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DE LA RÚA – KIRCHNER
ANÁLISIS DE SUS DISCURSOS

Roberto Samar -Valeria Caudet
 

Los discursos analizados son los de la asunción como Presidente de la Nación ante la Asamblea Legislativa  de Fernando De la Rúa el 10 de diciembre de 1999 y de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003. El análisis se basa en la teoría de Eliseo Verón expuesta en su texto "La palabra adversativa – Observaciones sobre la enunciación política” Cabe aclarar, que ambos enunciados responden al mismo género discursivo, el cual podríamos denominar genero de Asunción Presidencial. Por lo cual las características analizadas son diferencias de estilo.

ANÁLISIS DE LOS COMPONENTES

En el plano del componente Descriptivo ambos discursos ponen el acento en la situación crítica en que se asume la presidencia. Esta característica la consideramos común al género discursivo de asunción presidencial.
Asimismo, es comparable en ambos discursos la descripción de una Argentina inmersa en un marco de pobreza y exclusión.
Sin embargo, se diferencian en que, De la Rúa se refiere únicamente a su pasado  Menemista, mientras que el actual presidente hace referencia a los mandatos constitucionales a partir de la década del 80.
Para ejemplificar esto citamos a ambos presidentes.

De la Rúa:
"...Hoy asumo la presidencia de la Nación sin que se haya aprobado el presupuesto para el año 2000. El gobierno que hoy concluye su gestión vivió el efecto de años de crecimiento global, reformó el Estado privatizando empresas públicas; tuvo estabilidad monetaria mediante la convertibilidad y en rigor debió entregar el país con cuentas ordenadas. En cambio, hay un enorme déficit presupuestario alejado de la ley de responsabilidad fiscal votada por este Congreso...”

"...La pobreza y la exclusión se extendieron de modo dramático y junto con el desempleo de millones de personas presenta un frente social de marginación que nos obliga a un enorme esfuerzo para revertir drásticamente esta situación que exige que nos dediquemos a ella sin demora...”

Kirchner:
"...No es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para saber que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos, energías malgastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los dirigentes con sus representados. Al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí...”

"...A comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento de las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más allá del aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas armadas al poder político. La medida del éxito de aquella etapa histórica no exigía ir más allá de la preservación del estado de derecho, la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo. Así se destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia, la simple alternancia de distintos partidos en el poder...”


”...En la década de los noventa, la exigencia sumó la necesidad de la obtención de avances en materia económica, en particular en materia de control de la inflación...”

”...La medida del éxito de esa política la daban las ganancias de los grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas, sin que importaran la consolidación de la pobreza y la condena a millones de argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y el enorme e interminable endeudamiento externo...”

En el marco del componente didáctico ambos discursos definen como una verdad de carácter universal, la relación de integración que la Argentina debe tener con el resto de los países. Cabe aclarar, que De La Rúa lo plantea desde el lugar de la globalización, mientras que Kirchner lo hace desde la integración Latinoamericana.

Como modalidad del saber indiscutible el ex presidente recurre a la educación como prioridad, mientras que el actual presidente hace hincapié en el apego a las normas.

En palabras de De la Rua:
"...La educación es una prioridad...”
"...En esta aldea global que es hoy el mundo...”
"...La globalización es una realidad cuyos riesgos debemos prevenir y que en lo posible debemos aprovechar con inteligencia. No se trata de aceptar ciegamente las reglas de un comercio internacional que mientras declama el ingreso y egreso irrestricto de bienes y servicios crea barreras paraarancelarias o incorpora subsidios explícitos o disimulados...”

En términos de Kirchner:
"...La calidad institucional supone el pleno apego a las normas...”
"...Partidarios en la política mundial de la multilateralidad como somos, no debe esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los países tienen...”
"...La integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto político regional...”

Al analizar el componente Prescriptivo, observamos que el discurso del ex presidente es del "orden del deber” porque hace de la moral de la familia y la escuela una norma imprescindible para todo gobernante.
Por otro lado, Kirchner da por sobre entendido una valoración negativa del terrorismo de estado, por lo cual lo interpretamos en el orden de la necesidad deontológico ya que le da a su subjetividad un carácter impersonal.

De la Rúa:
 "...El proyecto sería limitado si se orientase sólo a recuperar las reglas de moralidad que a todos nos vienen de la familia y de la escuela. Quienes se hayan apartado o se aparten de esas normas elementales para todo gobernante o funcionario, serán sometidos a los jueces de la Nación...”

Kirchner:
"...La lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males que sufre la humanidad...”

Con respecto al componente Programático, la propuesta de De la Rúa se centra en la disminución del "riesgo país” y  "del déficit”. Opuesta a esta mirada podemos observar en el discurso de Kirchner la propuesta de crear un "capitalismo nacional”, "tener un modelo propio”, es decir "pensar el mundo en argentino”.
Por otro lado, encontramos elementos comunes como la igualdad de oportunidades, combatir el desempleo, la búsqueda de la justicia social y el respeto a la ley.

De la Rúa:
"...Hay que parar el déficit para disminuir el riesgo país y el costo argentino...”
"...Tenemos que bajar el gasto...”
"...Vamos a afrontar esta crisis con coraje, vamos a superarla porque así vamos a crecer y vamos a crear las condiciones de vida dignas para todos...”
”...Debemos actuar con la responsabilidad que nos impone la exigencia de una nueva política donde se ponga el interés general por encima del interés partidista; el bien del pueblo por encima de la discusión de las facciones, y los problemas se resuelvan con un sentido de responsabilidad republicana...”
"...Reducir el déficit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad, es abrir paso al crecimiento y la inversión, multiplicar el trabajo de la gente que es urgente frente al drama del desempleo; mejorar la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente...”
"...Nuestra consigna, la de todos,  tiene que ser crear trabajo...”
"...Voy a terminar con la corrupción y las políticas sociales clientelistas...
"...El respeto a la ley, a la Justicia y la paz social basada en la igualdad de oportunidades, serán las bases de nuestro desarrollo...”

Kirchner:
"...Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno, con la sociedad...”
"...En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la movilidad social ascendente...”
”...Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa....”
"...Una sociedad como la que queremos promover debe basarse en el conocimiento y en el acceso de todos a ese conocimiento...”
"...Terminaremos con la Argentina donde el hilo se corta por lo más delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es posible una economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos si no hay cumplimiento impositivo...”
"...El crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las inversiones, tanto para atender el mercado interno como a las exportaciones...”
”...Pensando el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria...”

DESTINATARIOS Y ELEMENTOS DEL DISCURSO

De la Rúa

Kirchner

- Alterna la primera del singular y la primera  persona del plural a lo largo de todo el discurso.

- Enuncia su discurso en primera  persona del plural, mientras que en el final del discurso habla en primera persona del singular. (*)

- El contradestinatario es el Menemismo, pero no lo hace explicito.

- El contra destinatario es la política tradicional.

- Los Paradestinatarios son los Gobernadores y Legisladores a quienes busca seducir.

- El Paradestinatarios es el pueblo argentino en general.

- Se refiere a la "gente”. Como personas aisladas.

- Se refiere al "pueblo”  como colectivo. (no utiliza en ningún momento el termina "gente”) (**)

- Hace hincapié en la lucha contra la "corrupción”.

- Hace hincapié en la lucha contra la "impunidad”.

Cabe aclarar que ninguno de los dos dirigentes utiliza términos partidarios ni les habla únicamente a sus militantes o afiliados. Si no que ambos le enuncian a un colectivo de identificación más amplio con la finalidad de ampliar sus bases de consenso social.

