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NOTAS SOBRE EL TIEMPO, EL MITO, LA TRAGEDIA Y LA
MELANCOLIA
Sergio Rocchietti

Cuando encontramos ese viejo manuscrito arrugado y arrojado a un rincón no sabíamos de que se trataba. Un manojo de papeles convocaba nuestro interés. Rotos, desgarrados por el tiempo, como los recuerdos, pudimos percibir con dificultad que alguna vez alguien, desconocido para nosotros, como lo son nuestros semejantes por más que tratemos de que dejen de serlo, había intentado realizar una tesis que no pudimos descifrar en su destino, si había alcanzado su culminación o no. Cuestiones formales y de institución; nuestra curiosidad nos hizo leer esos trazos y algunos de sus párrafos hincaron en nosotros su aguijón interrogativo y fue de ese modo que surgieron estos rápidos fragmentos escritos con esa urgencia de quien monologa en voz alta frente a sí mismo.
El texto destacado en negro y entrecomillado proviene de lo que se pudo rescatar de lo hallado, lo que prosigue a éllo son nuestras proposiciones.
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"Lo trágico retorna en la sociedad postmoderna". Nos preguntamos: ¿desde dónde retorna?, ¿qué trazado contornea en su recorrido de retorno? ¿a dónde estaba? ¿qué lo trae de regreso? Si no respondemos éstas cuestiones no decimos nada con la frase citada; hacemos un comentario, otra cosa es mostrar y demostrar cómo lo trágico retorna.
"¿Qué es una óptica contemporánea?". Una óptica contemporánea es un punto de vista desde una temporalidad actual. Una temporalidad actual es la que considera la senda histórica transcurrida desde un punto cualquiera de la historia occidental, el inicio es Grecia, ahora estamos en una época denominada postmodernidad. Las nominaciones epocales no nos pertenecen, las podemos aceptar o no, pero no es nuestro asunto. Las nominaciones en su universalidad hablan de todos y de ninguno. Hablan, dicen de nosotros, la cuestión es si les prestamos creencia, o no.
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El "tiempo" en sus múltiples consideraciones no es sino un tratamiento de la vida y sus duraciones. Dificultades del largo plazo, incremento de los instantes, aceleraciones dice P. Virilio. ¿Es el tiempo de la tragedia un tiempo distinto? Sí, indudablemente, la temporalidad que se establece en relación con los dioses no puede ser igual a la de "Los trabajos y los días" (ver Hesíodo) o sea a la de lo cotidiano.
La duración y el instante, las fugaces percepciones y su inestabilidad, el instante puede más que la larga duración (videoclip, zapping, extreme sports, etc., se oponen a los largos tiempos históricos), el placer es errático, móvil y cambiante, hay que seguirlo, hay que devorarlo, hay que gastarlo.
¿Cuánto dura el instante?
La historia, la particular se fragmenta en múltiplicidades que no admiten conexión, la historia social no es más que una recolección de artículos periodísticos.
¿Adónde se aloja la historia común? La que liga, la que hace de la comunidad un lugar de reconocimiento y perdurabilidad.
¿En la política?
¿En la economía?
No lo sabemos, no hay historia del presente, menos del futuro, la historia siempre se establece con relación a lo que ya ha pasado. ¿No podemos considerar a esto un error? ¿Podremos establecer alguna vez una historia de los presentes posibles o de los deseos futuros? ¿Cuánto dura el instante? ¿Cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco?.
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"Las tragedias terminan mal". Ideología hollywoodense del final feliz. El tema del mal no es griego es cristiano. En Grecia se trata de Necesidad (ananke) no de mal. La culpa no es griega, se trata del error o de la desmesura, exceso, (hybris), del haberse salido de los límites que marca el orden de la Necesidad y aún en épocas posteriores, de la Diké, la justicia.
Las múltiples vidas del mundo están enlazadas, entrelazadas, unidas en relaciones; si algo se desordena, eso trae consecuencias, fuertes o débiles, según las cercanías, a las otras vidas. La culpa griega se cierra con el castigo, la culpa cristiana promete un dolor sin fin.
