| DE
LA RÚA – KIRCHNER
ANÁLISIS DE SUS DISCURSOS
Roberto Samar -Valeria Caudet
Los
discursos analizados son los de la asunción como Presidente de la
Nación ante la Asamblea Legislativa de Fernando De la Rúa el 10
de diciembre de 1999 y de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003.
El
análisis se basa en la teoría de Eliseo Verón expuesta en su texto
"La palabra adversativa – Observaciones sobre la enunciación política”
Cabe
aclarar, que ambos enunciados responden al mismo género discursivo,
el cual podríamos denominar genero de Asunción Presidencial. Por
lo cual las características analizadas son diferencias de estilo.
ANÁLISIS
DE LOS COMPONENTES
En
el plano del componente Descriptivo ambos discursos ponen el acento
en la situación crítica en que se asume la presidencia. Esta característica
la consideramos común al género discursivo de asunción presidencial.
Asimismo,
es comparable en ambos discursos la descripción de una Argentina
inmersa en un marco de pobreza y exclusión.
Sin
embargo, se diferencian en que, De la Rúa se refiere únicamente
a su pasado Menemista, mientras que el actual presidente hace referencia
a los mandatos constitucionales a partir de la década del 80.
Para
ejemplificar esto citamos a ambos presidentes.
De
la Rúa:
"...Hoy
asumo la presidencia de la Nación sin que se haya aprobado el presupuesto
para el año 2000. El gobierno que hoy concluye su gestión vivió
el efecto de años de crecimiento global, reformó el Estado privatizando
empresas públicas; tuvo estabilidad monetaria mediante la convertibilidad
y en rigor debió entregar el país con cuentas ordenadas. En cambio,
hay un enorme déficit presupuestario alejado de la ley de responsabilidad
fiscal votada por este Congreso...”
"...La
pobreza y la exclusión se extendieron de modo dramático y junto
con el desempleo de millones de personas presenta un frente social
de marginación que nos obliga a un enorme esfuerzo para revertir
drásticamente esta situación que exige que nos dediquemos a ella
sin demora...”
Kirchner:
"...No
es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para saber
que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos,
energías malgastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar
seriamente a los dirigentes con sus representados. Al punto de enfrentar
seriamente a los argentinos entre sí...”
"...A
comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento de
las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más
allá del aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas armadas
al poder político. La medida del éxito de aquella etapa histórica
no exigía ir más allá de la preservación del estado de derecho,
la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo. Así se
destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia,
la simple alternancia de distintos partidos en el poder...”
”...En la década de los noventa, la exigencia sumó
la necesidad de la obtención de avances en materia económica, en
particular en materia de control de la inflación...”
”...La medida del éxito de esa política la daban
las ganancias de los grupos más concentrados de la economía, la
ausencia de corridas bursátiles y la magnitud de las inversiones
especulativas, sin que importaran la consolidación de la pobreza
y la condena a millones de argentinos a la exclusión social, la
fragmentación nacional y el enorme e interminable endeudamiento
externo...”
En el marco
del componente didáctico ambos discursos definen como una verdad
de carácter universal, la relación de integración que la Argentina
debe tener con el resto de los países. Cabe aclarar, que De La Rúa
lo plantea desde el lugar de la globalización, mientras que Kirchner
lo hace desde la integración Latinoamericana.
Como modalidad
del saber indiscutible el ex presidente recurre a la educación como
prioridad, mientras que el actual presidente hace hincapié en el
apego a las normas.
En
palabras de De la Rua:
"...La
educación es una prioridad...”
"...En
esta aldea global que es hoy el mundo...”
"...La
globalización es una realidad cuyos riesgos debemos prevenir y que
en lo posible debemos aprovechar con inteligencia. No se trata de
aceptar ciegamente las reglas de un comercio internacional que mientras
declama el ingreso y egreso irrestricto de bienes y servicios crea
barreras paraarancelarias o incorpora subsidios explícitos o disimulados...”
En
términos de Kirchner:
"...La
calidad institucional supone el pleno apego a las normas...”
"...Partidarios
en la política mundial de la multilateralidad como somos, no debe
esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones
serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los
países tienen...”
"...La
integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto
político regional...”
Al
analizar el componente Prescriptivo, observamos que el discurso
del ex presidente es del "orden del deber” porque hace de la moral
de la familia y la escuela una norma imprescindible para todo gobernante.
Por
otro lado, Kirchner da por sobre entendido una valoración negativa
del terrorismo de estado, por lo cual lo interpretamos en el orden
de la necesidad deontológico ya que le da a su subjetividad un carácter
impersonal.
De
la Rúa:
"...El
proyecto sería limitado si se orientase sólo a recuperar las reglas
de moralidad que a todos nos vienen de la familia y de la escuela.
Quienes se hayan apartado o se aparten de esas normas elementales
para todo gobernante o funcionario, serán sometidos a los jueces
de la Nación...”
Kirchner:
"...La
lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles
huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará
dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males
que sufre la humanidad...”
Con
respecto al componente Programático, la propuesta de De la Rúa se
centra en la disminución del "riesgo país” y "del déficit”. Opuesta
a esta mirada podemos observar en el discurso de Kirchner la propuesta
de crear un "capitalismo nacional”, "tener un modelo propio”, es
decir "pensar el mundo en argentino”.
Por
otro lado, encontramos elementos comunes como la igualdad de oportunidades,
combatir el desempleo, la búsqueda de la justicia social y el respeto
a la ley.
De
la Rúa:
"...Hay
que parar el déficit para disminuir el riesgo país y el costo argentino...”
"...Tenemos
que bajar el gasto...”
"...Vamos
a afrontar esta crisis con coraje, vamos a superarla porque así
vamos a crecer y vamos a crear las condiciones de vida dignas para
todos...”
”...Debemos
actuar con la responsabilidad que nos impone la exigencia de una
nueva política donde se ponga el interés general por encima del
interés partidista; el bien del pueblo por encima de la discusión
de las facciones, y los problemas se resuelvan con un sentido de
responsabilidad republicana...”
"...Reducir
el déficit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad,
es abrir paso al crecimiento y la inversión, multiplicar el trabajo
de la gente que es urgente frente al drama del desempleo; mejorar
la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar
los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente...”
"...Nuestra
consigna, la de todos, tiene que ser crear trabajo...”
"...Voy
a terminar con la corrupción y las políticas sociales clientelistas...
"...El
respeto a la ley, a la Justicia y la paz social basada en la igualdad
de oportunidades, serán las bases de nuestro desarrollo...”
Kirchner:
"...Hay
que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno,
con la sociedad...”
"...En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de
reconstruir un capitalismo nacional que genere las alternativas
que permitan reinstalar la movilidad social ascendente...”
”...Queremos
recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que
nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia
la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más
justa....”
"...Una sociedad como la que queremos promover debe basarse en el
conocimiento y en el acceso de todos a ese conocimiento...”
"...Terminaremos
con la Argentina donde el hilo se corta por lo más delgado y en
eso actuaremos con energía, porque no es posible una economía sin
esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos si no hay
cumplimiento impositivo...”
"...El
crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las inversiones,
tanto para atender el mercado interno como a las exportaciones...”
”...Pensando
el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional
que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos,
por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner
manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria...”
DESTINATARIOS
Y ELEMENTOS DEL DISCURSO
| De
la Rúa |
Kirchner |
| -
Alterna la primera del singular y la primera persona del
plural a lo largo de todo el discurso. |
-
Enuncia su discurso en primera persona del plural, mientras
que en el final del discurso habla en primera persona del
singular. (*) |
| -
El contradestinatario es el Menemismo, pero no lo hace explicito. |
-
El contra destinatario es la política tradicional. |
| -
Los Paradestinatarios son los Gobernadores y Legisladores
a quienes busca seducir. |
-
El Paradestinatarios es el pueblo argentino en general. |
| -
Se refiere a la "gente”. Como personas aisladas. |
-
Se refiere al "pueblo” como colectivo. (no utiliza en ningún
momento el termina "gente”) (**) |
| -
Hace hincapié en la lucha contra la "corrupción”. |
-
Hace hincapié en la lucha contra la "impunidad”. |
Cabe
aclarar que ninguno de los dos dirigentes utiliza términos partidarios
ni les habla únicamente a sus militantes o afiliados. Si no que
ambos le enuncian a un colectivo de identificación más amplio con
la finalidad de ampliar sus bases de consenso social.