(*) Kirchner al cerrar su discurso utilizando la primera persona del singular, por lo cual transmite la sensación de que no nos está hablando Kirchner el político sino Kirchner el hombre. Es decir le da un carácter más humano, de hombre común, a su enunciación.

(**) La palabra "pueblo” utilizada por Kirchner remite al discurso peronista, en el cual se recurría repetidas veces a este concepto.

ANÁLISIS DE LAS ENTIDADES
COLECTIVO DE IDENTIFICACIÓN

Según Verón, el colectivo de identificación esta marcado por el "nosotros” en el plano enunciativo y "es el fundamento de la relación que el discurso construye entre el enunciador y prodestinatario”.

De la Rúa:

Se manifiesta la utilización de un nosotros que remite al oficialismo y sus adeptos. Sin embargo, no se evidencia ninguna referencia a un nosotros los radicales, ni nosotros los aliancistas. De la Rúa busca no categorizar su colectivo.

Por ejemplo: "...El problema es de todos. No se trata del gobierno entrante o del gobierno saliente, del oficialismo o de la oposición...”

Kirchner:

Utiliza un nosotros que puede interpretarse como haciendo referencia a una militancia setentista. Como puede deducirse en la siguiente frase:

"...Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación del pueblo se nos confieren... "

OTROS COLECTIVOS

Permanentemente ambos enunciadotes hacen referencia a colectivos más amplios que los colectivos de identificación, ya que les hablan a los "ciudadanos” y/o  los "argentinos”.

De la Rúa: "...más empleo para los argentinos...”
Kirchner: "...este proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos...”

META COLECTIVOS SINGULARES

En palabras de Verón, estos Meta Colectivos son "Singulares, porque  no admiten la cuantificación y difícilmente la fragmentación; metacolectivos, porque son más abarcadores que los colectivos propiamente políticos.” (1) 
Ambos dirigentes utilizan en reiteradas oportunidades los términos Argentina, Nación, País y República. Sin embargo, De la Rúa utiliza en la mayoría de los casos el termino país, mientras que el actual presidente utiliza más cantidad de metacolectivos singulares, y a su vez en particular mayor cantidad de veces el término Argentina. Consideramos que esto se debe, de acuerdo al contexto social que se vivía, a la búsqueda de una recuperación de la identidad nacional.  

De la Rúa: "...Debemos construir un país para las generaciones presentes...”
Kirchner: "...Para ayudarnos mutuamente a construir una Argentina que nos contenga y nos exprese como ciudadanos...”

Esta diferencia no es casual, ya que el término "país” no está arraigado a nuestra identidad nacional como "Argentina”. La palabra "país” es adaptable casi a cualquier contexto, lugar o circunstancia; mientras que Argentina remite únicamente a la Argentinidad. 

FORMAS NOMINALIZADAS

Consideramos que las siguientes frases muestran cualidades generales de las propuestas. Según Verón (1), "La función específica de estas entidades es de poseer un valor metafórico”:

De la Rúa:"...Un gran país, donde la honestidad, el trabajo y la paz sean los fundamentos...”

Kirchner: "...Una Argentina con todos y para todos...”

FORMAS NOMINALES

Las siguientes palabras, en los discursos analizados poseen "poder explicativo” (1).

De la Rúa: "...La corrupción...”
Kirchner: "...La crisis...”

HUELLAS :Marcas en el discurso de De la Rúa
Huellas del discurso Menemista

"...Cuando hay que cubrir un bache del orden de los 10.000 millones de pesos, no se puede decir alegremente que hay cuentas ordenadas. La situación es peor que la anunciada, más grave que la informada por el gobierno saliente, que habla de un orden financiero que en rigor no existe...”

"...La paradoja es que los responsables del déficit, en vez de sanearlo, cuestionan el llamado a un esfuerzo compartido...”

"...Aunque las discusiones fueron ásperas, hay un paso importante que se ha dado...”

Marcas en el discurso de Kirchner
Huella del discurso de la Alianza al llegar al poder:

"...Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses..."

Huella del discurso del Alfonsinismo:

"...Rechazamos de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que algunos pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad...”

Huellas del discurso del ex Ministro Aliancista Cavallo:

"...A contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno estará en el centro de nuestra estrategia de expansión...”

"...No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social...”

Huella del discurso de Adolfo Rodríguez Saa

"...No somos el proyecto del default...”

CONCLUSIÓN (2)

De la Rúa

Al no realizar transformaciones en los aspectos sociales y  económicos de fondo, De la Rúa se vio obligado a discutir únicamente con el Menemismo, ya que sólo con el podía polemizar en el aspecto de la "Corrupción”.
Asimismo, recurrió al concepto "globalización” que remite a las exigencias del Fondo Monetario Internacional y a la especulación financiera. En el mismo orden de cosas, utiliza el concepto "gente”, el cual remite a individuos aislados (desorganizados).
Con respecto al componente Programático, la propuesta de De la Rúa se centra en la disminución del "riesgo país” y  "del déficit”; las cuales son categorías instaladas por los grupos de la economía especuladora y financiera.
En el plano Prescripivo hace de la moral de la familia y la escuela una norma imprescindible para todo gobernante.

Kirchner

Utiliza el concepto "pueblo”, el cual se liga en general al peronismo, y en particular a un colectivo unificado. En esa línea de pensamiento, recurre al hablar del mundo enfatiza en la reivindicación de "Latinoamérica”, lo cual automáticamente lo distancia de Estados Unidos y Europa.
Kirchner, a la hora de polemizar con el pasado discute con los gobiernos democráticos desde la década del 80 hasta la fecha, insertando su gobierno en un marco histórico más amplio.
En el aspecto del componente Programático, la propuesta de crear un "capitalismo nacional”, "tener un modelo propio”, es decir "pensar el mundo en argentino”.
En base a lo expuesto se puede observar desde lo discursivo, la búsquedas de Argentinas distintas. Una que siendo de otra fuerza partidaria, no pudo romper estructuralmente el discurso económico e ideológico "Menemista”, y otra intentando generar nuevos caminos, orientados desde "el pueblo argentino” y mirando hacia lo "latinoamericano”.

ANEXO 1: Texto completo del discurso de Kirchner en el Congreso
Señores jefes de Estado, su Alteza Real, señores jefes de Gobierno, señores representantes de gobiernos extranjeros, invitados especiales, que nos honran con su presencia en este lugar, señores miembros del Congreso reunido en Asamblea, ciudadanas y ciudadanos presentes, querido pueblo argentino:
En este acto, que en los términos del artículo 93 de la Constitución de la Nación tiene por finalidad la toma de posesión del cargo de Presidente de la Nación Argentina, para el que he sido electo, creo que es necesario poder compartir con ustedes algunas reflexiones, expresando los objetivos de gobierno y los ejes directrices de gestión, para que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia dónde vamos, y cada uno pueda a su vez aportar su colaboración para la obtención de los fines que los argentinos deberemos imponernos por encima de cualquier divisa partidaria.
Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando. Por eso los convocamos a inventar el futuro. Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo, para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver.

El 27 de abril las ciudadanas y los ciudadanos de nuestra Patria, en ejercicio de la soberanía popular, se decidieron por el avance decidido hacia lo nuevo. Dar vuelta una página de la historia no ha sido mérito de uno o varios dirigentes. Ha sido, ante todo, una decisión consciente y colectiva de la ciudadanía argentina.
El pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio. En el nivel de participación de aquella jornada se advierte que, pensando diferente y respetando las diversidades, la inmensa y absoluta mayoría de los argentinos queremos lo mismo aunque pensemos distinto.
No es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para saber que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos, energías malgastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los dirigentes con sus representados. Al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí.

