| Seminario
XII: Problemas cruciales para el psicoanálisis
Jacques
Lacan
Clase 7 (22 de enero de 1965)
En la relación del sujeto con el otro, en la relación del uno
con los otros, hemos aprendido a distinguir, en su fineza, en su
movilidad, una función de espejismo esencial. Hemos aprendido el desdoblamiento
por la enseñanza del psicoanálisis, en el modo por el cual - después
de doce o trece años- trato de articularlo.
Sabemos que el fracaso hasta aquí
de toda ética, y secundariamente de toda filosofía subjetiva de
dominar ese espejismo es debido
al desconocimiento de ese autor del cual se regula invisiblemente
la función del objeto a,
en tanto que es ella, en su ambigüedad de bien y mal, la que realmente
centra todos sus juegos.
En ese juego, el objeto
a, en efecto, ésto no es decir suficiente, corre, va y viene
y pasa como la moscada. En su naturaleza es percibido y nunca reencontrado, en la medida
en que, de tiempo en tiempo, aparecía en el campo con una claridad
tan deslumbrante que es eso mismo lo que hace que no sea nunca reconocido;
ese objeto a, es calificado en lo que nos importa saber:
la regla de una acción como eco del deseo. Se trata de saber en
que suerte de acción puede servir este reconocimiento de un factor
nuevo en la ética, en la filosofía subjetiva.
Seguramente, cuando he deseado saber
de mi público un poco más, y especialmente en las visitas que he
podido hacer, en medida del tiempo que tengo disponible, he podido
darme cuenta, pues, que pude tener algunos ecos, para algunos y
para muchos, más matizados, variados, de lo que yo suponía. Esta
enseñanza toma su valor, que es el de toda enseñanza, por sostener,
y ésto no es nada en más de uno, ese estado de indeterminación,
que sabemos tener más de un ardid en el bolsillo, que es aquel que
nos es dado vivir, las cosas siendo lo que son.
Entiendo que esto quiere decir, se
sepa ello o no, aquí, que yo tengo en otra parte una escuela de
Psicoanálisis y que lleva el nombre de Freud y el nombre de la ciudad
donde he tomado el cargo de dirigirla. Esta escuela, si merece su
nombre, en el sentido en que ese término se emplea desde la antigüedad,
es algo donde se debe formar un estilo de vida. Ahí pido que vayan
aquellos que, a cualquier título, toman mi enseñanza por el principio
de una acción que sea la suya y de la cual se pueda dar cuenta.
Las catorce filas, aún hoy, casi
llenas, les prueban que yo no quiero una barrera arbitraria
por una barrera de apreciación de cualquier orden que sea, de experiencia,
calidad o prestancia; que no quiero aquí poner barrera a nadie.
Por otra parte, si he querido que se me demande venir aquí, es para
ponerme también yo en postura de demandarles aquí el hacer sus pruebas
de lo que es exigible en un cierto círculo más restringido. Para
que esta enseñanza tome valor, quiero, en un plazo suficientemente
cercano, obtener de aquellos que están aquí, algunos testimonios.
Seguramente que sería vano e ineficaz, escuchar esos testimonios
bajo la forma de una intervención hablada aquí. Lo deseo. Sé por
experiencia, por la medida del tiempo, que esto no es posible, y
que no es la mejor vía. En tanto ese testimonio lo es de una acción
interesada en esta enseñanza; para procederlo pienso proceder así:les
serán propuestos aquí, trabajos, distinciones, comunicaciones, exposiciones,
que tengan una suerte de carácter de nudo, de puntos vivos
que se manifiesten particularmente, para aclarar, renovar, hasta
hacer estallar, o al contrario singularmente hacer uniones, en el
hilo de mi discurso.
Nada será hecho para hacerles esos
nudos de alguna manera accesibles. No es la moneda de mi enseñanza
la que les será dada aquí si entienden por moneda esos momentos
cerrados, opacos y resistentes de los cuales no hago, por otra parte,
más que hacerles sentir la presencia sobre lo que, para ustedes,
yo articulo. Serán, pues, al fin de cuentas, elementos más duros,
más opacos, más localizados los que les serán propuestos, a aquellos
para quienes mi enseñanza pueda tener un valor más preciso. Eso
entiende ser la provocación de una respuesta que me será dada en
el intervalo de nuestros encuentros bajo la forma de pequeñas memorias,
de memoriales, de sugestiones, de preguntas, en las cuales tendré que apoyarme para la
elección de esos objetos que ulteriormente se verán aquí, esos objetos
de los cuales hablo, objetos de provocación, sólo en ese diálogo
que, ustedes lo ven bien, no puede operarse más que con aquéllos
que aportarán una contribución que podrán elaborar en el intervalo
de nuestros encuentros. Está en la naturaleza de las cosas que ésto
no se produzca más que con un pequeño número.
Muchos de los que están aquí, y que
he dejado entrar aquí hoy, no hay ningún misterio, se darán cuenta
que si ellos extraen provecho -es lo que deseo- de ese largo discurso
que prosigo después de doce ó trece años, es inconcebible,
hasta esencial, que alguna parte, un círculo donde esas cosas sean
puestas a prueba en una acción donde cada uno participe, que sea
de allí que parta, que se irradie, lo que continuaré a proseguir
de mi discurso ante ustedes. Es normal que para las tres cuartas
partes de las personas que están aquí hoy, lleguen, en un momento
a reconocer o, que no es para ellos el momento de venir
aquí, o, simplemente, que no tendrán nunca nada que
hacer aquí, sin que sean, de ningún modo, privados de algún mérito.