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"¿Puedo escribir en primera persona?". Se pueden intercalar los modos de escritura. A veces en primera persona, a veces en tercera, según lo que aconseje la estilística escritural puesta en juego, ya que el objeto de la escritura es distinto cuando estamos trabajando sobre conceptos, ideas, nociones, etc.. La construcción de lo "a leer" depende de cómo lo escribamos. Y es en esa forja donde diseñamos lo que se presentará en el otro, igualmente, lo dado nunca puede predecirse como efecto; lo nuestro es el lanzar, lo dice la etimología de la palabra símbolo, en su verbo griego, ballo, yo lanzo; sim, con; simbollon, yo lanzo junto con.
Una definición indefinible de la escritura: la escritura es arrojar símbolos al azar.
Lo que sucede con éllos, cuáles son las consecuencias de nuestro arrojar jamás lo sabremos.
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"Si se piensa desde el mito..." Consideremos al mito como un sistema de correspondencias no lineal, que tiene en una de sus características estructurales la función de la metamorfosis, o sea que puede presentar la posibilidad de transformaciones entre distintos elementos del mundo, claro está, que el mundo mítico contiene al universo. Un universo no físico, un universo no cosmológico, un universo no astronómico, un universo, digámoslo de una buena vez, mitológico. ¡Qué esfuerzo para nosotros pensar, jamás lo sentiremos plenamente, al mito!. Sentir plenamente el mito es vivir el mito, es habitar el universo mítico cuyo mundo se genera desde ahí. El universo mítico es un interjuego constante de fuerzas cuyos nombres son los de los dioses.
En el mito no ingresa la muerte. La muerte como aniquilación perpetua. En la religión tampoco. No ingresa porque hay un retorno de lo supuestamente idéntico bajo la forma diversa, aunque reiterada, de "lo natural". El tiempo de la naturaleza es un ritmo circular en sus secuencias, que puede inducir la hipnótica certeza de lo inmortal. El tiempo se vuelve circular, vuelve a pasar por el origen o por los múltiples inicios de lo viviente y todo este transcurrir y recurrir hace al escenario de lo repetido. El hombre quiere poder intervenir en el escenario y se prosterna, se inclina frente a su ignorancia no soportando su no saber y su no poder, entonces inventa y cree, se olvida de su invención y cree firmemente, se hace esclavo de su creación, se hace depositario del saber y del poder, tribu, aldea, pueblo, ciudad, imperio, serán sucesivas organizaciones de lo humano "social". Nunca existió el "buen salvaje" de Rousseau, desestimémoslo, el estado de naturaleza no es más que otra ficción narrativa, como ésta, para poder soportar los insoportables. No los nombraremos, dejaremos que cada quien los reencuentre, son víctimas frecuente del olvido, pero siempre regresan a provocar lo que siempre provocan: "El hombre es una soledad tan grande que no osa decir su nombre". Jorge Polaco, (obra teatral "El tutor").
Y el hombre también quiere actuar en el escenario, se hace sacerdote, se hace hombre sagrado, narrar es tener las palabras, el rito o la narración ceremonial hace que el hombre intervenga. El hombre se hace partícipe necesario del orden del mundo, el hombre colabora con él. O todo vuelve a ser creado cada vez que se lo dice, o hay determinadas acciones que contribuyen a ello, o se trata de aplacar, agradar, no enfurecer a los dioses. La repetición hace que todo vuelva a pasar por el origen. Y el hombre ahora está allí para vigilar que esto ocurra.
Dijimos que la muerte no ingresa en el mito, pero su no ingreso no hace que no sea considerada. Se la ubica como fuerza de destrucción y actúa pero se la vence en el hecho del retorno. Cuando ya no ocurra ésto estaremos en otros lugares, en otros tiempos, ya no del mito, sino, quizás, de la épica, o un poco después, de la tragedia. Tiempos de lo heroico, luego, tiempos del destino y de esa frágil criatura llamada "mortal", por los griegos. El individuo no constituye una entidad muy estimada, es apenas aquel que tiene que ser llamado mortal porque porta la muerte, no te olvides de agradar a tus dioses, tu que no eres nada sino "el sueño de una sombra" dice Píndaro.
En el universo mítico no hay noción de subjetividad, ni de sujeto, menos aún de individuo. En el universo mítico hay encadenamiento y reiteración, persistencia y multiplicación.
