De
como se destruyen patrimonios nacionales
Nora Martínez
(Segunda parte)
La correspondencia
recibida por los residentes del Club Hotel de la Ventana era enviada
al correo más cercano, a unos 27 km de distancia, esto generaba
demasiados inconvenientes, de ahí que la Dirección General de
Correos y Telégrafos hizo los trámites necesarios frente al Ministerio
de Obras Públicas y el 16 de diciembre de 1912 se resolvió denominar
Sierra de la Ventana a la Estación Sauce Grande (la que empezó
siendo una parada) y se le dio el nombre de Saldungaray a la que
en aquel momento era Sierra de la Ventana.

Alrededores
del hotel actualmente
El día que
la Nación festejó el centenario de su independencia, el Hotel
no se quedó atrás en relación a los festejos. Al igual que el
día de su inauguración, asistieron importantísimas figuras y no
hubo nada que envidiarle a los lujosos hoteles europeos.
Luego de inaugurar
el trencito de trocha angosta, que desembocaba directamente en
el hall del Hotel, se empezó a notar una baja importante de pasajeros.
En 1913, comenzaron a presentarse las primeras manifestaciones
de la debacle económica mundial y en 1914 con la Primera Guerra
Europea se terminó de conformar el desastre que terminaría, en
este caso, con la destrucción del Hotel.

Alrededores
del hotel actualmente
El
3 de noviembre de 1917 el Presidente Hipólito Yrigoyen dictó una
ley en dónde reprimía los juegos de azar y dispuso el cese de
actividades de todas las salas del país, de este modo, el Hotel,
que ya estaba trabajando a pérdida entró en liquidación y se cerró
definitivamente el 14 de marzo de 1920, sin haber llegado a cumplir
los 10 años desde su apertura. El ramal se clausuró el 21 de marzo
y la concesión el 30 de noviembre de ese mismo año.
Desde el día de su cierre en adelante, comenzaron a sucederse
una serie de oscuridades dignas de nuestro querido país, todo
su esplendor cayó de un plumazo y nadie supo, ni sabrá con exactitud
de qué modo sucedieron los hechos.
Lo que se sabe es que parte de las instalaciones pasaron a poder
de la Sra. Emilse Davis de Sangford, luego de su fallecimiento
fue heredada por su hija Sara Sangford.
Durante 20 años, las instalaciones fueron cuidadas por el señor
Jesús Ochoa, el edificio se mantuvo intacto, y también el mobiliario,
sólo que las malezas cubrieron todo el ramal del trencito, invadieron
los jardines y alrededores.
En 1940 el Gobierno de la Provincia inició las gestiones para
adquirir la propiedad y en 1942 la heredera viajó al país para
venderla en 500.000$. Apenas pasó a manos del gobierno, el hotel
sufrió un saqueo importante específicamente de la mano de los
funcionarios y de ahí en más, de cuánta persona se acercase al
lugar. En poco tiempo el hotel se fue vaciando...
Durante la 2da Guerra Mundial se alojaron allí, los tripulantes
del Graff Spee (barco hundido en la batalla del Río de La Plata)
Los marinos alemanes se alojaron dentro del edificio y los ejecutivos
del Ejército Argentino, a cargo de la custodia, en tiendas de
campañas. Uno de los sobrevivientes manifestó que encontraron
el lugar en buen estado, sólo que con mucho polvillo. Hasta ese
momento existían las sábanas y manteles de hilo, la vajilla de
plata y porcelanas, además del mobiliario completo de roble italiano.
Los tripulantes se fueron organizando y pusieron en funcionamiento
las instalaciones, cada uno tenía tareas específicas, acordes
a sus propias funciones en el Graff Spee, tan fue así que llegaron
a fabricar hasta 40 barras de hielo por día. Además en el tiempo
libre, practicaban deportes y arreglaban el jardín. También había
músicos que se encargaron de re organizar la Banda y ofrecían
conciertos en el salón de los Espejos.
Cuando finalizó la guerra dejaron el ex club hotel y se marcharon
en enero de 1946.
Bosque
aledaño al hotel actualmente
Luego
del alejamiento de este grupo, se produjo el desmantelamiento
total del edificio. Todos saben los hechos ocurridos, pero nadie
se explica cómo ocurrieron. Una vez más la expresión de la burla
por parte de las autoridades, en este caso, provinciales.
Recorriendo la región se escuchan algunas versiones tales como:
-” La vajilla fue vista en el Hotel Provincia¡ del Abra o
en Hotel Provincial de Mar del Plata.
- Algunos muebles del casino están ahora en Necochea.
- Funcionarios de todos los niveles fueron llevando las cosas.
- La araña principal está en una estancia,
otras luces en un ministerio en La Plata; otras en el hall de
entrada del casino de Necochea.
-Muchos objetos quedaron en manos de particulares.”