(*)
Kirchner al cerrar su discurso utilizando la primera persona del
singular, por lo cual transmite la sensación de que no nos está
hablando Kirchner el político sino Kirchner el hombre. Es decir
le da un carácter más humano, de hombre común, a su enunciación.
(**)
La palabra "pueblo” utilizada por Kirchner remite al discurso peronista,
en el cual se recurría repetidas veces a este concepto.
ANÁLISIS
DE LAS ENTIDADES
COLECTIVO
DE IDENTIFICACIÓN
Según
Verón, el colectivo de identificación esta marcado por el "nosotros”
en el plano enunciativo y "es el fundamento de la relación que el
discurso construye entre el enunciador y prodestinatario”.
De
la Rúa:
Se
manifiesta la utilización de un nosotros que remite al oficialismo
y sus adeptos. Sin embargo, no se evidencia ninguna referencia a
un nosotros los radicales, ni nosotros los aliancistas. De la Rúa
busca no categorizar su colectivo.
Por
ejemplo: "...El
problema es de todos. No se trata del gobierno entrante o del gobierno
saliente, del oficialismo o de la oposición...”
Kirchner:
Utiliza
un nosotros que puede interpretarse como haciendo referencia a una
militancia setentista. Como puede deducirse en la siguiente frase:
"...Actuaremos
como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres
comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo
con dedicación las grandes responsabilidades que en representación
del pueblo se nos confieren... "
OTROS
COLECTIVOS
Permanentemente ambos enunciadotes hacen referencia a colectivos
más amplios que los colectivos de identificación, ya que les hablan
a los "ciudadanos” y/o los "argentinos”.
De
la Rúa: "...más
empleo para los argentinos...”
Kirchner:
"...este
proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de
los ciudadanos argentinos...”
META
COLECTIVOS SINGULARES
En
palabras de Verón, estos Meta Colectivos son "Singulares, porque
no admiten la cuantificación y difícilmente la fragmentación; metacolectivos,
porque son más abarcadores que los colectivos propiamente políticos.”
(1)
Ambos
dirigentes utilizan en reiteradas oportunidades los términos Argentina,
Nación, País y República. Sin embargo, De la Rúa utiliza en la mayoría
de los casos el termino país, mientras que el actual presidente
utiliza más cantidad de metacolectivos singulares, y a su vez en
particular mayor cantidad de veces el término Argentina. Consideramos
que esto se debe, de acuerdo al contexto social que se vivía, a
la búsqueda de una recuperación de la identidad nacional.
De
la Rúa: "...Debemos
construir un país para las generaciones presentes...”
Kirchner:
"...Para
ayudarnos mutuamente a construir una Argentina que nos contenga
y nos exprese como ciudadanos...”
Esta
diferencia no es casual, ya que el término "país” no está arraigado
a nuestra identidad nacional como "Argentina”. La palabra "país”
es adaptable casi a cualquier contexto, lugar o circunstancia; mientras
que Argentina remite únicamente a la Argentinidad.
FORMAS
NOMINALIZADAS
Consideramos
que las siguientes frases muestran cualidades generales de las propuestas.
Según Verón (1), "La función específica de estas entidades es de
poseer un valor metafórico”:
De
la Rúa:"...Un
gran país, donde la honestidad, el trabajo y la paz sean los fundamentos...”
Kirchner:
"...Una
Argentina con todos y para todos...”
FORMAS
NOMINALES
Las
siguientes palabras, en los discursos analizados poseen "poder explicativo”
(1).
De
la Rúa: "...La
corrupción...”
Kirchner:
"...La
crisis...”
HUELLAS
:Marcas en el discurso de De la Rúa
Huellas
del discurso Menemista
"...Cuando
hay que cubrir un bache del orden de los 10.000 millones de pesos,
no se puede decir alegremente que hay cuentas ordenadas. La situación
es peor que la anunciada, más grave que la informada por el gobierno
saliente, que habla de un orden financiero que en rigor no existe...”
"...La
paradoja es que los responsables del déficit, en vez de sanearlo,
cuestionan el llamado a un esfuerzo compartido...”
"...Aunque
las discusiones fueron ásperas, hay un paso importante que se ha
dado...”
Marcas
en el discurso de Kirchner
Huella
del discurso de la Alianza al llegar al poder:
"...Se
intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales;
el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos
de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas
fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de
una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos
intereses..."
Huella del discurso del
Alfonsinismo:
"...Rechazamos
de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que
algunos pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de
impunidad...”
Huellas del discurso
del ex Ministro Aliancista Cavallo:
"...A
contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno estará
en el centro de nuestra estrategia de expansión...”
"...No
se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión
de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad
social...”
Huella del discurso de
Adolfo Rodríguez Saa
"...No
somos el proyecto del default...”
CONCLUSIÓN
(2)
De
la Rúa
Al
no realizar transformaciones en los aspectos sociales y económicos
de fondo, De la Rúa se vio obligado a discutir únicamente con el
Menemismo, ya que sólo con el podía polemizar en el aspecto de la
"Corrupción”.
Asimismo,
recurrió al concepto "globalización” que remite a las exigencias
del Fondo Monetario Internacional y a la especulación financiera.
En el mismo orden de cosas, utiliza el concepto "gente”, el cual
remite a individuos aislados (desorganizados).
Con
respecto al componente Programático, la propuesta de De la Rúa se
centra en la disminución del "riesgo país” y "del déficit”; las
cuales son categorías instaladas por los grupos de la economía especuladora
y financiera.
En
el plano Prescripivo hace de la moral de la familia y la escuela
una norma imprescindible para todo gobernante.
Kirchner
Utiliza
el concepto "pueblo”, el cual se liga en general al peronismo, y
en particular a un colectivo unificado. En esa línea de pensamiento,
recurre al hablar del mundo enfatiza en la reivindicación de "Latinoamérica”,
lo cual automáticamente lo distancia de Estados Unidos y Europa.
Kirchner,
a la hora de polemizar con el pasado discute con los gobiernos democráticos
desde la década del 80 hasta la fecha, insertando su gobierno en
un marco histórico más amplio.
En
el aspecto del componente Programático, la propuesta de crear un
"capitalismo nacional”, "tener un modelo propio”, es decir "pensar
el mundo en argentino”.
En
base a lo expuesto se puede observar desde lo discursivo, la búsquedas
de Argentinas distintas. Una que siendo de otra fuerza partidaria,
no pudo romper estructuralmente el discurso económico e ideológico
"Menemista”, y otra intentando generar nuevos caminos, orientados
desde "el pueblo argentino” y mirando hacia lo "latinoamericano”.
ANEXO
1: Texto completo del discurso de Kirchner en el Congreso
Señores jefes de Estado, su Alteza Real, señores jefes de Gobierno,
señores representantes de gobiernos extranjeros, invitados especiales,
que nos honran con su presencia en este lugar, señores miembros
del Congreso reunido en Asamblea, ciudadanas y ciudadanos presentes,
querido pueblo argentino:
En este acto, que en los términos del artículo 93 de la Constitución
de la Nación tiene por finalidad la toma de posesión del cargo de
Presidente de la Nación Argentina, para el que he sido electo, creo
que es necesario poder compartir con ustedes algunas reflexiones,
expresando los objetivos de gobierno y los ejes directrices de gestión,
para que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia dónde vamos,
y cada uno pueda a su vez aportar su colaboración para la obtención
de los fines que los argentinos deberemos imponernos por encima
de cualquier divisa partidaria.
Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación
que superen los discursos individuales de oposición. En los países
civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios
discuten y disienten cooperando. Por eso los convocamos a inventar
el futuro. Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto
a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas
de Estado a largo plazo, para de esa manera crear futuro y generar
tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos
ir o volver.
El 27 de abril las ciudadanas y los ciudadanos de nuestra Patria,
en ejercicio de la soberanía popular, se decidieron por el avance
decidido hacia lo nuevo. Dar vuelta una página de la historia no
ha sido mérito de uno o varios dirigentes. Ha sido, ante todo, una
decisión consciente y colectiva de la ciudadanía argentina.
El pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio.
En el nivel de participación de aquella jornada se advierte que,
pensando diferente y respetando las diversidades, la inmensa y absoluta
mayoría de los argentinos queremos lo mismo aunque pensemos distinto.
No es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para
saber que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos,
energías malgastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar
seriamente a los dirigentes con sus representados. Al punto de enfrentar
seriamente a los argentinos entre sí.
En esas condiciones debe quedarnos absolutamente claro que en la
República Argentina, para poder tener futuro y no repetir nuestro
pasado, necesitamos enfrentar con plenitud el desafío del cambio.
Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política
ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural
y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro.
No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido
un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa
en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el contrario,
de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que se
analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país.
A comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento
de las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban
más allá del aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas
armadas al poder político. La medida del éxito de aquella etapa
histórica no exigía ir más allá de la preservación del estado de
derecho, la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo.
Así se destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia,
la simple alternancia de distintos partidos en el poder.
En la década de los noventa, la exigencia sumó la necesidad de la
obtención de avances en materia económica, en particular en materia
de control de la inflación.
La medida del éxito de esa política la daban las ganancias de los
grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas
bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas, sin que
importaran la consolidación de la pobreza y la condena a millones
de argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y
el enorme e interminable endeudamiento externo.
Así, en una práctica que no debe repetirse, era muy difícil distinguir
la solución pragmática de la cirugía sin anestesia.
Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados
electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones
de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto
que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en
términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con
aquellos mismos intereses.
El resultado no podía ser otro que el incremento del desprestigio
de la política y el derrumbe del país.
En este nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas
deberá medirse bajo otros parámetros, en orden a nuevos paradigmas.
Debe juzgárselas desde su acercamiento a la finalidad de concretar
el bien común, sumando al funcionamiento pleno del estado de derecho
y la vigencia de una efectiva democracia, la correcta gestión del
gobierno y el efectivo ejercicio del poder político nacional en
cumplimiento de transparentes y racionales reglas, imponiendo la
capacidad reguladora del Estado ejercida por sus organismos de contralor
y aplicación.
El cambio implica medir el éxito o el fracaso de la dirigencia desde
otra perspectiva. Discursos, diagnósticos sobre las crisis, no bastarán
ni serán suficientes. Se analizarán conductas y los resultados de
las acciones. El éxito se medirá desde la capacidad y la decisión
y la eficacia para encarar los cambios.
Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de
gestionar el Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes,
grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados
y su consecuencia, la desilusión constante, la desesperanza permanente.
En esta nueva lógica, que no sólo es funcional sino también conceptual,
la gestión se construye día a día, en el trabajo diario, en la acción
cotidiana, que nos permitirán ir mensurando los niveles de avance.
Un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios,
sino por las acciones de sus equipos.
Deben encararse los cambios con decisión y coraje, avanzando sin
pausas, pero sin depositar la confianza en jugadas mágicas o salvadoras,
ni en genialidades aisladas. Se trata de cambiar, no de destruir.
Se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar
las diversidades sin anularlas. Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo
plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios.
Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno,
con la sociedad.
Por eso nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro
y sólo porque se declame. Un cambio que pueda consolidarse necesitará
de la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten
cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese
cambio. Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea
puede cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar
activamente en ese cambio.
Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias
y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto
nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda
contribuirse a una finalidad común.
En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir
un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan
reinstalar la movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse
al mundo. No es un problema de nacionalismo ultramontano, sino de
inteligencia, observación y compromiso con la Nación. Basta ver
cómo los países más desarrollados protegen a sus productores, a
sus industrias y a sus trabajadores.
Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social,
donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre
la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo.
Para eso es preciso promover políticas activas que permitan el desarrollo
y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos puestos
de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso. Como
se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, es que
la presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud
política.
Por supuesto, no se trata de poner en marcha una vez mas movimientos
pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y aplastante de
la actividad privada, a un Estado desertor y ausente, para retornar
continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una auténtica
manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y necesarios
equilibrios.
Se trata de tener lo necesario para nuestro desarrollo, en una reingeniería
que nos permita contar con un Estado inteligente.
Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social
que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia
la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más
justa.
Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula
socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde
el mercado excluye y abandona.
Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades
sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades
a partir del fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación,
la salud, y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en
el esfuerzo y el trabajo de cada uno.
Es
el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales,
protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir,
los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y
los consumidores.
Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres
y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias
asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación
del pueblo se nos confieren.
Estamos dispuestos a encarar junto a la sociedad todas las reformas
necesarias y para ello también utilizaremos los instrumentos que
la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar
la voluntad popular. Vamos a apoyarnos en la Constitución para construir
una nueva legitimidad de las leyes, que vaya más allá de la prepotencia
del más fuerte. Un Estado no puede tener legitimidad si su pueblo
no ratifica el fundamento primario de sus gobernantes. De la misma
manera que luchamos contra la pobreza económica tendremos una conducta
sin dobleces para impedir la pobreza cívica. Sólo cuando el gobierno
se desentiende del pueblo es que toda la sociedad empobrece, no
sólo económicamente sino moral y culturalmente.
Somos conscientes de que ninguna de esas reformas será productiva
y duradera si no creamos las condiciones para generar un incremento
de la calidad institucional.
La calidad institucional supone el pleno apego a las normas, en
una Argentina que por momentos aparece ante el mundo como un lugar
donde la violación de las leyes no tiene castigo legal ni social.
A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad jurídica
debe ser para todos, no sólo para los que tienen poder o dinero.
No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos
de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción
y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones sobre
la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas.
Rechazamos de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad
que algunos pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo
de impunidad. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de acuerdos
oscuros, manipulación política de las instituciones o pactos espurios
a espaldas de la sociedad.
Este
combate es una tarea conjunta del Poder Ejecutivo, el Congreso y
el Poder Judicial, pero también de la sociedad porque no podemos
ignorar que es de esa misma sociedad de donde provienen los hombres
y mujeres que integran las instituciones públicas y privadas.
Cambio responsable, calidad institucional, fortalecimiento del rol
de las instituciones con apego a la Constitución y a la ley y fuerte
lucha contra la impunidad y la corrupción deben presidir no sólo
los actos del gobierno que comenzaremos sino toda la vida institucional
y social de la República.
Queremos ser la generación de argentinos que reinstale la movilidad
social ascendente, pero que también promueva el cambio cultural
y moral que implica el respeto a las normas y a las leyes.
En este marco conceptual queremos expresar los ejes directrices
en materia de relaciones internacionales, manejo de la economía,
los procesos de la salud, la educación, la contención social a desocupados
y familias en riesgo y los problemas que plantean la seguridad y
la justicia en una sociedad democrática.
Profundizar la contención social a las familias en riesgo, garantizando
subsidios al desempleo y asistencia alimentaria. Consolidando una
verdadera red federal de políticas sociales integrales para que
quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza puedan tener
acceso a la educación, la salud pública y la vivienda.
Reinstalar la movilidad social ascendente que caracterizó a la República
Argentina requiere comprender que los problemas de la pobreza no
se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas
económicas. Sabemos que hay que corregir errores y mejorar métodos
en la forma de asignación de la ayuda social. Pero es imprescindible
advertir que la tragedia cívica del clientelismo político no es
producto de la asistencia social como gestión del Estado, sino de
la desocupación como consecuencia de un modelo económico. En nuestro
país la aparición de la figura del cliente político es coetánea
con la del desocupado. Mientras en la República Argentina hubo trabajo,
nadie fue rehén de un dirigente partidario.
Al drama de la desaparición del trabajo y el esfuerzo como el gran
articulador social, se sumó el derrumbe de la educación argentina.
No hay un factor mayor de cohesión y desarrollo humano que promueva
más la inclusión que el aseguramiento de las condiciones para el
acceso a la educación, formidable herramienta que construye identidad
nacional y unidad cultural, presupuestos básicos de cualquier país
que quiera ser Nación.
