En las entrevistas, los prefacios, las conferencias y los cursos hoy reunidos
en Dits et écrits [Dichos y escritos], Michel Foucault manifiesta una
preocupación constante: inscribir en una coherencia de conjunto el trabajo ya
hecho y las investigaciones en curso. A través de múltiples retornos
retrospectivos, Foucault demuestra así ser el primer lector de Foucault.
Estas múltiples lecturas que propuso de su "obra" serán el objeto de este
ensayo.
De esas miradas retrospectivas, las primeras apuntan a señalar proximidades
intelectuales. Ellas se enuncian de una manera a menudo banal y clásicamente
biográfica cuando Foucault, en una situación de entrevista, es cuestionado
acerca de los autores y las lecturas que lo marcaron. Sin embargo, pueden ser
más "foucaultianas" cuando Foucault se esfuerza en aplicar a su propio trabajo
un enfoque genealógico, entendido como"una forma de historia que
da cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, de los dominios
de objetos, etcétera, sin tener que referirse a un sujeto, ya sea éste
trascendente respecto del campo de acontecimientos o se deslice en su identidad
vacía, a lo largo de toda la historia"(1).
Hay aquí una advertencia fundamental contra todas las lecturas que ponen en
obra, espontáneamente, para comprender su trabajo, las categorías clásicas de
la historia de las ideas "ese viejo suelo gastado
hasta la miseria"(2),
a la que pensaba condenar definitivamente al abandono. Una tensión extrema
atraviesa de esta manera el discurso de Foucault sobre sí mismo, siempre
capturado entre las exigencias y las trampas de los enunciados en primera
persona y el esfuerzo realizado para desprenderse de ellos. Esbozó, varias
veces, para desarticularla, el borramiento posible y deseable de la "función-autor". Así, en la conferencia pronunciada ante la Sociedad
Francesa de Filosofía, ¿Qué es un autor?, en 1969:
"Al ver las modificaciones
históricas que se han producido, no parece indispensable, lejos de ello, que la
función-autor permanezca constante en su forma, en su complejidad e incluso en
su existencia. Puede imaginarse una cultura en que los discursos circulasen y
fuesen recibidos sin que la función-autor apareciese nunca"(3).
De igual modo, en las primeras palabras de la lección inaugural en el Collége de
France, El orden del discurso: "En el discurso que hoy debo sostener y en aquellos que deberé sostener aquí,
durante años quizás, hubiera querido poder deslizarme subrepticiamente. Más que
tomar la palabra, hubiese querido ser envuelto por ella, y llevado mucho más
allá de todo comienzo posible. Me hubiese gustado percatarme de que en el
momento de hablar una voz sin nombre me precedía desde hacía mucho: me hubiese
bastado entonces concatenar, proseguir la frase, alojarme, sin que se percibiese
demasiado, en sus intersticios, como si ella me hubiese dado una señal
manteniéndose un instante en suspenso. No habría pues comienzo, y en lugar de
ser aquel del que surge el discurso, estaría más bien en el azar de su
despliegue, como una delgada laguna, el punto de su posible desaparición"
(4).
Recusar las antiguas nociones asociadas a la "función-autor" (originalidad de la obra, singularidad del discurso, subjetividad del autor)
permitía desplegar un enfoque crítico y genealógico de los discursos que podía
legítimamente ser aplicado al suyo. El prefacio a la traducción inglesa de
Las palabras y las cosas inscribe, por ejemplo, al libro en una serie de
discursos que lo engloba y lo unifica en una misma situación de enunciación y en
una misma red teórica:
"Me sentaría mal -a mí más que a cualquier otro- pretender que mi discurso es
independiente de condiciones y reglas de las que soy, en gran medida,
inconsciente, y que determinan los otros trabajos hoy realizados" (5).
La segunda forma de la relación que Foucault mantiene con su propia
"obra" es clasificatoria o "arquitectónica": se trata de inscribir los libros
ya escritos y los que están en preparación en una organización sistemática, una
arquitectura cuya función es a la vez dar cuenta de la lógica de una trayectoria
de investigación y de la coherencia de un proceder. El modelo de estas
reorganizaciones retrospectivas está dado, desde 1969, en La arqueología del saber. Foucault ya ha publicado Historia de la
locura (1961), El nacimiento de la clínica (1963) y Las palabras y
las cosas (1966). Cada uno de estos libros le parece pues la exploración de
uno de los rasgos constitutivos de toda formación discursiva y la aplicación de
una de las modalidades del análisis arqueológico.
En el vocabulario de La arqueología del saber, algo abandonado
posteriormente, esas diferentes modalidades conciernen a la constitución de
un "referencial", entendida como la formación del particular dominio de
objetos al que apunta el discurso; la formación de un "desfasaje enunciativo",
es decir, de un régimen de enunciación específico de la producción de ese
discurso, y la presencia de una "red conceptual" definida por las reglas
de formación de los conceptos propios de la formación discursiva considerada.
Las tres obras del decenio del '60 encuentran muy naturalmente su lugar en esa
arquitectura sistemática:
"En
'Historia de la locura'
me enfrentaba con una formación
discursiva cuyos puntos de elección teóricos eran bastante fáciles de delimitar,
cuyos sistemas conceptuales eran relativamente poco numerosos y sin complejidad,
cuyo régimen enunciativo finalmente era bastante homogéneo y monótono; era un
problema, en cambio, la emergencia de todo un conjunto de objetos muy
enmarañados y complejos; se trataba de describir, ante todo, para precisar en su
especificidad el conjunto del discurso psiquiátrico, la formación de esos
objetos. En 'El nacimiento de la clínica',
el punto esencial de la investigación era la manera como se modificaron, a fines
del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, las formas de enunciación del discurso
médico; el análisis recayó, más que sobre la formación de los sistemas
conceptuales o las elecciones teóricas, sobre el estatuto, el emplazamiento
institucional, la situación y los modos de inserción del sujeto que discurre.
