| CECILIA GRIERSON
(1859-1934)
Nora Martínez
Cecilia Grierson
fue la segunda mujer que ingresaba no sólo a la Facultad de Medicina,
sino a la Universidad.
Hasta
donde mi recorrido histórico lo permite, la primer mujer que habría
ingresado a la Facultad de Medicina, sería Élida Passos, quien falleció
antes de graduarse. A Élida no le habían permitido la inscripción
por su condición de mujer y luego de una intervención judicial le
permitieron la entrada.
Entonces
Cecilia Grierson se convierte en la primer mujer egresada
de la Facultad de Medicina. Profesión que elige tras la muerte
de su amiga y compañera Amelia kenig. Obtiene su título en 1889.
Sabemos que por entonces tampoco era permitido el ingreso de la
mujer en la Universidad de Cambridge o en Oxford.
Así es
como a partir de Grierson deja de considerarse “anormal” que una
mujer estudie en la Universidad. Este camino abierto por Cecilia
lleva los sinsabores propios de la situación, conocemos la infinidad
de hechos que debió soportar, solo por ser mujer y osar estudiar,
y como si esto no bastara, su primera inclinación fue Clínica Quirúrgica.
Ya era demasiado para la época!
No satisfecha
con la práctica médica, se dedicó, además, a la creación de instituciones
educativas para la formación de auxiliares de medicina y como si
aún no alcanzara, al feminismo militante.
Sus avatares
económicos no fueron un impedimento para continuar con sus objetivos.
A partir de la adolescencia, su familia sufre una debacle económica
que la deposita en otra situación y desde muy joven comienza a trabajar
para ayudar a su familia y más tarde para ayudarse a sí misma, a
cursar sus estudios, trabajo que no pudo dejar mientras hacía la
carrera, ya que era su único sostén.
Finalmente
su especialidad fue la Obstetricia, podríamos suponer un giro frente
a los aberrantes obstáculos que generaba intentar introducirse en
el campo de la cirugía, donde no se olía a leguas, un perfume de
mujer.
A los
médicos “machos” de la época, les habrá parecido demasiado ceder
un espacio más.
Aparentemente
su consultorio fue concurrido, sin embargo a las mismas mujeres
les era difícil renunciar a la figura masculina del médico. También
intentó ingresar en el cuerpo docente de la Facultad de Medicina,
toda una revolución que Cecilia no pudo sobrepasar. Ese lugar fue
ocupado posteriormente por María Teresa Ferrari de Gaudino, quien
obtuvo el cargo de Profesora Adjunta en Clínica Obstétrica.
Cecilia
sólo pudo enseñar gimnasia en la Facultad de Medicina y dictó cátedras
en la Escuela de Bellas Artes y el Liceo Nacional de Señoritas,
del que fue profesora fundadora en 1907.
En 1886 crea
la Escuela de Enfermería y Masajistas en el Círculo Médico de Buenos
Aires. Está al frente de la entidad hasta 1913. Nada le fue fácil a Grierson
ya que con el tiempo llegaron a suprimirle no solo los recursos
sino su salario. En ese momento ella redobla aún más sus
fuerzas para continuar sosteniendo la Escuela, con un único apoyo
oficial: el edificio. Aparentemente en 1906 la situación va tomando
otros rumbos y la Escuela vuelve a funcionar con el apoyo público.
Fue médica
agregada en el Hospital San Roque (actual Ramos Mejía)
Fomentó
la Asociación de Obstetricia para apoyar la tarea de las parteras.
Se desempeñó en el Patronato de la Infancia, en la Cruz Roja Internacional,
en el Poder Judicial, como inspectora de la situación de madres
desamparadas y de menores de edad, inspectora en el Asilo de Mujeres,
fundó la Asociación Argentina de Primeros Auxilios, de la que fue
docente y la escuela Técnica de la Mujer. Ejerció también la docencia
en la escuela media y creó con Ernestina López de Nelson, el primer
curso de Ciencias Domésticas en el Liceo de Señoritas Nro.1.
En el marco
de la Exposición Mundial de Chicago, un grupo de mujeres de distintas
nacionalidades celebró el Primer Congreso Quinquenal del Consejo
Internacional de Mujeres (CIM) En esa ocasión (1893) Argentina participó
con la presencia de Isabel King (una de las maestras contratadas
por Roca para enseñar en el país) Para armar su presentación King
recurrió a la Dra. Grierson, entre otras mujeres, quienes aportaron
datos, cifras y folletos.
En el
siguiente Congreso del Consejo Internacional de Mujeres (CIM) en
1889, Cecilia Grierson participó directamente representando a algunas
asociaciones argentinas y volvió al país con el título de vicepresidenta
honoraria, y la misión de establecer un consejo en el país.
Logró
entusiasmar a mujeres de los sectores más altos de la sociedad,
como es el caso de Albina Van Praet de Sala, de quienes recibió
un importante apoyo hasta que las aguas comenzaron a dividirse y
volvió a quedar sola con sus convicciones acerca de la igualdad
jurídica de las mujeres, especialmente en su reclamo por el divorcio
y por la ciudadanía política. Cada vez más sola en su reclamo por
las mujeres pobres y desamparadas. Motivos por demás suficientes
para que las “damas” de la época le quitaran su apoyo.
Finalmente tras
su muerte, en abril de 1934, a los 75 años, Cecilia Grierson obtiene
el reconocimiento por los logros y las luchas que marcaron su vida
desde muy joven.
El diario
La Prensa la recordaba de este modo:
“había
sido una precursora de la incorporación de la mujer a actividades
que hasta no hace mucho tiempo le estuvieron vedadas por imperio
de las costumbres o de prejuicios hondamente arraigados”
Su
amigo, el socialista Ángel M. Jiménez, se refirió a Cecilia Grierson
en la revista Vida Femenina como “ pioneer del movimiento femenino”
y consideró que su ejemplo debía ser seguido por las nuevas generaciones
“tan apegadas a la frivolidad, a los dobleces del orden social que
todavía
cree que la mujer es una esclava o un adorno o un instrumento de
placer”.
Su
tributo estuvo a la altura de lo que se esperaba gracias al esfuerzo
de notables figuras del quehacer público y de sus amistades que
entendieron el escaso reconocimiento que había tenido en vida. Se
armó una Comisión Especial de Homenaje entre cuyos integrantes se
hallaban: Gregorio Aráoz Alfaro, Nicolás Besio Moreno, Cupertino
del Campo, Elvira Rawson de Dellepiane, Elvira López, Ernestina
López de Nelson, Pablo Pizzurno, Adelia Di Carlo, Berta Wernicke,
Petrona Eyle, Elina González Acha de Correa Morales, Ángel M. Jiménez
y Sara Justo.
“Supo
hacerse fuerte desde la edad en que otros se entregaban a los juegos
de la adolescencia, pero sobrellevó las dificultades más diversas
sin perder en la lucha su fe y su optimismo” Tal lo que se aseveraba
en el libro especialmente editado para homenajearla bajo el título
de “Doctora Cecilia Grierson. Homenaje póstumo a la memoria de una
argentina ilustre”, aparecido en 1937.
Fuentes consultadas:
Diccionario
Biográfico de Mujeres Argentinas. Lily Sosa de Newton
Historia
de las mujeres en la Argentina. Vol.II. Dirigido por F. Gil Lozano,
V. S. Pita y M. G. Ini.
Inclusión/Exclusión.
Historia con mujeres. Dora Barrancos.
Con-versiones marzo de 2005
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