Simplemente que lo que se hará aquí no será asunto suyo. He
visto aquí gentes interesadas en su acción en lo que comportan esos
cambios esenciales de la motivación ética y subjetiva que es la
que introduce, en nuestro mundo, el análisis.
No prejuzgo a aquéllos que pudieran
tomar ese rol; digamos que para reconocerme aquí, procederé como
Josué en un cierto rodeo que nos cuenta su historia. Verán, veré,
el modo en el cual se sostienen cuando se trata, para ellos, de
tomar al otro con sus manos para ver.
Cedo la palabra a Leclaire
(la exposición del Dr. Leclaire no ha sido transcripta).
Dr. Lacan: Deseo conservar
para esta primera reunión, todo su carácter de austeridad. Voy
a pedir a alguien a quien he llamado expresamente para que estuviera
presente en esta reunión, a Conrad Stein, en el tiempo en
que Leclaire entró por primera vez en el ejemplo que ha retomado,
completado, articulado perfectamente hoy - voy a pedir a Stein-
había destacado un cierto número de preguntas, puesto en duda la
pertinencia exacta de la articulación, en ese momento de la primera
cadena, aquélla que va del lecho al cuerno, llega al unicornio,
su carácter de representante representativo del inconciente -
si queda para él en suspenso alguna cuestión sobre la pertinencia
de lo que ha sido anticipado, lo que él ha podido precisar. Si Stein
encuentra poder renovar, bajo una fórmula cualquiera, su demanda
de precisión, si está en estado de formularla, mantendremos esta
cuestión en el orden del día en el pizarrón, pues deseo que intervengan
hoy, aquéllos que han preparado otras materias, tan difíciles
de entender como la comunicación de
Leclaire.
He ahí lo que propongo: la comunicación
de Leclaire, y las que seguirán,merecen su impresión. Esta impresión
se hará y será puesta a vuestra disposición en un plazo de diez
días, a título moderadamente oneroso. La forma más cómoda es ir
a buscarla a casa de la señora Durand - 54 rue de Varene -
donde podrán buscarla todos aquellos que deseen tenerla.
Tanto por la extensión de
ese tiraje, como por la seguridad de la continuidad, pido que
aquellos que tendrán esa comunicación, se comprometan - su
nombre será relevado en el momento en que se procuren ese texto-
a responder, allí, por un texto de al menos dos páginas, concerniente
a lo que ellos destacan como necesidades, interrogaciones, hasta
respuestas y que ellos se comprometan a hacérmelo llegar antes de
la próxima reunión de seminario cerrado.
(Intervención del Dr. Stein
y del Sr. Yves- Duroux , no transcriptas) [*]
Dr. Lacan: La necesidad del
corte del tiempo deja, pues, el discurso de Duroux en suspenso,
justo en el momento en que Jacques Alain Miller les iba a
mostrar la relación, la incidencia directa con lo que nos ocupa
en primer lugar, a saber: la relación del sujeto al significante,
en la medida que aquí lo ven dibujarse simplemente en las relaciones
del cero y del uno.
Si hoy hemos puesto cuidado en hacerles
dar cuenta, con la mayor fidelidad, de un texto fundamental de
las matemáticas, es porque es necesario que sepan que allí están
las cuestiones tan punzantes que hasta para los matemáticos se plantean
- que no tienen necesidad- y tienen su fecundidad. Todo
lo que se ha producido recientemente como búsquedas matemáticas,
se encuentra fundado en la confesión de aquellos que lo han hecho
pasar por los hechos. Bertrand Russell se remitió a esta
obra que había permanecido en la más profunda oscuridad después
de 25 años.
Por disparatadas que puedan parecerles
las dos exposiciones que han escuchado hoy, si debe ser establecida
por ustedes una relación tal, es por miles de hilos de comunicación,
de los cuales no haré más que citar algunos.
Desde hace mucho tiempo, se ha entendido que, en tanto que la filosofía
trataba de acordar el objeto de su ocupación, se les dirá que el
objeto del unicornio no existe. Por otra parte, ¿existe un unicornio?,
¿existe un centauro? A partir del momento en que tienen un nombre;
es precisamente de eso de lo que se trata en nuestra práctica, a
saber, de la incidencia de la nominación en su estado conceptual
o en su estado puro en el nombre propio, del cual nos ocuparemos
en la enunciación de lo que determina el sujeto en su estructura
y en su operación analítica. El resumen de esa obra de Frege se enlaza a nuestra práctica.
A todos los que deseen el texto de
Leclaire en condiciones más amplias, les será remitido; a aquéllos
que tengan que agregar algo a él.
[*]
La exposición de Yves Duroux se intituló
"Psicoanálisis y lógica", una reseña de la misma se puede
encontrar en "Significante y sutura en psicoanálisis",
varios autores, ed. Siglo XXI.
Traducción: Ana María Gómez.
Revisión y destacados: Sergio Rocchietti
Corrección del texto: Cecilia Falco
Con-versiones mayo 2005
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