En esas condiciones debe quedarnos absolutamente claro que en la República Argentina, para poder tener futuro y no repetir nuestro pasado, necesitamos enfrentar con plenitud el desafío del cambio.
Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro.
No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país.
A comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento de las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más allá del aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas armadas al poder político. La medida del éxito de aquella etapa histórica no exigía ir más allá de la preservación del estado de derecho, la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo. Así se destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia, la simple alternancia de distintos partidos en el poder.
En la década de los noventa, la exigencia sumó la necesidad de la obtención de avances en materia económica, en particular en materia de control de la inflación.
La medida del éxito de esa política la daban las ganancias de los grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas, sin que importaran la consolidación de la pobreza y la condena a millones de argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y el enorme e interminable endeudamiento externo.
Así, en una práctica que no debe repetirse, era muy difícil distinguir la solución pragmática de la cirugía sin anestesia.
Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses.

El resultado no podía ser otro que el incremento del desprestigio de la política y el derrumbe del país.
En este nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas deberá medirse bajo otros parámetros, en orden a nuevos paradigmas.
Debe juzgárselas desde su acercamiento a la finalidad de concretar el bien común, sumando al funcionamiento pleno del estado de derecho y la vigencia de una efectiva democracia, la correcta gestión del gobierno y el efectivo ejercicio del poder político nacional en cumplimiento de transparentes y racionales reglas, imponiendo la capacidad reguladora del Estado ejercida por sus organismos de contralor y aplicación.
El cambio implica medir el éxito o el fracaso de la dirigencia desde otra perspectiva. Discursos, diagnósticos sobre las crisis, no bastarán ni serán suficientes. Se analizarán conductas y los resultados de las acciones. El éxito se medirá desde la capacidad y la decisión y la eficacia para encarar los cambios.

Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de gestionar el Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados y su consecuencia, la desilusión constante, la desesperanza permanente. En esta nueva lógica, que no sólo es funcional sino también conceptual, la gestión se construye día a día, en el trabajo diario, en la acción cotidiana, que nos permitirán ir mensurando los niveles de avance. Un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las acciones de sus equipos.
Deben encararse los cambios con decisión y coraje, avanzando sin pausas, pero sin depositar la confianza en jugadas mágicas o salvadoras, ni en genialidades aisladas. Se trata de cambiar, no de destruir. Se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas. Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios.
Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno, con la sociedad.
Por eso nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro y sólo porque se declame. Un cambio que pueda consolidarse necesitará de la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese cambio. Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea puede cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar activamente en ese cambio.
Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común.
En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse al mundo. No es un problema de nacionalismo ultramontano, sino de inteligencia, observación y compromiso con la Nación. Basta ver cómo los países más desarrollados protegen a sus productores, a sus industrias y a sus trabajadores.
Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo.
Para eso es preciso promover políticas activas que permitan el desarrollo y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos puestos de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso. Como se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, es que la presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud política.

Por supuesto, no se trata de poner en marcha una vez mas movimientos pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y aplastante de la actividad privada, a un Estado desertor y ausente, para retornar continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una auténtica manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y necesarios equilibrios.
Se trata de tener lo necesario para nuestro desarrollo, en una reingeniería que nos permita contar con un Estado inteligente.
Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa.
Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona.

Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación, la salud, y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el trabajo de cada uno.
Es el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales, protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumidores.
Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación del pueblo se nos confieren.
Estamos dispuestos a encarar junto a la sociedad todas las reformas necesarias y para ello también utilizaremos los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular. Vamos a apoyarnos en la Constitución para construir una nueva legitimidad de las leyes, que vaya más allá de la prepotencia del más fuerte. Un Estado no puede tener legitimidad si su pueblo no ratifica el fundamento primario de sus gobernantes. De la misma manera que luchamos contra la pobreza económica tendremos una conducta sin dobleces para impedir la pobreza cívica. Sólo cuando el gobierno se desentiende del pueblo es que toda la sociedad empobrece, no sólo económicamente sino moral y culturalmente.
Somos conscientes de que ninguna de esas reformas será productiva y duradera si no creamos las condiciones para generar un incremento de la calidad institucional.

La calidad institucional supone el pleno apego a las normas, en una Argentina que por momentos aparece ante el mundo como un lugar donde la violación de las leyes no tiene castigo legal ni social. A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad jurídica debe ser para todos, no sólo para los que tienen poder o dinero.
No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones sobre la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas.
Rechazamos de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que algunos pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de acuerdos oscuros, manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas de la sociedad.
Este combate es una tarea conjunta del Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial, pero también de la sociedad porque no podemos ignorar que es de esa misma sociedad de donde provienen los hombres y mujeres que integran las instituciones públicas y privadas.
Cambio responsable, calidad institucional, fortalecimiento del rol de las instituciones con apego a la Constitución y a la ley y fuerte lucha contra la impunidad y la corrupción deben presidir no sólo los actos del gobierno que comenzaremos sino toda la vida institucional y social de la República.
Queremos ser la generación de argentinos que reinstale la movilidad social ascendente, pero que también promueva el cambio cultural y moral que implica el respeto a las normas y a las leyes.
En este marco conceptual queremos expresar los ejes directrices en materia de relaciones internacionales, manejo de la economía, los procesos de la salud, la educación, la contención social a desocupados y familias en riesgo y los problemas que plantean la seguridad y la justicia en una sociedad democrática.

Profundizar la contención social a las familias en riesgo, garantizando subsidios al desempleo y asistencia alimentaria. Consolidando una verdadera red federal de políticas sociales integrales para que quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza puedan tener acceso a la educación, la salud pública y la vivienda.
Reinstalar la movilidad social ascendente que caracterizó a la República Argentina requiere comprender que los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas. Sabemos que hay que corregir errores y mejorar métodos en la forma de asignación de la ayuda social. Pero es imprescindible advertir que la tragedia cívica del clientelismo político no es producto de la asistencia social como gestión del Estado, sino de la desocupación como consecuencia de un modelo económico. En nuestro país la aparición de la figura del cliente político es coetánea con la del desocupado. Mientras en la República Argentina hubo trabajo, nadie fue rehén de un dirigente partidario.
Al drama de la desaparición del trabajo y el esfuerzo como el gran articulador social, se sumó el derrumbe de la educación argentina.
No hay un factor mayor de cohesión y desarrollo humano que promueva más la inclusión que el aseguramiento de las condiciones para el acceso a la educación, formidable herramienta que construye identidad nacional y unidad cultural, presupuestos básicos de cualquier país que quiera ser Nación.

Una sociedad como la que queremos promover debe basarse en el conocimiento y en el acceso de todos a ese conocimiento. La situación de la educación argentina revela dos datos vinculados a su problema central, que es la calidad de la enseñanza. Por un lado, una creciente anarquía educativa, y por el otro, la crisis de los sistemas de formación docente. Ambos afectan severamente la igualdad educativa. El último sistema nacional de formación docente fue el de nuestras viejas y queridas maestras normales. Criticado por enciclopedista, memorista y repetitivo, pero nuestra generación fue la última formada en esa escuela pública y la calidad de la educación era superior a la que hoy tenemos.
Aquel viejo sistema no fue suplantado por otro. Por si esto fuera poco, se le agregó con muy buena intención, pero con resultado dudoso, lo que quiso ser la federalización de la educación. Se trató de lograr autonomía, objetivo con el que estamos de acuerdo, pero se terminó en un grado cierto de anarquía en los contenidos curriculares y en los sistemas funcionales. La igualdad educativa es, para nosotros, un principio irrenunciable, no sólo como actitud ética sino esencialmente como responsabilidad institucional. Debemos garantizar que un chico del Norte argentino tenga la misma calidad educativa que un alumno de la Capital Federal.