Una sociedad como la que queremos promover debe basarse en el conocimiento
y en el acceso de todos a ese conocimiento. La situación de la educación
argentina revela dos datos vinculados a su problema central, que
es la calidad de la enseñanza. Por un lado, una creciente anarquía
educativa, y por el otro, la crisis de los sistemas de formación
docente. Ambos afectan severamente la igualdad educativa. El último
sistema nacional de formación docente fue el de nuestras viejas
y queridas maestras normales. Criticado por enciclopedista, memorista
y repetitivo, pero nuestra generación fue la última formada en esa
escuela pública y la calidad de la educación era superior a la que
hoy tenemos.
Aquel
viejo sistema no fue suplantado por otro. Por si esto fuera poco,
se le agregó con muy buena intención, pero con resultado dudoso,
lo que quiso ser la federalización de la educación. Se trató de
lograr autonomía, objetivo con el que estamos de acuerdo, pero se
terminó en un grado cierto de anarquía en los contenidos curriculares
y en los sistemas funcionales. La igualdad educativa es, para nosotros,
un principio irrenunciable, no sólo como actitud ética sino esencialmente
como responsabilidad institucional. Debemos garantizar que un chico
del Norte argentino tenga la misma calidad educativa que un alumno
de la Capital Federal.
Es correcto que las provincias dirijan y administren el sistema
de prestación del servicio educativo, pero el Estado nacional debe
recuperar su rol en materia de planificación y contenidos de la
educación y sistemas de formación y evaluación docente. Garantizar
la igualdad educativa de norte a sur es aportar a la formación de
una verdadera conciencia e identidad nacional.
En el campo de la salud, el Estado asumirá un rol articulador y
regulador de la salud pública integral sumando los esfuerzos de
los subsectores públicos provinciales y nacionales, privados y de
obras sociales, orientado a consolidar las acciones que posibiliten
generar accesibilidad a las prestaciones médicas y a los medicamentos
para toda la población.
La ley de prescripción por el nombre genérico de los medicamentos
recientemente reglamentada será aplicada con todo vigor y el Programa
Remediar, de gratuita distribución de medicamentos ambulatorios,
continuará.
Es objetivo de gobierno concretar un Sistema Nacional de Salud,
que se consolidará en una red en la que el hospital público será
un eje referencial, con los demás centros de salud, públicos o privados,
para ser pilares estratégicos de la atención primaria de salud,
integrándose con las políticas de contención social para avanzar
en la tarea de prevención.
El objetivo de dar salud a los argentinos impone que se asuman políticas
de Estado que sean impermeables a las presiones interesadas, por
poderosas que sean, provengan de donde provengan.
Entre los fundamentales e insustituíbles roles del Estado ubicamos
los de ejercer el monopolio de la fuerza y combatir cualquier forma
de impunidad del delito, para lograr seguridad ciudadana y justicia
en una sociedad democrática en la que se respeten los derechos humanos.
El cumplimiento estricto de la ley que exigiremos en todos los ámbitos
debe tener presente las circunstancias sociales y económicas que
han llevado al incremento de los delitos en función directa del
crecimiento de la exclusión, la marginalidad y la crisis que recorren
todos los peldaños de la sociedad.
Pero también hay que comprender que, como sociedad, hace tiempo
que carecemos de un sistema de premios y castigos. En lo penal,
en lo impositivo, en lo económico, en lo político, y hasta en lo
verbal, hay impunidad en la Argentina. En nuestro país, cumplir
la ley no tiene premio ni reconocimiento social.
En materia de seguridad no debe descargarse sólo sobre la policía
la responsabilidad de la detección de las situaciones de riesgo
que sirven de base al desarrollo de la delincuencia. Son el Estado
y la sociedad en su conjunto los que deben actuar participativa
y coordinadamente para la prevención, detección, represión y castigo
de la actividad ilegal.
Una sociedad con elevados índices de desigualdad, empobrecimiento,
desintegración familiar, falta de fe y horizontes para la juventud,
con impunidad e irresponsabilidad, siempre será escenario de altos
niveles de inseguridad y violencia. Una sociedad dedicada a la producción
y proveedora de empleos dignos para todos resultará un indispensable
apoyo para el combate contra el delito.
Para comprender la problemática de la seguridad y encontrar soluciones
no sólo se debe leer el Código Penal, hay que leer también la Constitución
Nacional en sus artículos 14 y 14 bis, cuando establecen como derechos
de todos los habitantes de la Nación el derecho al trabajo, a la
retribución justa, a las condiciones dignas y equitativas de labor,
a las jubilaciones y pensiones móviles, al seguro social obligatorio,
a la compensación económica familiar y al acceso a una vivienda
digna, entre otros.
El Estado debe ser esclavo de la ley para enfrentar el delito, pero
no puede aceptar extorsiones de nadie, ni de quienes aprovechan
una posición de fuerza en cualquiera de los poderes del Estado o
en la economía, ni de quienes usan la necesidad de los pobres para
fines partidistas.
La paz social, el respeto a la ley, a la defensa de la vida y la
dignidad son derechos inalienables de todos los argentinos.
El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común,
sea de mafias organizadas.
Gobernabilidad es garantizar la prestación de un servicio de justicia
próximo al ciudadano, con estándares de rendimiento, de eficiencia
y de equidad que garanticen una real seguridad jurídica para todos
los habitantes, cualquiera que sea su estatus económico o social
En el plano de la economía es donde más se necesita que el Estado
se reconcilie con la sociedad. No puede ser una carga que termine
agobiando a todas las actividades, ni igualándolas hacia abajo con
políticas de ajuste permanente a los que menos tienen.
El objetivo básico de la política económica será el de asegurar
un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad
y del empleo constante, sin las muy fuertes y bruscas oscilaciones
de los últimos años.
El resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada quince años,
y una distribución tal que asegure una mejor distribución del ingreso
y, muy especialmente, que fortalezca nuestra clase media y que saque
de la pobreza extrema a todos los compatriotas.
Para alcanzar tales objetivos respetaremos principios fundamentales
que ayuden a consolidar lo alcanzado y permitan los avances necesarios.
La sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse.
El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación
y eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas
públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental.
El
país no puede continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento
permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control,
haciendo correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando
a los sectores de menores ingresos.
Ese
equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares:
gasto controlado y eficiente e impuestos que premien la inversión
y la creación de empleo y que recaigan allí donde hay real capacidad
contributiva.
Mantenimiento del equilibrio fiscal y trajes a rayas para los grandes
evasores, en la seguridad de que si imponemos correctamente a los
poderosos el resto del país se disciplinará.
Terminaremos con la Argentina donde el hilo se corta por lo más
delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es posible una
economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos
si no hay cumplimiento impositivo. Quien no cumple sus obligaciones
impositivas le resta posibilidades de ascenso social a los demás.
La evasión es la contracara de la solidaridad social que exigiremos.
Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos,
con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos
roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración,
gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso social, y competitividad.
Con equilibrio fiscal, la ausencia de rigidez cambiaria, el mantenimiento
de un sistema de flotación con política macroeconómica de largo
plazo determinada en función del ciclo de crecimiento, el mantenimiento
del superávit primario y la continuidad del superávit comercial
externo, nos harán crecer en función directa de la recuperación
del consumo, de la inversión y de las exportaciones.
Sabemos que la capacidad de ahorro local y, por ende, el financiamiento
local, es central en todo proceso de crecimiento sostenido. Ello
requiere estabilidad de precios, entidades financieras sólidas y
volcadas a prestar al sector privado -personas y empresas-, con
eficiencia operativa y tasas razonables.
El desarrollo del mercado de capitales con nuevos instrumentos,
con trasparencia, con seguridad, es fundamental para recuperar la
capacidad de ahorro y para alejarnos definitivamente de las crisis
financieras internas que en los últimos 20 años han golpeado fuertemente
y por tres veces a los ahorristas y depositantes.
Los fondos externos deben ser complementarios a este desarrollo
de los mercados locales y su gran atractivo está ligado a que sean
fondos de inversión extranjera directa -inversión productiva-, que
no sólo aportan recursos sino también traen aparejado progresos
en la tecnología de procesos y productos.
