fuertemente ligados
al oscurantismo. Se afirma la conveniencia de no hacer cosas que de hecho
son imposibles, como "...reducir al ser humano a una definición
y de disolverlo en estructuras formales...", adscribiéndolas
también a los procedimientos científicos.
Pero el punto técnicamente más discutible se halla en las
afirmaciones sobre lógica y lenguaje. En el artículo 2 de la Carta,
se dice que "el reconocimiento
de la existencia de diferentes niveles de realidad, regidos por
diferentes lógicas, es inherente a la actitud transdisciplinaria". ¿Desde qué perspectiva privilegiada
puede afirmarse algo semejante? ¿Cómo definir lógicas distintas
y lograr un diálogo? ¿Qué clase de lenguaje puede permitirnos
hablar de lógicas diferentes, sin implicar, al mismo tiempo, alguna
lógica? En el artículo 4 se afirma: "...la clave de la
bóveda de la transdisciplinariedad reside en la unificación semántica
y operativa de las acepciones a través y más allá de las disciplinas". La contradicción con las
afirmaciones anteriores parece evidente. ¿Será posible tal unificación
utilizando lógicas distintas?
En la declaración del '86 se dice que la transdisciplinariedad
"...engendra una nueva interfundamentación..." de las disciplinas.
También esta noción requiere aclarar las afirmaciones sobre lógica,
antes de que podamos comprenderla.
La contradicción se hace más evidente cotejando esta afirmación
contenida en la misma Declaración: "...cualquier tentativa
de reducir la realidad a un solo nivel siguiendo una única forma
de lógica, no tendrá lugar dentro del campo de la transdisciplina".
Hemos intentado mostrar, en este esquemático y rápido análisis,
que las citadas Declaraciones contienen nociones erróneas acerca
del método científico propio de las disciplinas empíricas, adolecen
de superficialidad en el enfoque de problemas de gran trascendencia y muestran una tendencia a la descalificación
de la investigación empírica. En nada contribuyen estos rasgos
a los objetivos planteados por los autores, seguramente inspirados
por los más nobles fines que todas las personas de bien comparten.
No obstante, es importante reflexionar sobre estas cuestiones,
para que la transdisciplinariedad
no sea adoptada como excusa para un nuevo autoritarismo, en el
que unos impongan a otros la "verdadera unificación" de las perspectivas.
¿Podemos, finalmente, trazar la diferencia principal entre
este concepto de transdisciplinariedad y el que aquí hemos intentado
elucidar? En principio, el objetivo en las reuniones propiciadas
por UNESCO es facilitar un diálogo constructivo y respetuoso entre
las diferentes creaciones de las diversas culturas humanas.
En tal sentido, es un objetivo trascendente y deberemos
esperar que su desarrollo acoja una visión más conocedora de los
rasgos propios del método científico, y de la lógica, y no cometa
parecidas inequidades con ninguna otra producción cultural. El concepto de transdisciplina presentado aquí en
primer término se halla acotado a disciplinas científicas, aunque
éstas adopten diferentes perspectivas en su definición de ciencia.
Así, es interior a una dimensión particular dentro de las creaciones
culturales.
RESUMEN
En este trabajo se intenta una elucidación de transdisciplina,
como una etapa de desarrollo que puede alcanzar una disciplina
madura cuando algunos de sus conceptos centrales son elucidados
sobre la base de nuevas teorías y hallazgos. Los nuevos desarrollos
retoman los antiguos en un nuevo nivel de análisis, mediante el
hallazgo de mecanismos cada vez más íntimos para procesos ya estudiados
de manera muy sostenida y detallada. La transdisciplina requiere
una concepción unificada del conocimiento y da por resultado campos
nuevos, conceptos nuevos, leyes nuevas.
Se intenta, asimismo, caracterizar interdisciplina,
como una unión de saberes frente a un tipo de cuestiones que requieren
de un conjunto de disciplinas independientes para su adecuada
solución, sin crear lazos indisolubles entre esas disciplinas.
Apunta a resolver problemas, aunando resultados, y no a desarrollar
nuevas leyes. Los objetivos son los que unifican tal diversidad
de conocimientos; éstos se conjugan de múltiples maneras, tendiendo
al logro de aquéllos.
Se examina luego el campo de los saberes acerca del psiquismo
y se argumenta que, tanto en su desarrollo temprano como en el
actual, la psicología constituye una transdisciplina y ha contribuido
al desarrollo de un conjunto de transdisciplinas. Se discute también
acerca de psicoanálisis y transdisciplina, tomando en cuenta la
pluralidad de escuelas psicoanalíticas y el papel jerárquico que
parece jugar la teoría psicoanalítica cuando se entrelaza con otros conocimientos.
El artículo se cierra con un abordaje polémico de las consideraciones
vertidas en la Carta abierta a la transdisciplinariedad elaborada
en el primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad de 1994,
señalando que contienen nociones erróneas acerca del método científico
propio de las disciplinas empíricas, adolecen de superficialidad
en el enfoque de problemas de gran trascendencia para la humanidad
y muestran una tendencia a la descalificación de la investigación
empírica. Estos rasgos parecen ir en contra de los trascendentes
objetivos enunciados por los autores.
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Texto
extraído de Psicoanálisis APdeBA - Vol. XXI - Nº 3 - 1999
Selección
y destacados: S.R.
Con-versiones
setiembre 2005