Es correcto que las provincias dirijan y administren el sistema de prestación del servicio educativo, pero el Estado nacional debe recuperar su rol en materia de planificación y contenidos de la educación y sistemas de formación y evaluación docente. Garantizar la igualdad educativa de norte a sur es aportar a la formación de una verdadera conciencia e identidad nacional.
En el campo de la salud, el Estado asumirá un rol articulador y regulador de la salud pública integral sumando los esfuerzos de los subsectores públicos provinciales y nacionales, privados y de obras sociales, orientado a consolidar las acciones que posibiliten generar accesibilidad a las prestaciones médicas y a los medicamentos para toda la población.
La ley de prescripción por el nombre genérico de los medicamentos recientemente reglamentada será aplicada con todo vigor y el Programa Remediar, de gratuita distribución de medicamentos ambulatorios, continuará.

Es objetivo de gobierno concretar un Sistema Nacional de Salud, que se consolidará en una red en la que el hospital público será un eje referencial, con los demás centros de salud, públicos o privados, para ser pilares estratégicos de la atención primaria de salud, integrándose con las políticas de contención social para avanzar en la tarea de prevención.
El objetivo de dar salud a los argentinos impone que se asuman políticas de Estado que sean impermeables a las presiones interesadas, por poderosas que sean, provengan de donde provengan.
Entre los fundamentales e insustituíbles roles del Estado ubicamos los de ejercer el monopolio de la fuerza y combatir cualquier forma de impunidad del delito, para lograr seguridad ciudadana y justicia en una sociedad democrática en la que se respeten los derechos humanos.

El cumplimiento estricto de la ley que exigiremos en todos los ámbitos debe tener presente las circunstancias sociales y económicas que han llevado al incremento de los delitos en función directa del crecimiento de la exclusión, la marginalidad y la crisis que recorren todos los peldaños de la sociedad.
Pero también hay que comprender que, como sociedad, hace tiempo que carecemos de un sistema de premios y castigos. En lo penal, en lo impositivo, en lo económico, en lo político, y hasta en lo verbal, hay impunidad en la Argentina. En nuestro país, cumplir la ley no tiene premio ni reconocimiento social.
En materia de seguridad no debe descargarse sólo sobre la policía la responsabilidad de la detección de las situaciones de riesgo que sirven de base al desarrollo de la delincuencia. Son el Estado y la sociedad en su conjunto los que deben actuar participativa y coordinadamente para la prevención, detección, represión y castigo de la actividad ilegal.
Una sociedad con elevados índices de desigualdad, empobrecimiento, desintegración familiar, falta de fe y horizontes para la juventud, con impunidad e irresponsabilidad, siempre será escenario de altos niveles de inseguridad y violencia. Una sociedad dedicada a la producción y proveedora de empleos dignos para todos resultará un indispensable apoyo para el combate contra el delito.
Para comprender la problemática de la seguridad y encontrar soluciones no sólo se debe leer el Código Penal, hay que leer también la Constitución Nacional en sus artículos 14 y 14 bis, cuando establecen como derechos de todos los habitantes de la Nación el derecho al trabajo, a la retribución justa, a las condiciones dignas y equitativas de labor, a las jubilaciones y pensiones móviles, al seguro social obligatorio, a la compensación económica familiar y al acceso a una vivienda digna, entre otros.
El Estado debe ser esclavo de la ley para enfrentar el delito, pero no puede aceptar extorsiones de nadie, ni de quienes aprovechan una posición de fuerza en cualquiera de los poderes del Estado o en la economía, ni de quienes usan la necesidad de los pobres para fines partidistas.

La paz social, el respeto a la ley, a la defensa de la vida y la dignidad son derechos inalienables de todos los argentinos.
El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas.
Gobernabilidad es garantizar la prestación de un servicio de justicia próximo al ciudadano, con estándares de rendimiento, de eficiencia y de equidad que garanticen una real seguridad jurídica para todos los habitantes, cualquiera que sea su estatus económico o social
En el plano de la economía es donde más se necesita que el Estado se reconcilie con la sociedad. No puede ser una carga que termine agobiando a todas las actividades, ni igualándolas hacia abajo con políticas de ajuste permanente a los que menos tienen.
El objetivo básico de la política económica será el de asegurar un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad y del empleo constante, sin las muy fuertes y bruscas oscilaciones de los últimos años.

El resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada quince años, y una distribución tal que asegure una mejor distribución del ingreso y, muy especialmente, que fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a todos los compatriotas.
Para alcanzar tales objetivos respetaremos principios fundamentales que ayuden a consolidar lo alcanzado y permitan los avances necesarios.
La sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse. El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental.

El país no puede continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control, haciendo correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de menores ingresos.

Ese equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares: gasto controlado y eficiente e impuestos que premien la inversión y la creación de empleo y que recaigan allí donde hay real capacidad contributiva.
Mantenimiento del equilibrio fiscal y trajes a rayas para los grandes evasores, en la seguridad de que si imponemos correctamente a los poderosos el resto del país se disciplinará.
Terminaremos con la Argentina donde el hilo se corta por lo más delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es posible una economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos si no hay cumplimiento impositivo. Quien no cumple sus obligaciones impositivas le resta posibilidades de ascenso social a los demás. La evasión es la contracara de la solidaridad social que exigiremos.
Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración, gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso social, y competitividad.
Con equilibrio fiscal, la ausencia de rigidez cambiaria, el mantenimiento de un sistema de flotación con política macroeconómica de largo plazo determinada en función del ciclo de crecimiento, el mantenimiento del superávit primario y la continuidad del superávit comercial externo, nos harán crecer en función directa de la recuperación del consumo, de la inversión y de las exportaciones.
Sabemos que la capacidad de ahorro local y, por ende, el financiamiento local, es central en todo proceso de crecimiento sostenido. Ello requiere estabilidad de precios, entidades financieras sólidas y volcadas a prestar al sector privado -personas y empresas-, con eficiencia operativa y tasas razonables.
El desarrollo del mercado de capitales con nuevos instrumentos, con trasparencia, con seguridad, es fundamental para recuperar la capacidad de ahorro y para alejarnos definitivamente de las crisis financieras internas que en los últimos 20 años han golpeado fuertemente y por tres veces a los ahorristas y depositantes.
Los fondos externos deben ser complementarios a este desarrollo de los mercados locales y su gran atractivo está ligado a que sean fondos de inversión extranjera directa -inversión productiva-, que no sólo aportan recursos sino también traen aparejado progresos en la tecnología de procesos y productos.

Nuestro país debe estar abierto al mundo, pero abierto al mundo de una manera realista, dispuesto a competir en el marco de políticas de preferencia regional -fundamentalmente a través del Mercosur-, y de políticas cambiarias flexibles acorde a nuestras productividades relativas y a las circunstancias del contexto internacional.
El crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las inversiones, tanto para atender el mercado interno como a las exportaciones.
A contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno estará en el centro de nuestra estrategia de expansión.
Precisamente para cumplir con esta idea de consumo en permanente expansión, la capacidad de compra de nuestra población deberá crecer progresivamente por efecto de salarios, por el número de personas trabajando y por el número de horas trabajadas.