Museo
de V. Arcadia - Club Hotel
Claro
está, son sólo versiones...
No
contentos con lo ocurrido, se produjeron más daños irreparables,
es decir, tendientes a la maldad por la maldad misma, entonces
arrojaban columnas por el camino, espejos destruidos, mármoles
arrancados de las escalinatas y todos los visitantes se llevaban
“un recuerdo”
Nada
de esto fue denunciado ante ninguna autoridad, o bien, pudo ser
denunciado pero... lo cierto es que no hay registro de alguna
denuncia.
En
la década del 60 el Club Hotel se convirtió en sede del Centro
de Estudios de Ingeniería Forestal y Corrección de Vertientes
“Florentino Ameghino”, dependiente de la Facultad de Agronomía
de la Universidad de La Plata. Para tal ocasión se hicieron refacciones,
es decir, se volvió a invertir dinero. Se alojaron a profesores
y estudiantes en dormitorios refaccionados, se armaron aulas,
cocheras, taller mecánico, etc... todo el trabajo nuevamente en
marcha para quedar inconcluso, una vez más. Pareciera que el Hotel
estaba destinado al fracaso.

Paisaje
aledaño al hotel actualmente
En
1979 se comenzaron algunos trabajos de demolición. La medida fue
dispuesta por el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia,
quien promocionaba la idea como única opción para terminar con
la ignorancia de quienes se habían ensañado en desvalorizar semejante
patrimonio histórico-cultural-arquitectónico... ¿? ¡Una locura!
No conformes con eso, se inició la tala del bosque de
los alrededores y la madera fue vendida en una licitación.
En
marzo de 1979 aparecía en La Nueva Provincia la siguiente nota:
"Así como no tiene explicación alguna la depredación del bosque,
tampoco la encuentra la anunciada demolición del edificio representativo
de toda una época de una estructura social y de una tendencia
arquitectónica, además de la impronta -de la humanización- que
su belleza imprime al paisaje. Demolición que parece haberse iniciado
con el desmantelamiento de los anexos que formaron parte del complejo
hotelero...
Quizás se argumente -lo escuchamos una vez- que para evitar la constante
depredación de los visitantes es preciso acabar con todo. En ese
caso la solución sería penosísima. Como sí la única forma de evitar
la enfermedad fuera matar al enfermo.
Sí tal es la causa, la solución parece más fácil; establecer un cerco
perimetral de alambre y establecer un cuidador. El costo podría
solventarse con el alquiler que se percibe por la sección de las
tierras linderas en pastoreo.
¿Cuál otro puede ser el fundamento para la demolición? ¿Que ya resulta
imposible encarar una restauración? Entonces el mismo criterio
debería aplicarse en el caso del Coliseo Romano o las Ruinas Jesuíticas
de Misiones, o tantos otros testimonios de valor histórico o estético
que cada pueblo conserva como reliquia...
Ningún pueblo sacrifica un testimonio estético o histórico si no
es por una necesidad imperiosa. Es una verdad que sin embargo
para Sierra de La Ventana carece de vigencia”