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"El espíritu del tiempo está, sin duda, en la melancolía". La tragedia no es el tiempo del mito. A pesar de que podríamos suponer cierta zona de indeterminación, el tiempo del mito había terminado cuando la tragedia irrumpe despegándose de la épica y del pacífico ciclo de los mitos donde el hombre encontraba su lugar. Nuestra primera hipótesis es que la tragedia expresa el estado de conflicto entre el hombre y su destino.Ya hay un malestar. La tragedia como relato es ya el conflicto y el intento de reconciliación. Reconciliación que se revelará infructuosa.
La tragedia no está en el tiempo del mito. El tiempo del mito impone el retorno. El tiempo del mito será circular. Pero no se trata de un círculo mil veces repasado. El tiempo del mito será circular aunque trace un círculo amplio, y será la sobreimposición de tramos de círculo sobre otro círculo lo que dará continuidad a uno con otros y a diversos ciclos con otros. Las diferencias no serán visibles con facilidad pero estarán; se impondrá la simetría del círculo en su ir y venir, será la misma forma de la repetición la que generará la paz de un lugar conocido y reterado. El mundo se hará habitable.
La tragedia impone otro tiempo. La tragedia es secuencial y como toda secuencia serial se puede leer como una línea o sobre una línea, es lo que hará Aristóteles en la "Poética". La línea temporal se edifica sobre la línea secuencial del desarrollo o despliegue de la tragedia: inicio, desarrollo, conclusión. Cuando Aristóteles elabora su explicación no es el tiempo de la tragedia, habían transcurrido casi doscientos años desde esos tiempos, podemos decir que cuando Aristóteles escribe, la tragedia era ya una forma literaria.
Nuestra segunda hipótesis es que el tiempo secuencial de la tragedia es una ruptura con el tiempo circular del mito. Se enfrentan la circularidad y la secuencia, ¿cuál es la consecuencia? Algo que no será visible sino en otro campo y que aparecerá allí de un modo desplazado y bajo la forma de una “patología”, al decir de una disciplina que recién se validará en el siglo XIX, la psiquiatría, aunque ya estaba mencionada en los textos hipocráticos. Nos estamos refiriendo a la melancolía.
La circularidad del tiempo del mito hacía una defensa eficaz por sobre la muerte, eterna interrogadora. El hombre del mito no necesitaba más que alojarse en sus creencias que eran certezas, casi no tenemos palabras para expresar la delectación asegurada de esas épocas. Ni creencia ni certeza son términos adecuados, el “malestar cultural” no tenía razón de ser, el hombre del mito combinaba de un modo armónico con lo que lo rodeaba porque “formaba parte” de ello. No se establecía una diferencia con aquello que lo rodeaba porque no lo “rodeaba”, él estaba allí “siendo con”, algo más, ni siquiera podemos decir uno más, sino algo más en el ciclo de las correspondencias y permutaciones. El muerto no es un muerto sino que se transforma en otra cosa, se ha ido a otro lugar. La disolución es horrorosa; lo sigue siendo. El inicio es aceptado, el final es denegado: lo sigue siendo. Quizás un poco menos, pero sólo un poco.
El tiempo circular del mito nos provee de un pasaje hacia otro lugar. Nos inmortaliza, aunque sea al precio de las transformaciones. La secuencia lineal de la tragedia nos mortaliza y nos impide participar del ciclo de las transformaciones de lo natural. La tragedia nos muestra que hay una tensión entre el hombre y “sus” dioses, entre el hombre y “su” destino. Será el tiempo secuencial de la tragedia, resonando en esa misma linealidad del tiempo, el que posibilitará la apertura de ese espacio que podemos llamar “espacio melancólico”. La resonancia serial es transformada en el siguiente mensaje: dejarás de ser, por consiguiente, ya no eres. Si esta consecuencia es establecida, el mensaje se transforma en conciencia melancólica. La conciencia melancólica porta a cada momento la máxima: “ya no eres”, cual grito estentóreo que impide cualquier otra cosa, esa cualquier otra cosa es nada más que vivir.
Luego la melancolía es la posible continuación del desenlace trágico. Un salto dado a través de un espacio vacío. Pero es una posibilidad. Ahora sí hay sujeto, el sujeto de la melancolía será asunto de los médicos. No olvidemos que es en los textos hipocráticos desde donde recogemos la palabra melancolía (bilis negra), la predominancia en un cuerpo de la bilis negra afectará al individuo de un modo tal, que le provocará la melancolía.
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Con-versiones octubre 2002
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