Nuestro país debe estar abierto al mundo, pero abierto al mundo
de una manera realista, dispuesto a competir en el marco de políticas
de preferencia regional -fundamentalmente a través del Mercosur-,
y de políticas cambiarias flexibles acorde a nuestras productividades
relativas y a las circunstancias del contexto internacional.
El crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las
inversiones, tanto para atender el mercado interno como a las exportaciones.
A contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno
estará en el centro de nuestra estrategia de expansión.
Precisamente para cumplir con esta idea de consumo en permanente
expansión, la capacidad de compra de nuestra población deberá crecer
progresivamente por efecto de salarios, por el número de personas
trabajando y por el número de horas trabajadas.
Esas tres variables juntas definen la masa de recursos que irán
al consumo y al ahorro local y su evolución no puede ser fruto de
una fantasía o de puro voluntarismo.
En nuestro proyecto nacional trabajaremos de la única manera seria
que es crear un círculo virtuoso donde la masa de recursos crece
-crece si la producción crece- y la producción aumenta si también
lo hace la masa de recursos.
Avanzaremos
simultáneamente en forma cuidadosa y progresiva creando las condiciones
para producir más y distribuir lo que efectivamente se produzca.
Nuestras mejores posibilidades se ubican en torno al avance de la
calidad institucional en el marco de una economía seria y creíble.
Trabajando en torno a estos principios, sin espectacularidades ni
brusquedad en el cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier
país normal del mundo, podremos cumplir con los objetivos y cumplir
hacia adentro y hacia fuera con nuestras obligaciones y compromisos.
Acortando los plazos, el Estado se incorporará urgentemente como
sujeto económico activo, apuntando a la terminación de las obras
públicas inconclusas, la generación de trabajo genuino y la fuerte
inversión en nuevas obras.
No
se tratará de obras faraónicas, apuntaremos más a cubrir las necesidades
de vivienda y de infraestructura en sectores críticos de la economía
para mejorar la calidad de vida y a perfilar un país mas competitivo,
distribuyendo la inversión con criterio federal y desarrollando
nuestro perfil productivo.
Tenemos que volver a planificar y ejecutar obra pública en la Argentina,
para desmentir con hechos el discurso único del neoliberalismo que
las estigmatizó como gasto público improductivo. No estamos inventando
nada nuevo, los Estados Unidos en la década del treinta superaron
la crisis económico financiera más profunda del siglo de esa manera.
La construcción intensiva de viviendas, las obras de infraestructura
vial y ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria,
educativa y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia
de industria agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas
tecnologías, transportes, y generará puestos de trabajo genuinos.
Produciremos cambios en el sistema impositivo para tornarlo progresivo,
lo que permitirá luego reducir alícuotas en función de la mejora
en la recaudación, ampliada como quedará la base imponible y eliminadas
que sean las exenciones no compatibles con la buena administración.
Eso nos dará solidez y solvencia fiscal.
Forma parte de nuestra decisión cumplimentar con aquello que fue
mandato constitucional del '94 y que lamentablemente hasta hoy no
se ha cumplido. Darnos una nueva ley de coparticipación federal
no sólo implica nueva distribución y nuevas responsabilidades sino
el diseño de un nuevo modelo de país.
No se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento.
No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión
de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad
social. La inviabilidad de ese viejo modelo puede ser advertida
hasta por los propios acreedores, que tienen que entender que sólo
podrán cobrar si a la Argentina le va bien.
Este modelo de producción, trabajo y crecimiento sustentable y con
reglas claras, generará recursos fiscales, solvencia macroeconómica
y sustentabilidad fiscal creando las condiciones para generar nuevo
y mayor valor agregado. Tiene además que permitir negociar con racionalidad
para lograr una reducción de la deuda externa.
Este gobierno seguirá principios firmes de negociación con los tenedores
de deuda soberana en actual situación de default, de manera inmediata
y apuntando a tres objetivos: la reducción de los montos de deuda,
la reducción de las tasas de interés y la ampliación de los plazos
de madurez y vencimiento de los bonos.
Sabemos que nuestra deuda es un problema central. No se trata de
no cumplir, de no pagar. No somos el proyecto del default. Pero
tampoco podemos pagar a costa de que cada vez más argentinos vean
postergados su acceso a la vivienda digna, a un trabajo seguro,
a la educación de sus hijos, o a la salud.
Creciendo nuestra economía crecerá nuestra capacidad de pago.
En materia de defensa, actuaremos con un concepto integral de la
defensa nacional, integrando la contribución de la acción de nuestras
fuerzas armadas en pro del desarrollo, trabajando para su modernización
e impulsando la investigación científico tecnológica en coordinación
con otros organismos gubernamentales, para que, sin apartarse de
su actividad principal puedan contribuir al bienestar general de
la población.
Queremos a nuestras fuerzas armadas altamente profesionalizadas,
prestigiadas por el cumplimiento del rol que la Constitución les
confiere y por sobre todas las cosas, comprometidas con el futuro
y no con el pasado.
Desde este proyecto nacional la República Argentina se integrará
al mundo dando pasos concretos hacia consensos políticos basados
en el fortalecimiento del derecho internacional, el respeto a nuestras
convicciones, la historia y las prioridades nacionales.
Partidarios en la política mundial de la multilateralidad como somos,
no debe esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones
serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los
países tienen.
Nuestra prioridad en política exterior será la construcción de una
América Latina políticamente estable, próspera y unida con base
en los ideales de democracia y justicia social.
Venimos desde el Sur de la Patria, desde la tierra de la cultura
malvinera y de los hielos continentales, y sostendremos inclaudicablemente
nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.
El Mercosur y la integración latinoamericana deben ser parte de
un verdadero proyecto político regional. Nuestra alianza estratégica
con el Mercosur, que debe profundizarse hacia otros aspectos institucionales
que deben acompañar la integración económica, y ampliarse abarcando
a nuevos miembros latinoamericanos, se ubicará entre los primeros
puntos de nuestra agenda regional.
Una relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América
y los Estados que componen la Unión Europea es lo que debe esperarse
de nosotros. El estrechamiento de vínculos con otras naciones desarrolladas
y con grandes naciones en desarrollo del oriente lejano, y una participación
en pro de la paz y la obtención de consensos en ámbitos como la
Organización de las Naciones Unidas para que efectivamente se comprometa
con eficacia en la promoción del desarrollo social y económico ayudando
al combate contra la pobreza.
La lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y
horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino,
nos encontrará dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre
los males que sufre la humanidad.
La inserción comercial de la Argentina ocupa un lugar central en
la agenda de gobierno. Consolidar la política comercial como una
política de Estado permanente que trascienda la duración de los
mandatos de gobierno y cuente con la concurrencia del sector privado,
de la comunidad académica y de la sociedad civil en general, será
un objetivo estratégico de primer orden de esta administración.
Profundizar la estrategia de apertura de mercados, incrementar sustancialmente
nuestro intercambio con el resto del mundo. Diversificar exportaciones
hacia bienes con mayor valor agregado. Desconcentrar las ventas
por destino y multiplicar el número de exportadores de modo que
los beneficios del comercio exterior se derramen sobre todas las
ramas productivas.
La apertura masiva de nuevos mercados exige la negociación simultánea
y permanente en todos los foros de negociación que involucren a
nuestro país.
Finalmente, no se trata de agotar en estas líneas la totalidad de
los cursos de acción que seguiremos. No creemos en los catálogos
de buenas intenciones. Queremos expresar el sentido y la dirección
de las cosas que haremos.
Se trata de abordar de una manera distinta los principales temas,
identificando adecuadamente los verdaderos problemas de la agenda
social con la finalidad de que el conjunto sepa cómo ayudar, cómo
sumar, cómo ayudar a corregir.
Pensando el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto
nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos
argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios,
a poner manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria.
Sabemos que estamos ante un final de época. Atrás quedó el tiempo
de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos.
La Argentina contemporánea se deberá reconocer y refundar en la
integración de equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la
convocatoria transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento
de objetivos comunes.
Tenemos
testimonios de gestión y resultados. Somos parte de esta nueva generación
de argentinos que en forma abierta y convocante, y desde la propuesta
de un modelo argentino de producción, trabajo y crecimiento sustentable
llama al conjunto social para sumar, no para dividir. Para avanzar
y no para retroceder. En síntesis, para ayudarnos mutuamente a construir
una Argentina que nos contenga y nos exprese como ciudadanos.
Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a la creatividad, para que nos
hagamos cargo de nuestro futuro, para que concretemos los cambios
necesarios para forjar un país en serio, un país normal, con esperanza
y con optimismo.
Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas
ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y
convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de
la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se
cambia convicción por pragmatismo.
Eso
constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé
toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien.
Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores
y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras
propias equivocaciones.
Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico
y desafío actual de gestión.
Con la ayuda de Dios seguramente se podrá iniciar un nuevo tiempo,
que nos encuentre codo a codo en la lucha por lograr el progreso
y la inclusión social, poniéndole una bisagra a la historia
Con mis verdades relativas -en las que creo profundamente- pero
que sé, se deben integrar con las de ustedes para producir frutos
genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré
cheques en blanco.
Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia
identidad como pueblo y como Nación.
Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad
y la justicia.
Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina
con todos y para todos.
Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas
fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra
generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales.
Porque yo sé y estoy convencido que en esta simbiosis histórica
vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos.
Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero
una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además
quiero también un país más justo.
Anhelo que por este camino se levante a la faz de la tierra una
nueva y gloriosa Nación. La nuestra.
Muchas gracias. Viva la Patria
ANEXO
2: Texto completo del discurso de De la Rúa
en el Congreso
Señor vicepresidente de la Nación; señor presidente de esta Honorable
Asamblea; señor presidente de la Honorable Cámara de Diputados;
autoridades de ambas cámaras y de los poderes de la Nación; ilustres
presidentes; altezas reales y representantes de la Santa Sede y
de los pueblos y gobiernos que nos visitan; señor ex presidente
constitucional de la Nación doctor Raúl Alfonsín; señores gobernadores
y señor jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; señor nuncio;
señores miembros del cuerpo diplomático; señores ministros y funcionarios;
autoridades civiles, militares y eclesiásticas; señores senadores
y diputados; pueblo de mi patria; en cumplimiento del mandato constitucional,
que en la República es el mandato del pueblo, invocando la ayuda
de Dios y con la compañía siempre solidaria de mi familia, asumo
hoy ante el Honorable Congreso el cargo de presidente de la Nación
Argentina.
Más
allá del honor y la emoción del destino personal, es mi responsabilidad
interpretar la expresión del pueblo soberano. Estoy convencido de
que su pronunciamiento no lo ha determinado sólo una victoria electoral
sino que es la expresión de un acto de libertad que simboliza el
anhelo de un cambio profundo.
Concluye
una etapa, comienza un nuevo ciclo, iniciamos un nuevo camino. En
la incesante marcha de la historia, ese camino no es una encrucijada
sino una ruta firme hacia una nueva sociedad ética, solidaria y
progresista.
No
vengo a emprolijar modelos, sino a que entre todos luchemos por
un país distinto.
El
24 de octubre los argentinos expresamos una firme vocación de cambio.
Ese cambio supone en primer término una estricta vigencia de los
valores que deben estar necesariamente vinculados al estilo de gestión
de los intereses públicos.
La transparencia, la
honestidad, la austeridad, la lucha permanente contra cualquier
forma de corrupción, la convicción profunda de servir a la gente
y no a sí mismo o a grupos privilegiados a la sombra del poder será
un presupuesto insoslayable de mi gestión. Desde el presidente de
la Nación hasta el último agente del Estado, la vigencia de estos
principios es el punto de partida para el nuevo camino.
Pero
el proyecto sería limitado si se orientase sólo a recuperar las
reglas de moralidad que a todos nos vienen de la familia y de la
escuela. Quienes se hayan apartado o se aparten de esas normas elementales
para todo gobernante o funcionario, serán sometidos a los jueces
de la Nación (aplausos).
Conozco
profundamente a mi país y a nuestra gente. Y por eso sé del deseo
profundo de los argentinos de ser parte de un país decente, altruista
y solidario. Debemos movilizar esa enorme reserva moral para que
nos guíe hacia el futuro. Y el primer deber es decirnos la verdad,
con honradez y con respeto, y decirle al pueblo las cosas como son.
Hoy
asumo la presidencia de la Nación sin que se haya aprobado el presupuesto
para el año 2000. El gobierno que hoy concluye su gestión vivió
el efecto de años de crecimiento global, reformó el Estado privatizando
empresas públicas; tuvo estabilidad monetaria mediante la convertibilidad
y en rigor debió entregar el país con cuentas ordenadas. En cambio,
hay un enorme déficit presupuestario alejado de la ley de responsabilidad
fiscal votada por este Congreso.
El
endeudamiento de las provincias creció ante la indiferencia del
poder central que se desentendió de ellas.
La
obra social de los jubilados fue derrumbándose al punto de arriesgar
sus prestaciones. La Anses carece de recursos suficientes; se multiplican
los juicios contra el Estado. Mientras, algunos funcionarios que
se van sólo piensan en aumentar la planta permanente de personal
y dar aumentos de sueldo (aplausos), a sabiendas de que no hay con
qué pagarlos, e incurrir en gastos diferidos al próximo presupuesto.
Bajar
el gasto
La
situación es grave. El déficit presiona sobre la tasa de interés,
afecta las obligaciones básicas del Estado y perjudica al conjunto
de la economía. Hay que parar el déficit para disminuir el riesgo
país y el costo argentino.
Cuando
hay que cubrir un bache del orden de los 10.000 millones de pesos,
no se puede decir alegremente que hay cuentas ordenadas. La situación
es peor que la anunciada, más grave que la informada por el gobierno
saliente, que habla de un orden financiero que en rigor no existe.
Tenemos
que bajar el gasto. Las provincias lo comprendieron en el acta de
compromiso federal y ayer lo ha ratificado el Senado. La Nación
lo va a hacer, pero sabemos que esto no alcanza. Para sanear
las cuentas, se precisa un esfuerzo adicional que lo hemos pensado
para que no afecte a los que menos tienen, sino que se pide a los
que pueden más. Y que será transitorio hasta que la recuperación
de la economía y el éxito de la implacable lucha contra la evasión
y la corrupción den sus frutos y mejoren los resultados.
Dejar
las cosas como están significaría más desempleo, más crisis económica,
menos recursos para la educación, la salud y la pobreza. La paradoja
es que los responsables del déficit, en vez de sanearlo, cuestionan
el llamado a un esfuerzo compartido.
Debo
ser sincero ante esta honorable Asamblea. Este presidente, que recién
hoy asume, no quiere más impuestos. Pero hay que bajar el déficit.
Quienes lo hicieron critican sin aportar solución. Debieron resolverlo
para no entregar el país en una crisis de esta dimensión.
Se
anunció, y fue saludada por todos, una gran colaboración al nuevo
gobierno. Era el modo de respetar la voluntad popular. Pero en los
hechos, aún no llegó y este presidente asume sin el presupuesto
aprobado.
Vamos a afrontar esta crisis con coraje, vamos
a superarla porque así vamos a crecer y vamos a crear las condiciones
de vida dignas para todos.
Los convoco a hacerlo, a amigos y a adversarios,
a quienes desde hoy serán oficialistas y a quienes desde hoy integrarán
la oposición.
Debemos actuar con la responsabilidad que nos
impone la exigencia de una nueva política donde se ponga el interés
general por encima del interés partidista; el bien del pueblo por
encima de la discusión de las facciones, y los problemas se resuelvan
con un sentido de responsabilidad republicana.
Tenemos que terminar con el círculo vicioso
del déficit anual reiterado como sistema, porque cada vez comprometen
más el futuro y perjudica a los más humildes. Este Congreso lo entendió
cuando sancionó la Ley de Responsabilidad Fiscal. Ahora hay que
cumplirla.
También
las provincias que aún no lo hicieron deben dictar leyes similares
para ordenar sus cuentas y evitar la ficción de déficit que se financia
con más endeudamiento, suprimiendo la atención de necesidades básicas
de los pueblos de las provincias.
Quiero
reconocer aquí la actitud de los gobernadores y luego del Senado
para firmar primero y aprobar después el compromiso federal, que
permite un avance que abre posibilidades de saneamiento administrativo.