Rio
cercano al hotel actualmente
La inquietud del pueblo hizo que el Ejecutivo Bonaerense
desarrollara algunos artilugios con el objetivo de calmar a los
ciudadanos indignados, de modo que envió al Director de Turismo
para que se ocupase de la situación evitando la demolición que
había sido alentada, curiosamente, por el ex ministro de Asuntos
Agrarios, del cual dependía el sector de turismo. Al mejor estilo,
todo lo arreglamos entre nos...
El
2 de febrero de 1980 se aprobó la venta del Hotel al “Frigorífico
Guaraní” de acuerdo con la autorización del Poder Ejecutivo Provincial.
Los flamantes nuevos dueños, dispusieron la rehabilitación del
edificio.
La
esperanza de resurgimiento se instaló entre los ciudadanos. Nuevamente
comenzaron con los trabajos de restauración y construcción, la
gran mole comenzaba a brindar un nuevo aire. Se anunciaron diferentes
proyectos...
Hasta
que en las primeras horas del viernes 8 de julio de 1983, irrumpía
el último aliento de 72 años de historia frustrada y cuando llegó
el cuerpo de bomberos, el fuego había extinguido todo y como únicos
testigos quedaron los árboles y la fría y húmeda madrugada...
El paisaje quedó reducido a escombros y cenizas.
Las
dudas que se tejieron en torno al incendio fueron muchas y muy
variadas; se sostuvo que fue intencional, accidental, que una
chispa escapó de una salamandra encendida y tomó contacto con
la mampostería... La verdad nunca la sabremos... casi una constante
en cuestiones tan ambiguas.
¿A MODO DE CONCLUSIÓN?
Después de tres décadas se liquidó la sociedad, la documentación
nunca pudo ser hallada ¿se perdió? ¡Cuánto desorden!
¿Cuántos negociados se ocultaron tras la obra?
¿Cómo Sara Sangford fue la heredera del complejo hotelero?
¿Y los demás accionistas?
¿Qué fue de ellos?
¿Por qué y para qué la provincia de Buenos Aires decidió su compra?
¿Si el Club Hotel significó un motivo de orgullo para la hotelería
nacional por qué se construyó el Hotel Provincial del Abra en
lugar de restaurar y utilizar las dependencias del anterior?
¿Por qué las autoridades del distrito no se encargaron del cuidado
de un patrimonio del lugar, teniendo en cuenta su valor histórico-cultural-arquitectónico?
¿Por qué nadie denunció a los funcionarios que iniciaron el saqueo?
Todas estas preguntas difícilmente puedan encontrar una respuesta
valedera o una explicación sensata.
Escribe Rubén Benítez en la nota "EL CLUB HOTEL: Símbolo de una insólita
decadencia", publicada en la edición dominical del diario
LA NUEVA PROVINCIA" del 22 de octubre de 1978:
“Lo que el país escribe con la mano, los
malos gobiernos suelen borrarlo con el codo. Si no hubiéramos
padecido tantos ejemplos de esta índole, la frase parecería más
bien una ligera ironía. A veces se utiliza para borrar, la mano,
y entonces surge una historia, una tristísima historia de rapiña.
Y se producen casos que proyectan una sombría imagen de culpabilidad
que nadie asume. El daño inaudito, irreparable, parece ocultar
con su magnitud al autor. Esta es precisamente la historia del
que fuera uno de los hoteles más hermosos del mundo. En vez de
narrarla para reflejar lo que acabamos de decir en el breve preámbulo,
bastaría comparar dos fotografías. Una podría datar de 1911 ó
1916 ó 1940. La otra de ayer o de hace cinco o diez años. A estas
fechas sólo habría que agregarle algunos nombres, ciertos detalles
-por ejemplo quién lo hizo y cómo se destruyó- y muy
poco más. Estaría todo dicho. Y lo que contemplaríamos en realidad
no sería sólo la silueta de un hotel, sino el símbolo de nuestro
país."
Escribimos
sobre una historia más de decadencia, de ausencia de compromiso,
de ignorancia, incertidumbre, vacío. Una historia lamentable.
Pero tan cotidiana como siniestra, tan clara en su oscuridad que
perturba y nos deja como tantas otras veces... impotentes frente
a los que manejan los hilos del poder, cual marionetas vivientes.
El absurdo se presentifica como una verdad irrefutable y las dudas
son sólo eso...dudas.
Actualmente
para ingresar al campo del predio del Ex Club Hotel , es conveniente
llegar en los dos horarios establecidos diariamente para las visitas
guiadas, abonando una módica suma y cuentan que podrá observar
un montón de escombros quemados (¿?).
DEFENSA
DE LA ALEGRÍA
Letra: Mario Benedetti
Música: Juan Manuel Serrat
Defender la alegría como una trinchera
Defenderla del caos y de las pesadillas
De la ajada miseria y de los miserables
De las ausencias breves y las definitivas
Defender la alegría como un atributo
Defenderla del pasmo y de las anestesias
De los pocos neutrales y los muchos neutrones
De los graves diagnósticos y de las escopetas
Defender la alegría como un estandarte
Defenderla del rayo y la melancolía
De los males endémicos y de los académicos
Del rufián caballero y del oportunista
Defender la alegría como una certidumbre
Defenderla a pesar de dios y de la muerte
De los parcos suicidas y de los homicidas
Y del dolor de estar absurdamente alegres
Defender la alegría como algo inevitable
Defenderla del mar y las lágrimas tibias
De las buenas costumbres y de los apellidos
Del azar y también
También de la alegría.
Fuentes
consultadas en la 1ra y 2da parte de la nota:
Archivos
de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Tornquist
Historia
del Ferrocarril del Sud
Historias
del partido. Año 2, Nro. 1
Vecinos
de Sierra de la Ventana
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