Esas tres variables juntas definen la masa de recursos que irán al consumo y al ahorro local y su evolución no puede ser fruto de una fantasía o de puro voluntarismo.
En nuestro proyecto nacional trabajaremos de la única manera seria que es crear un círculo virtuoso donde la masa de recursos crece -crece si la producción crece- y la producción aumenta si también lo hace la masa de recursos.
Avanzaremos simultáneamente en forma cuidadosa y progresiva creando las condiciones para producir más y distribuir lo que efectivamente se produzca.
Nuestras mejores posibilidades se ubican en torno al avance de la calidad institucional en el marco de una economía seria y creíble.

Trabajando en torno a estos principios, sin espectacularidades ni brusquedad en el cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier país normal del mundo, podremos cumplir con los objetivos y cumplir hacia adentro y hacia fuera con nuestras obligaciones y compromisos.
Acortando los plazos, el Estado se incorporará urgentemente como sujeto económico activo, apuntando a la terminación de las obras públicas inconclusas, la generación de trabajo genuino y la fuerte inversión en nuevas obras.
No se tratará de obras faraónicas, apuntaremos más a cubrir las necesidades de vivienda y de infraestructura en sectores críticos de la economía para mejorar la calidad de vida y a perfilar un país mas competitivo, distribuyendo la inversión con criterio federal y desarrollando nuestro perfil productivo.
Tenemos que volver a planificar y ejecutar obra pública en la Argentina, para desmentir con hechos el discurso único del neoliberalismo que las estigmatizó como gasto público improductivo. No estamos inventando nada nuevo, los Estados Unidos en la década del treinta superaron la crisis económico financiera más profunda del siglo de esa manera.

La construcción intensiva de viviendas, las obras de infraestructura vial y ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria, educativa y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia de industria agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas tecnologías, transportes, y generará puestos de trabajo genuinos.
Produciremos cambios en el sistema impositivo para tornarlo progresivo, lo que permitirá luego reducir alícuotas en función de la mejora en la recaudación, ampliada como quedará la base imponible y eliminadas que sean las exenciones no compatibles con la buena administración. Eso nos dará solidez y solvencia fiscal.
Forma parte de nuestra decisión cumplimentar con aquello que fue mandato constitucional del '94 y que lamentablemente hasta hoy no se ha cumplido. Darnos una nueva ley de coparticipación federal no sólo implica nueva distribución y nuevas responsabilidades sino el diseño de un nuevo modelo de país.

No se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento. No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social. La inviabilidad de ese viejo modelo puede ser advertida hasta por los propios acreedores, que tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien.
Este modelo de producción, trabajo y crecimiento sustentable y con reglas claras, generará recursos fiscales, solvencia macroeconómica y sustentabilidad fiscal creando las condiciones para generar nuevo y mayor valor agregado. Tiene además que permitir negociar con racionalidad para lograr una reducción de la deuda externa.

Este gobierno seguirá principios firmes de negociación con los tenedores de deuda soberana en actual situación de default, de manera inmediata y apuntando a tres objetivos: la reducción de los montos de deuda, la reducción de las tasas de interés y la ampliación de los plazos de madurez y vencimiento de los bonos.
Sabemos que nuestra deuda es un problema central. No se trata de no cumplir, de no pagar. No somos el proyecto del default. Pero tampoco podemos pagar a costa de que cada vez más argentinos vean postergados su acceso a la vivienda digna, a un trabajo seguro, a la educación de sus hijos, o a la salud.
Creciendo nuestra economía crecerá nuestra capacidad de pago.
En materia de defensa, actuaremos con un concepto integral de la defensa nacional, integrando la contribución de la acción de nuestras fuerzas armadas en pro del desarrollo, trabajando para su modernización e impulsando la investigación científico tecnológica en coordinación con otros organismos gubernamentales, para que, sin apartarse de su actividad principal puedan contribuir al bienestar general de la población.

Queremos a nuestras fuerzas armadas altamente profesionalizadas, prestigiadas por el cumplimiento del rol que la Constitución les confiere y por sobre todas las cosas, comprometidas con el futuro y no con el pasado.
Desde este proyecto nacional la República Argentina se integrará al mundo dando pasos concretos hacia consensos políticos basados en el fortalecimiento del derecho internacional, el respeto a nuestras convicciones, la historia y las prioridades nacionales.
Partidarios en la política mundial de la multilateralidad como somos, no debe esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los países tienen.

Nuestra prioridad en política exterior será la construcción de una América Latina políticamente estable, próspera y unida con base en los ideales de democracia y justicia social.
Venimos desde el Sur de la Patria, desde la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales, y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.
El Mercosur y la integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto político regional. Nuestra alianza estratégica con el Mercosur, que debe profundizarse hacia otros aspectos institucionales que deben acompañar la integración económica, y ampliarse abarcando a nuevos miembros latinoamericanos, se ubicará entre los primeros puntos de nuestra agenda regional.
Una relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea es lo que debe esperarse de nosotros. El estrechamiento de vínculos con otras naciones desarrolladas y con grandes naciones en desarrollo del oriente lejano, y una participación en pro de la paz y la obtención de consensos en ámbitos como la Organización de las Naciones Unidas para que efectivamente se comprometa con eficacia en la promoción del desarrollo social y económico ayudando al combate contra la pobreza.

La lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males que sufre la humanidad.
La inserción comercial de la Argentina ocupa un lugar central en la agenda de gobierno. Consolidar la política comercial como una política de Estado permanente que trascienda la duración de los mandatos de gobierno y cuente con la concurrencia del sector privado, de la comunidad académica y de la sociedad civil en general, será un objetivo estratégico de primer orden de esta administración.
Profundizar la estrategia de apertura de mercados, incrementar sustancialmente nuestro intercambio con el resto del mundo. Diversificar exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado. Desconcentrar las ventas por destino y multiplicar el número de exportadores de modo que los beneficios del comercio exterior se derramen sobre todas las ramas productivas.
La apertura masiva de nuevos mercados exige la negociación simultánea y permanente en todos los foros de negociación que involucren a nuestro país.
Finalmente, no se trata de agotar en estas líneas la totalidad de los cursos de acción que seguiremos. No creemos en los catálogos de buenas intenciones. Queremos expresar el sentido y la dirección de las cosas que haremos.

Se trata de abordar de una manera distinta los principales temas, identificando adecuadamente los verdaderos problemas de la agenda social con la finalidad de que el conjunto sepa cómo ayudar, cómo sumar, cómo ayudar a corregir.
Pensando el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria.
Sabemos que estamos ante un final de época. Atrás quedó el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos. La Argentina contemporánea se deberá reconocer y refundar en la integración de equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la convocatoria transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes.
Tenemos testimonios de gestión y resultados. Somos parte de esta nueva generación de argentinos que en forma abierta y convocante, y desde la propuesta de un modelo argentino de producción, trabajo y crecimiento sustentable llama al conjunto social para sumar, no para dividir. Para avanzar y no para retroceder. En síntesis, para ayudarnos mutuamente a construir una Argentina que nos contenga y nos exprese como ciudadanos.

Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a la creatividad, para que nos hagamos cargo de nuestro futuro, para que concretemos los cambios necesarios para forjar un país en serio, un país normal, con esperanza y con optimismo.
Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo.
Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones.

Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión.
Con la ayuda de Dios seguramente se podrá iniciar un nuevo tiempo, que nos encuentre codo a codo en la lucha por lograr el progreso y la inclusión social, poniéndole una bisagra a la historia
Con mis verdades relativas -en las que creo profundamente- pero que sé, se deben integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré cheques en blanco.
Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación.
Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia.
Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos.

Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales.
Porque yo sé y estoy convencido que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos.
Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo.
Anhelo que por este camino se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. La nuestra.
Muchas gracias. Viva la Patria

ANEXO 2: Texto completo del discurso de De la Rúa en el Congreso
Señor vicepresidente de la Nación; señor presidente de esta Honorable Asamblea; señor presidente de la Honorable Cámara de Diputados; autoridades de ambas cámaras y de los poderes de la Nación; ilustres presidentes; altezas reales y representantes de la Santa Sede y de los pueblos y gobiernos que nos visitan; señor ex presidente constitucional de la Nación doctor Raúl Alfonsín; señores gobernadores y señor jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; señor nuncio; señores miembros del cuerpo diplomático; señores ministros y funcionarios; autoridades civiles, militares y eclesiásticas; señores senadores y diputados; pueblo de mi patria; en cumplimiento del mandato constitucional, que en la República es el mandato del pueblo, invocando la ayuda de Dios y con la compañía siempre solidaria de mi familia, asumo hoy ante el Honorable Congreso el cargo de presidente de la Nación Argentina.

Más allá del honor y la emoción del destino personal, es mi responsabilidad interpretar la expresión del pueblo soberano. Estoy convencido de que su pronunciamiento no lo ha determinado sólo una victoria electoral sino que es la expresión de un acto de libertad que simboliza el anhelo de un cambio profundo.
Concluye una etapa, comienza un nuevo ciclo, iniciamos un nuevo camino. En la incesante marcha de la historia, ese camino no es una encrucijada sino una ruta firme hacia una nueva sociedad ética, solidaria y progresista.
No vengo a emprolijar modelos, sino a que entre todos luchemos por un país distinto.
El 24 de octubre los argentinos expresamos una firme vocación de cambio. Ese cambio supone en primer término una estricta vigencia de los valores que deben estar necesariamente vinculados al estilo de gestión de los intereses públicos.

La transparencia, la honestidad, la austeridad, la lucha permanente contra cualquier forma de corrupción, la convicción profunda de servir a la gente y no a sí mismo o a grupos privilegiados a la sombra del poder será un presupuesto insoslayable de mi gestión. Desde el presidente de la Nación hasta el último agente del Estado, la vigencia de estos principios es el punto de partida para el nuevo camino.

Pero el proyecto sería limitado si se orientase sólo a recuperar las reglas de moralidad que a todos nos vienen de la familia y de la escuela. Quienes se hayan apartado o se aparten de esas normas elementales para todo gobernante o funcionario, serán sometidos a los jueces de la Nación (aplausos).
Conozco profundamente a mi país y a nuestra gente. Y por eso sé del deseo profundo de los argentinos de ser parte de un país decente, altruista y solidario. Debemos movilizar esa enorme reserva moral para que nos guíe hacia el futuro. Y el primer deber es decirnos la verdad, con honradez y con respeto, y decirle al pueblo las cosas como son.

Hoy asumo la presidencia de la Nación sin que se haya aprobado el presupuesto para el año 2000. El gobierno que hoy concluye su gestión vivió el efecto de años de crecimiento global, reformó el Estado privatizando empresas públicas; tuvo estabilidad monetaria mediante la convertibilidad y en rigor debió entregar el país con cuentas ordenadas. En cambio, hay un enorme déficit presupuestario alejado de la ley de responsabilidad fiscal votada por este Congreso.
El endeudamiento de las provincias creció ante la indiferencia del poder central que se desentendió de ellas.
La obra social de los jubilados fue derrumbándose al punto de arriesgar sus prestaciones. La Anses carece de recursos suficientes; se multiplican los juicios contra el Estado. Mientras, algunos funcionarios que se van sólo piensan en aumentar la planta permanente de personal y dar aumentos de sueldo (aplausos), a sabiendas de que no hay con qué pagarlos, e incurrir en gastos diferidos al próximo presupuesto.
Bajar el gasto
La situación es grave. El déficit presiona sobre la tasa de interés, afecta las obligaciones básicas del Estado y perjudica al conjunto de la economía. Hay que parar el déficit para disminuir el riesgo país y el costo argentino.
Cuando hay que cubrir un bache del orden de los 10.000 millones de pesos, no se puede decir alegremente que hay cuentas ordenadas. La situación es peor que la anunciada, más grave que la informada por el gobierno saliente, que habla de un orden financiero que en rigor no existe.
Tenemos que bajar el gasto. Las provincias lo comprendieron en el acta de compromiso federal y ayer lo ha ratificado el Senado. La Nación lo va a hacer, pero sabemos que esto no alcanza. Para sanear las cuentas, se precisa un esfuerzo adicional que lo hemos pensado para que no afecte a los que menos tienen, sino que se pide a los que pueden más. Y que será transitorio hasta que la recuperación de la economía y el éxito de la implacable lucha contra la evasión y la corrupción den sus frutos y mejoren los resultados.

Dejar las cosas como están significaría más desempleo, más crisis económica, menos recursos para la educación, la salud y la pobreza. La paradoja es que los responsables del déficit, en vez de sanearlo, cuestionan el llamado a un esfuerzo compartido.
Debo ser sincero ante esta honorable Asamblea. Este presidente, que recién hoy asume, no quiere más impuestos. Pero hay que bajar el déficit. Quienes lo hicieron critican sin aportar solución. Debieron resolverlo para no entregar el país en una crisis de esta dimensión.
Se anunció, y fue saludada por todos, una gran colaboración al nuevo gobierno. Era el modo de respetar la voluntad popular. Pero en los hechos, aún no llegó y este presidente asume sin el presupuesto aprobado.

Vamos a afrontar esta crisis con coraje, vamos a superarla porque así vamos a crecer y vamos a crear las condiciones de vida dignas para todos.

Los convoco a hacerlo, a amigos y a adversarios, a quienes desde hoy serán oficialistas y a quienes desde hoy integrarán la oposición.

Debemos actuar con la responsabilidad que nos impone la exigencia de una nueva política donde se ponga el interés general por encima del interés partidista; el bien del pueblo por encima de la discusión de las facciones, y los problemas se resuelvan con un sentido de responsabilidad republicana.

Tenemos que terminar con el círculo vicioso del déficit anual reiterado como sistema, porque cada vez comprometen más el futuro y perjudica a los más humildes. Este Congreso lo entendió cuando sancionó la Ley de Responsabilidad Fiscal. Ahora hay que cumplirla.

También las provincias que aún no lo hicieron deben dictar leyes similares para ordenar sus cuentas y evitar la ficción de déficit que se financia con más endeudamiento, suprimiendo la atención de necesidades básicas de los pueblos de las provincias.

Quiero reconocer aquí la actitud de los gobernadores y luego del Senado para firmar primero y aprobar después el compromiso federal, que permite un avance que abre posibilidades de saneamiento administrativo. Esto es representativo de esta nueva política que debemos implementar desde ahora, basada en el diálogo, la responsabilidad y la defensa del bien común.
Presupuesto realista
Aunque las discusiones fueron ásperas, hay un paso importante que se ha dado. Ahora se precisa la sanción de un presupuesto realista, con números ciertos junto con las medidas fiscales. Y en una segunda instancia, las otras reformas fiscales que propondré al Congreso.
El problema es de todos. No se trata del gobierno entrante o del gobierno saliente, del oficialismo o de la oposición. Es el del país federal donde debemos dar las respuestas, donde tenemos el deber de cooperar la Nación y las provincias para salir adelante.
Y quiero aquí afirmar solemnemente, que este presidente respetará cada gobernador, cualquiera sea su color político, porque así se respeta al pueblo que lo eligió (aplausos) y trabajará con él para el saneamiento financiero de cada Estado provincial y para el progreso de todos los pueblos del interior de la República.
El mundo ha observado con respeto esta ejemplar transición democrática argentina; la Argentina que consolida sus instituciones y que elige luego de recuperada la plena vigencia de la Constitución, a su tercer presidente por el voto popular.
Las expectativas son ampliamente favorables. No debemos perder la oportunidad. Reducir el déficit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad, es abrir paso al crecimiento y la inversión, multiplicar el trabajo de la gente que es urgente frente al drama del desempleo; mejorar la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente.