Esto es representativo de esta nueva política que debemos implementar
desde ahora, basada en el diálogo, la responsabilidad y la defensa
del bien común.
Presupuesto
realista
Aunque
las discusiones fueron ásperas, hay un paso importante que se ha
dado. Ahora se precisa la sanción de un presupuesto realista, con
números ciertos junto con las medidas fiscales. Y en una segunda
instancia, las otras reformas fiscales que propondré al Congreso.
El
problema es de todos. No se trata del gobierno entrante o del gobierno
saliente, del oficialismo o de la oposición. Es el del país federal
donde debemos dar las respuestas, donde tenemos el deber de cooperar
la Nación y las provincias para salir adelante.
Y
quiero aquí afirmar solemnemente, que este presidente respetará
cada gobernador, cualquiera sea su color político, porque así se
respeta al pueblo que lo eligió (aplausos) y trabajará con él para
el saneamiento financiero de cada Estado provincial y para el progreso
de todos los pueblos del interior de la República.
El
mundo ha observado con respeto esta ejemplar transición democrática
argentina; la Argentina que consolida sus instituciones y que elige
luego de recuperada la plena vigencia de la Constitución, a su tercer
presidente por el voto popular.
Las
expectativas son ampliamente favorables. No debemos perder la oportunidad.
Reducir el déficit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad,
es abrir paso al crecimiento y la inversión, multiplicar el trabajo
de la gente que es urgente frente al drama del desempleo; mejorar
la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar
los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente.
Quiero
pedir a los señores legisladores que todos obremos por el bien común,
dando al país los instrumentos que precisa para salir adelante;
el compromiso federal, una ley de presupuesto genuina en su contenido
y las medidas fiscales de emergencia necesarias y otras reformas
estructurales que nos saquen de situaciones que están significando
atraso y distorsión.
A
los que pueden más les pedimos un esfuerzo mayor; para los que menos
tienen vamos a implementar programas solidarios que son impostergables.
La
pobreza y la exclusión se extendieron de modo dramático y junto
con el desempleo de millones de personas presenta un frente social
de marginación que nos obliga a un enorme esfuerzo para revertir
drásticamente esta situación que exige que nos dediquemos a ella
sin demora. (aplausos).
Crear
empleos
El
mayor problema es el desempleo; nuestra consigna la de todos tiene
que ser crear trabajo, luchar todos para crear más fuentes de trabajo,
más empleo para los argentinos, porque el trabajo es la verdadera
dimensión de la justicia social, y la forma de lograrlo es haciendo
crecer la economía. En un contexto de crecimiento podremos genera
nuevos puestos de trabajo.
Para
esto, lo primero es equilibrar las cuentas públicas, porque un presupuesto
equilibrado traerá nuevas inversiones que nos pondrán en marcha,
y se evitará que el peso del déficit caiga sobre el conjunto de
la población, que en definitiva es la que paga las consecuencias.
Nos
proponemos crear empleos de calidad, es decir, empleos estables,
de productividad creciente, remuneración y condiciones de trabajo
dignas, protección legal y seguridad social. Es el empleo que corresponde
a una sociedad moderna y equitativa.
Para
las familias es tan importante tener trabajo como saber que pueden
sentarse a planificar el mañana. Para las empresas, el empleo de
calidad posibilita una estrategia de competitividad basada en la
innovación y el compromiso. Y para cada trabajador, es la dimensión
de su propia dignidad como ciudadano.
El
programa social hará eficiente la gestión del gasto social. El dinero
debe llegar directamente a los que más necesitan.
Voy
a terminar con la corrupción y las políticas sociales clientelistas.
Voy a convocar a la Iglesia y a las organizaciones no gubernamentales
para cooperar con el esfuerzo.
El
apoyo del Estado debe llegar a las familias más pobres que muchas
veces han perdido la esperanza. A los jóvenes que están en situación
de no estudiar ni trabajar; a las mujeres, sobre todo a las jefas
de hogar que están solas a cargo de sus hijos; a los jubilados,
cuyos ingresos no alcanzan para una vida digna.
Trabajaremos
incansablemente en la defensa de los derechos de la niñez y los
programas sociales tendrán sentido de integración, no de mero asistencialismo.
El
PAMI será intervenido para librarnos del desatino y la corrupción.
Quiero
garantizar el sistema básico de atención social de nuestros mayores.
El país tiene una deuda social y una deuda moral. Comencemos desde
hoy a repararlas.
No
hay inversión más productiva que la inversión social, porque mitiga
el dolor del presente y garantiza un futuro digno para cada argentino.
El
progreso, la verdadera dimensión del progreso, no es sumar más riqueza
a los que más tienen, a los que ya tienen mucho, sino asegurar una
vida digna a los menos favorecidos, a los más humildes.
El
Estado no puede ser indiferente ni estar ausente. Debe restablecer
los equilibrios necesarios según el principio de solidaridad colectiva
y responsabilidad individual. La pobreza también se expresa cuando
millones de conciudadanos no acceden a niveles de educación y cobertura
de salud satisfactorios y a una vivienda digna.
Casi
un 40 por ciento de la población carece de seguro de salud. El hospital
público debe ser de excelencia, debe ser para la gente no para los
indigentes. El gasto anual en salud no se traduce en la suficiencia
y calidad de las prestaciones. Hay gastos superpuestos, ineficiencia
y desidia que serán atacados de inmediato.
Debemos
extender la medicina preventiva a todos los ciudadanos y vamos a
implementar un plan de médicos de cabecera.
Será
estricto el control de las obras sociales. El pueblo debe ver la
diferencia entre transparencia y corrupción, entre solidaridad e
interés personal. (Aplausos).
La
construcción de viviendas atenderá a las familias y creará empleos
en un programa de amplio alcance para contemplar la necesidad prioritariamente
de los sectores de menores recursos.
Se
jerarquizará el hábitat mediante un reordenamiento territorial que
resguarde el espacio urbano de asentamientos, con equipamiento comunitario
y condiciones ambientales indispensable para el desarrollo pleno.
Es fundamental promover la participación de organizaciones no gubernamentales
en el desarrollo de estos programas.
Educación,
una prioridad
La
educación es una prioridad. Es el camino para entrar de lleno en
la sociedad del conocimiento y asegurar nuestro futuro y nuestro
progreso, el futuro y el progreso de las nuevas generaciones. Vamos
a devolverle a la educación su carácter democratizador e igualador.
Los chicos tendrán más y mejores escuelas, mayor calidad, más aulas,
más tecnología y habrá un mejor salario para los docentes garantizado
por el presupuesto.
Quiero
que todos completen el secundario, al que se debe incorporar la
practica laboral. Vamos a trabajar con las escuelas y con los alumnos
que necesiten apoyo.
Vamos
a elevar la calidad de nuestra educación básica y compararla con
el resto del mundo para acceder a los mejores niveles internacionales.
Quiero que los chicos argentinos vuelvan a ser primeros en la educación.
Y a los que tienen capacidades especiales, vamos a asegurarles también
la igualdad de oportunidades porque la nuestra es una sociedad igualitaria
que respeta a todos.Añado
que la investigación es fundamental para un proceso de desarrollo.
La inversión existente está dispersada en diversos organismos. Es
mi propósito coordinarlos en un ámbito común para optimizar los
esfuerzos y los recursos y lograr su aplicación efectiva para el
desarrollo. Que las modernas técnicas se incorporen a nuestras prácticas
cotidianas.
Debemos
asumir la realidad de que asistimos a un Estado endeudado e ineficiente,
un Estado ausente, y que tenemos el deber de refundarlo, de reconstruirlo
entre todos para que sirva a la gente, para que sea un Estado para
la gente. Capaz de hacer eficiente la inversión social, eliminando
gastos superfluos y reduciendo burocracias parásitas que distorsionan
la equitativa distribución de los recursos. Cada peso malgastado
o perdido por la corrupción o la evasión significa un niño sin zapatillas
o un chico desnutrido o una escuela sin libros o un hospital sin
remedios. (Aplausos).