Quiero pedir a los señores legisladores que todos obremos por el bien común, dando al país los instrumentos que precisa para salir adelante; el compromiso federal, una ley de presupuesto genuina en su contenido y las medidas fiscales de emergencia necesarias y otras reformas estructurales que nos saquen de situaciones que están significando atraso y distorsión.
A los que pueden más les pedimos un esfuerzo mayor; para los que menos tienen vamos a implementar programas solidarios que son impostergables.
La pobreza y la exclusión se extendieron de modo dramático y junto con el desempleo de millones de personas presenta un frente social de marginación que nos obliga a un enorme esfuerzo para revertir drásticamente esta situación que exige que nos dediquemos a ella sin demora. (aplausos).
Crear empleos
El mayor problema es el desempleo; nuestra consigna la de todos tiene que ser crear trabajo, luchar todos para crear más fuentes de trabajo, más empleo para los argentinos, porque el trabajo es la verdadera dimensión de la justicia social, y la forma de lograrlo es haciendo crecer la economía. En un contexto de crecimiento podremos genera nuevos puestos de trabajo.
Para esto, lo primero es equilibrar las cuentas públicas, porque un presupuesto equilibrado traerá nuevas inversiones que nos pondrán en marcha, y se evitará que el peso del déficit caiga sobre el conjunto de la población, que en definitiva es la que paga las consecuencias.
Nos proponemos crear empleos de calidad, es decir, empleos estables, de productividad creciente, remuneración y condiciones de trabajo dignas, protección legal y seguridad social. Es el empleo que corresponde a una sociedad moderna y equitativa.
Para las familias es tan importante tener trabajo como saber que pueden sentarse a planificar el mañana. Para las empresas, el empleo de calidad posibilita una estrategia de competitividad basada en la innovación y el compromiso. Y para cada trabajador, es la dimensión de su propia dignidad como ciudadano.
El programa social hará eficiente la gestión del gasto social. El dinero debe llegar directamente a los que más necesitan.
Voy a terminar con la corrupción y las políticas sociales clientelistas. Voy a convocar a la Iglesia y a las organizaciones no gubernamentales para cooperar con el esfuerzo.
El apoyo del Estado debe llegar a las familias más pobres que muchas veces han perdido la esperanza. A los jóvenes que están en situación de no estudiar ni trabajar; a las mujeres, sobre todo a las jefas de hogar que están solas a cargo de sus hijos; a los jubilados, cuyos ingresos no alcanzan para una vida digna.
Trabajaremos incansablemente en la defensa de los derechos de la niñez y los programas sociales tendrán sentido de integración, no de mero asistencialismo.

El PAMI será intervenido para librarnos del desatino y la corrupción.
Quiero garantizar el sistema básico de atención social de nuestros mayores. El país tiene una deuda social y una deuda moral. Comencemos desde hoy a repararlas.
No hay inversión más productiva que la inversión social, porque mitiga el dolor del presente y garantiza un futuro digno para cada argentino.
El progreso, la verdadera dimensión del progreso, no es sumar más riqueza a los que más tienen, a los que ya tienen mucho, sino asegurar una vida digna a los menos favorecidos, a los más humildes.
El Estado no puede ser indiferente ni estar ausente. Debe restablecer los equilibrios necesarios según el principio de solidaridad colectiva y responsabilidad individual. La pobreza también se expresa cuando millones de conciudadanos no acceden a niveles de educación y cobertura de salud satisfactorios y a una vivienda digna.
Casi un 40 por ciento de la población carece de seguro de salud. El hospital público debe ser de excelencia, debe ser para la gente no para los indigentes. El gasto anual en salud no se traduce en la suficiencia y calidad de las prestaciones. Hay gastos superpuestos, ineficiencia y desidia que serán atacados de inmediato.
Debemos extender la medicina preventiva a todos los ciudadanos y vamos a implementar un plan de médicos de cabecera.
Será estricto el control de las obras sociales. El pueblo debe ver la diferencia entre transparencia y corrupción, entre solidaridad e interés personal. (Aplausos).

La construcción de viviendas atenderá a las familias y creará empleos en un programa de amplio alcance para contemplar la necesidad prioritariamente de los sectores de menores recursos.
Se jerarquizará el hábitat mediante un reordenamiento territorial que resguarde el espacio urbano de asentamientos, con equipamiento comunitario y condiciones ambientales indispensable para el desarrollo pleno. Es fundamental promover la participación de organizaciones no gubernamentales en el desarrollo de estos programas.
Educación, una prioridad
La educación es una prioridad. Es el camino para entrar de lleno en la sociedad del conocimiento y asegurar nuestro futuro y nuestro progreso, el futuro y el progreso de las nuevas generaciones. Vamos a devolverle a la educación su carácter democratizador e igualador. Los chicos tendrán más y mejores escuelas, mayor calidad, más aulas, más tecnología y habrá un mejor salario para los docentes garantizado por el presupuesto.
Quiero que todos completen el secundario, al que se debe incorporar la practica laboral. Vamos a trabajar con las escuelas y con los alumnos que necesiten apoyo.
Vamos a elevar la calidad de nuestra educación básica y compararla con el resto del mundo para acceder a los mejores niveles internacionales. Quiero que los chicos argentinos vuelvan a ser primeros en la educación. Y a los que tienen capacidades especiales, vamos a asegurarles también la igualdad de oportunidades porque la nuestra es una sociedad igualitaria que respeta a todos.Añado que la investigación es fundamental para un proceso de desarrollo. La inversión existente está dispersada en diversos organismos. Es mi propósito coordinarlos en un ámbito común para optimizar los esfuerzos y los recursos y lograr su aplicación efectiva para el desarrollo. Que las modernas técnicas se incorporen a nuestras prácticas cotidianas.

Debemos asumir la realidad de que asistimos a un Estado endeudado e ineficiente, un Estado ausente, y que tenemos el deber de refundarlo, de reconstruirlo entre todos para que sirva a la gente, para que sea un Estado para la gente. Capaz de hacer eficiente la inversión social, eliminando gastos superfluos y reduciendo burocracias parásitas que distorsionan la equitativa distribución de los recursos. Cada peso malgastado o perdido por la corrupción o la evasión significa un niño sin zapatillas o un chico desnutrido o una escuela sin libros o un hospital sin remedios. (Aplausos).
Quiero un Estado que en vez de pesar sobre la gente como una rémora por su ineficiencia y su déficit, acompañe y apoye al que quiera trabajar y producir, que en vez de ponerle obstáculos lo promueva; que aliente las exportaciones, el desarrollo tecnológico y la información.
Soy consciente que después del desempleo y la pobreza uno de los problemas más graves que sufren nuestros compatriotas es la inseguridad. También aquí hay déficit del Estado. Precisamos ser eficaces en la lucha contra el delito y en combatir sus causas. Una activa política criminal debe disminuir efectivamente los índices del delito. Por eso pido al Honorable Congreso la pronta sanción de las leyes que agravan las penas, así como también la ley del arrepentido, para poder investigar los casos de terrorismo y llegar a la verdad en las investigaciones todavía pendientes. (Aplausos).
Es necesario combatir la tenencia ilegal de armas, factor de la virulencia que ha sufrido el delito, y mejorar las condiciones de trabajo de las fuerzas de seguridad.
Vamos a luchar con fuerza contra el narcotráfico y todos los delitos vinculados a él. Y, este es un vasto campo de cooperación entre la Nación y las provincias. Convocaré de inmediato al Consejo Nacional de Seguridad, con una agenda concreta para poner en marcha una política de seguridad coordinada en todo el país.