Quiero
un Estado que en vez de pesar sobre la gente como una rémora por
su ineficiencia y su déficit, acompañe y apoye al que quiera trabajar
y producir, que en vez de ponerle obstáculos lo promueva; que aliente
las exportaciones, el desarrollo tecnológico y la información.
Soy
consciente que después del desempleo y la pobreza uno de los problemas
más graves que sufren nuestros compatriotas es la inseguridad. También
aquí hay déficit del Estado. Precisamos ser eficaces en la lucha
contra el delito y en combatir sus causas. Una activa política criminal
debe disminuir efectivamente los índices del delito. Por eso pido
al Honorable Congreso la pronta sanción de las leyes que agravan
las penas, así como también la ley del arrepentido, para poder investigar
los casos de terrorismo y llegar a la verdad en las investigaciones
todavía pendientes. (Aplausos).
Es
necesario combatir la tenencia ilegal de armas, factor de la virulencia
que ha sufrido el delito, y mejorar las condiciones de trabajo de
las fuerzas de seguridad.
Vamos
a luchar con fuerza contra el narcotráfico y todos los delitos vinculados
a él. Y, este es un vasto campo de cooperación entre la Nación y
las provincias. Convocaré de inmediato al Consejo Nacional de Seguridad,
con una agenda concreta para poner en marcha una política de seguridad
coordinada en todo el país.
La
República Argentina saluda a todos los pueblos de América y exalta
en plenitud los valores de la integración latinoamericana. Reafirma
a la vez la importancia del Mercosur como proyecto estratégico de
crecimiento regional, abierto a la incorporación de otros países,
lo que debe ser no para mal de ninguno sino para el bien de todos.
Y que debe imaginar otros temas, que más allá de lo comercial nos
permitan compartir el desafío de la innovación y del progreso.
Argentina
saluda también a todos los pueblos de la Tierra en una común vocación
de paz, convocándolos y comprometiéndose a la lucha por los derechos
humanos, la igualdad de las naciones, la defensa del medio ambiente
y el combate al terrorismo y el narcotráfico.
En
esta aldea global que es hoy el mundo, Argentina redoblará su vigilia
permanente a favor de la paz. La paz de todos los pueblos y de todas
las fronteras, no sólo la de nuestros vecinos y nuestros hermanos
latinoamericanos.
Por
ello, haremos prédica permanente de que a través del diálogo se
resuelven los conflictos. Camino que seguiremos estrictamente en
la sagrada misión de defender la soberanía de las islas Malvinas
(aplausos).
Los
valores fundacionales de la República, el respeto a todos los pueblos
de la Tierra y la tradicional vocación pacífica del pueblo argentino
serán la referencia obligada de nuestra política de defensa nacional.
Trabajaremos
para consolidar un sistema de defensa regional para enfrentar los
desafíos que nos son comunes.
Promoveremos
la modernización de las Fuerzas Armadas, su capacitación, redimensionamiento
y adecuado equipamiento acorde con las modernas tecnologías y la
disponibilidad de recursos.
Como
parte de un mundo integrado hacia la paz, seguiremos respondiendo
a los requerimientos de misiones de paz en el marco de las Naciones
Unidas.
Honorable
Asamblea; vamos a ponernos en marcha. La Argentina productiva marcará
el rumbo del crecimiento. El campo, la industria, el comercio, la
minería están llamadas a movilizarse y el Estado estará junto a
quienes quieran producir.
Creo
en una verdadera alianza entre el Estado y la producción para crear
trabajo, generar riqueza y poner en acto la potencialidad de nuestra
tierra.
Argentina
será un ámbito seguro para las inversiones y consolidará su competitividad
en la plena vigencia de sus instituciones republicanas y en el funcionamiento
de la economía social de mercado.
El
respeto a la ley, a la Justicia y la paz social basada en la igualdad
de oportunidades, serán las bases de nuestro desarrollo.
La
globalización es una realidad cuyos riesgos debemos prevenir y que
en lo posible debemos aprovechar con inteligencia. No se trata de
aceptar ciegamente las reglas de un comercio internacional que mientras
declama el ingreso y egreso irrestricto de bienes y servicios crea
barreras paraarancelarias o incorpora subsidios explícitos o disimulados.
(aplausos).
Tenemos
el deber de impulsar fuertemente la exportación de nuestros productos,
de proteger nuestras industrias de prácticas monopólicas, dumpings
o subsidios y de defender la libertad de comercio para que, como
país en desarrollo, no seamos discriminados en el mundo. Y en esto
el esfuerzo de todos los países en desarrollo debe ser conjunto
para terminar con esa discriminación.
Enfrentamos
también el desafío económico regional de integrar el país balanceando
las inversiones en infraestructura para que todos los habitantes
de la Patria tengan acceso igualitario a los mismos bienes y servicios
cualquiera sea su lugar de residencia. Una Argentina integrada es
el verdadero federalismo en marcha. (aplausos).
El
creciente macrocefalismo urbano, producto de un desarrollo sin orden
ni estrategia, ha postergado las economías regionales. Nuestra visión
de desarrollo es otra y tiene una medida de los tiempos que no debe
acotarse en los períodos presidenciales.
Debemos
construir un país para las generaciones presentes y para las que
nos sigan. Por eso apostamos al desarrollo integrado, que potencia
con igual a pueblos y grandes ciudades, a las regiones mineras y
a la Pampa Húmeda, a la agricultura subtropical y a los cultivos
de riego, a las industrias pequeñas y medianas, base y motor de
la economía y el empleo.
Las
economías regionales no son un mero término económico, sino un concepto
profundo que significa la posibilidad de ser o no ser parte activa
de una sociedad que apuesta al crecimiento. Una economía regional
que agoniza o se debilita es una afrenta y debemos asumirlo como
una responsabilidad y una carga. Una economía regional que florece
es un multiplicador del desarrollo de todos.
Crearemos
las condiciones para que cada hombre, cada mujer, cada chico, puedan
construir su propio destino en un marco de igualdad de oportunidades.
No
se puede dejar a cada uno librado a su suerte. Es preciso restablecer
los equilibrios allí donde se pierden, para que haya verdadera justicia
y verdadera libertad.
Desarrollo
social
Este
gobierno expresará un nuevo pacto entre la política social y la
política económica. No hay desarrollo económico consistente sin
desarrollo social, y este es el verdadero camino de la justicia
y el progreso.
Se
trata de un nuevo concepto de una sociedad más solidaria, no fundada
en el mero existencialismo, sino en la convicción de que el crecimiento
sólo será sostenido si es acompañado por el desarrollo de la persona
humana.
Este
es el nuevo camino. Una estrategia colectiva donde la libertad,
el bienestar económico y la calidad de vida de cada uno de los argentinos
sea el objetivo central.
Honorable
Asamblea: para este presidente lo importante no es el aplauso, que
naturalmente se recibe en el momento de llegar y asumir, sino el
que pueda recibir en el momento de dejar la función y entregar el
mando a otro presidente elegido por el pueblo. (aplausos).
Esa
será la medida para saber si he cumplido mi deber frente a mis compatriotas.
Iniciamos
hoy esta nueva etapa histórica, hacia un país integrado en un proyecto
de progreso, con crecimiento sostenido, generador de más y mejores
puestos de trabajo, con un Estado sano y transparente, capaz de
poner sus cuentas en orden y con las cargas, los esfuerzos y los
beneficios equitativamente repartidos.
El
país necesita de todos, porque es de todos y para todos; para los
desempleados, los jóvenes, los jubilados, los pequeños productores,
los que enseñan y aprenden, todos los que tienen, todos los que
tenemos responsabilidades; oficialismo y oposición; representantes
de todos los sectores; representantes de las entidades intermedias.
quiero asegurarles a los argentinos que con esfuerzo y dignidad
construyen diariamente la grandeza de la Patria, que vamos a vivir
en una tierra de oportunidad, de certezas y de transparencias.
Convoco
a todos a iniciar con la ayuda de Dios este nuevo camino que significa
un verdadero compromiso con la gente para una vida mejor.
Reafirmemos
la patriótica decisión de ser un gran país, donde la honestidad,
el trabajo y la paz sean los fundamentos de nuestra vida como Nación.
CITAS
1-La palabra adversativa – Eliseo
Verón
2-Sólo
por Roberto Samar
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- Agosto 2004
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