La República Argentina saluda a todos los pueblos de América y exalta en plenitud los valores de la integración latinoamericana. Reafirma a la vez la importancia del Mercosur como proyecto estratégico de crecimiento regional, abierto a la incorporación de otros países, lo que debe ser no para mal de ninguno sino para el bien de todos. Y que debe imaginar otros temas, que más allá de lo comercial nos permitan compartir el desafío de la innovación y del progreso.
Argentina saluda también a todos los pueblos de la Tierra en una común vocación de paz, convocándolos y comprometiéndose a la lucha por los derechos humanos, la igualdad de las naciones, la defensa del medio ambiente y el combate al terrorismo y el narcotráfico.
En esta aldea global que es hoy el mundo, Argentina redoblará su vigilia permanente a favor de la paz. La paz de todos los pueblos y de todas las fronteras, no sólo la de nuestros vecinos y nuestros hermanos latinoamericanos.
Por ello, haremos prédica permanente de que a través del diálogo se resuelven los conflictos. Camino que seguiremos estrictamente en la sagrada misión de defender la soberanía de las islas Malvinas (aplausos).

Los valores fundacionales de la República, el respeto a todos los pueblos de la Tierra y la tradicional vocación pacífica del pueblo argentino serán la referencia obligada de nuestra política de defensa nacional.
Trabajaremos para consolidar un sistema de defensa regional para enfrentar los desafíos que nos son comunes.
Promoveremos la modernización de las Fuerzas Armadas, su capacitación, redimensionamiento y adecuado equipamiento acorde con las modernas tecnologías y la disponibilidad de recursos.
Como parte de un mundo integrado hacia la paz, seguiremos respondiendo a los requerimientos de misiones de paz en el marco de las Naciones Unidas.
Honorable Asamblea; vamos a ponernos en marcha. La Argentina productiva marcará el rumbo del crecimiento. El campo, la industria, el comercio, la minería están llamadas a movilizarse y el Estado estará junto a quienes quieran producir.
Creo en una verdadera alianza entre el Estado y la producción para crear trabajo, generar riqueza y poner en acto la potencialidad de nuestra tierra.
A
rgentina será un ámbito seguro para las inversiones y consolidará su competitividad en la plena vigencia de sus instituciones republicanas y en el funcionamiento de la economía social de mercado.
El respeto a la ley, a la Justicia y la paz social basada en la igualdad de oportunidades, serán las bases de nuestro desarrollo.
La globalización es una realidad cuyos riesgos debemos prevenir y que en lo posible debemos aprovechar con inteligencia. No se trata de aceptar ciegamente las reglas de un comercio internacional que mientras declama el ingreso y egreso irrestricto de bienes y servicios crea barreras paraarancelarias o incorpora subsidios explícitos o disimulados. (aplausos).

Tenemos el deber de impulsar fuertemente la exportación de nuestros productos, de proteger nuestras industrias de prácticas monopólicas, dumpings o subsidios y de defender la libertad de comercio para que, como país en desarrollo, no seamos discriminados en el mundo. Y en esto el esfuerzo de todos los países en desarrollo debe ser conjunto para terminar con esa discriminación.
Enfrentamos también el desafío económico regional de integrar el país balanceando las inversiones en infraestructura para que todos los habitantes de la Patria tengan acceso igualitario a los mismos bienes y servicios cualquiera sea su lugar de residencia. Una Argentina integrada es el verdadero federalismo en marcha. (aplausos).
El creciente macrocefalismo urbano, producto de un desarrollo sin orden ni estrategia, ha postergado las economías regionales. Nuestra visión de desarrollo es otra y tiene una medida de los tiempos que no debe acotarse en los períodos presidenciales.
Debemos construir un país para las generaciones presentes y para las que nos sigan. Por eso apostamos al desarrollo integrado, que potencia con igual a pueblos y grandes ciudades, a las regiones mineras y a la Pampa Húmeda, a la agricultura subtropical y a los cultivos de riego, a las industrias pequeñas y medianas, base y motor de la economía y el empleo.
Las economías regionales no son un mero término económico, sino un concepto profundo que significa la posibilidad de ser o no ser parte activa de una sociedad que apuesta al crecimiento. Una economía regional que agoniza o se debilita es una afrenta y debemos asumirlo como una responsabilidad y una carga. Una economía regional que florece es un multiplicador del desarrollo de todos.
Crearemos las condiciones para que cada hombre, cada mujer, cada chico, puedan construir su propio destino en un marco de igualdad de oportunidades.
No se puede dejar a cada uno librado a su suerte. Es preciso restablecer los equilibrios allí donde se pierden, para que haya verdadera justicia y verdadera libertad.

Desarrollo social
Este gobierno expresará un nuevo pacto entre la política social y la política económica. No hay desarrollo económico consistente sin desarrollo social, y este es el verdadero camino de la justicia y el progreso.
Se trata de un nuevo concepto de una sociedad más solidaria, no fundada en el mero existencialismo, sino en la convicción de que el crecimiento sólo será sostenido si es acompañado por el desarrollo de la persona humana.
Este es el nuevo camino. Una estrategia colectiva donde la libertad, el bienestar económico y la calidad de vida de cada uno de los argentinos sea el objetivo central.
Honorable Asamblea: para este presidente lo importante no es el aplauso, que naturalmente se recibe en el momento de llegar y asumir, sino el que pueda recibir en el momento de dejar la función y entregar el mando a otro presidente elegido por el pueblo. (aplausos).

Esa será la medida para saber si he cumplido mi deber frente a mis compatriotas.
Iniciamos hoy esta nueva etapa histórica, hacia un país integrado en un proyecto de progreso, con crecimiento sostenido, generador de más y mejores puestos de trabajo, con un Estado sano y transparente, capaz de poner sus cuentas en orden y con las cargas, los esfuerzos y los beneficios equitativamente repartidos.

El país necesita de todos, porque es de todos y para todos; para los desempleados, los jóvenes, los jubilados, los pequeños productores, los que enseñan y aprenden, todos los que tienen, todos los que tenemos responsabilidades; oficialismo y oposición; representantes de todos los sectores; representantes de las entidades intermedias. quiero asegurarles a los argentinos que con esfuerzo y dignidad construyen diariamente la grandeza de la Patria, que vamos a vivir en una tierra de oportunidad, de certezas y de transparencias.
Convoco a todos a iniciar con la ayuda de Dios este nuevo camino que significa un verdadero compromiso con la gente para una vida mejor.
Reafirmemos la patriótica decisión de ser un gran país, donde la honestidad, el trabajo y la paz sean los fundamentos de nuestra vida como Nación.

CITAS

1-La palabra adversativa – Eliseo Verón
2-Sólo por Roberto Samar

 

Con-versiones - Agosto 2004

 

        

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