Por último, en 'Las palabras y las cosas',
el estudio recaía, en su parte principal, sobre las redes de conceptos y sus
reglas de formación (idénticos o diferentes), tal como se los podía delimitar en
la gramática general, la historia natural y el análisis de las riquezas"(6).
Foucault concluye que falta todavía estudiar la cuarta característica de las
formaciones discursivas, a saber, "el campo de posibilidades estratégicas" que dibuja elecciones teóricas similares tras las diferencias de opiniones o, a
la inversa, marca distancias teóricas irreductibles más allá de una temática
común.
La operación intelectual efectuada en La arqueología del saber será reiterada muchas veces por Foucault a lo largo de todo su trabajo. Ella
marca la importancia que otorgaba a las exigencias de ordenamiento que debían
tornar visibles la lógica de la obra. Al mismo tiempo, siempre estaba
presente el riesgo de retornar a las categorías clásicas de la historia de las
ideas, rechazadas sin embargo porque un proyecto tal postula, contrariamente a
lo que muestra el análisis arqueológico de las formaciones discursivas que la
obra debe necesariamente tener unidad y coherencia. Foucault lector de sí mismo
no estaba pues en una situación mejor que sus comentadores, siempre tironeados
entre la evidencia engañosa de las nociones que permiten hablar de las obras y
la radicalidad de las rupturas que impone la empresa "foucaultiana" misma.
Parentescos intelectuales
En la gran entrevista que dio a D. Trombadori a fines de 1978, Foucault
inscribe su trabajo en tres linajes (7).
El primero es una familia de escritores: Blanchot, Bataille, Klossowski a
los que pueden agregarse, en otros textos, otros nombres, como Artaud, Bréton,
Léris. El punto común de estos autores fue"arrancar al sujeto de sí
mismo, hacer de modo tal que no sea él mismo o que se vea llevado a su
aniquilamiento o a su disolución"
(8).
En la experiencia del límite, a la vez literaria y existencial, Blanchot,
Bataille y Klossowski operan una "desubjetivación" fundamental.
Un recordatorio como éste remite a la presencia recurrente, obsesiva, de esos
tres autores, en los textos de Foucault de los años '60. En 1963, en un artículo
de Critique, Foucault caracteriza la obra de Bataille como una
prueba del límite que es ruptura con la "soberanía del sujeto
filosofante",
"fractura del sujeto
filosófico"(9).
Con Bataille, "el filósofo sabe que 'no somos todo'; pero aprende que él mismo no habita la
totalidad de su lenguaje como un dios secreto y omniparlante; descubre que hay,
a su lado, un lenguaje que habla y del cual no es amo"(10).
Un año más tarde el ensayo sobre Klossowski publicado en la Nouvelle
Revue Française, (11)delimita en las figuras del simulacro propuestas por el escritor el
desdoblamiento o la dispersión del sujeto, hablando en voces que se susurran, se
sugieren, se apagan, se reemplazan las unas a las otras -dispersando al acto de
escribir y al escritor en la distancia del simulacro donde se pierde, respira y
vive- (12).
Al sujeto único y unificado de la filosofía idealista se le sustituye así
"la multiplicación teatral y
demente del Yo"(13).
Un poco más tardío el texto sobre Blanchot aparecido en Critique
en 1966, (14)
hace de la experiencia del lenguaje una experiencia desde afuera:
"Era harto sabido, después
de Mallarmé, que la palabra es la inexistencia manifiesta de lo que designa; se
sabe ahora que el ser del lenguaje es el borramiento visible de quien habla"
(15).
La obra no expresa una individualidad singular;
"existe de cierta manera por
sí misma, como el fluir desnudo y anónimo del lenguaje"
(16).
La disolución del sujeto en una experiencia límite, de naturaleza sexual en
Bataille o lenguajera en Blanchot, se sitúa en total discordancia con la
exigencia del nombre propio que gobierna el estatuto de la literatura desde el
Renacimiento. Esta contradicción mayor será el centro de la reflexión en "¿Qué
es un autor?" y conducirá a Foucault a identificar los diferentes dispositivos
(apropiación penal de los discursos en primer término, definición jurídica del
derecho de autor, posteriormente) que culminaron en la "función-autor",
entendida como la asignación de la obra literaria a un nombre propio.
La segunda genealogía en la que Foucault inscribe su propio trabajo es
la de la historia de las ciencias. En la entrevista con D.Trombadori, sólo
menciona el nombre de Koyré, pero en la introducción a la traducción inglesa del
libro de Canguilhem, Lo normal y lo patológico, publicada en 1978 (17) y revisada en 1984 para el número de la Revue de Métaphysique et de Morale, (18) consagrado a la obra de Canguilhem, el linaje de los 'historiadores de la
ciencia' comprende cuatro nombres: Koyré, Bachelard, Cavaillés y al mismo
Canguilhem. Su trabajo tiene un primer punto común:
"Obras como las de Koyré,
Bachelard, Cavaillès y Canguilhem pueden tener efectivamente como centro de
referencia dominios precisos, 'regionales', cronológicamente bien determinados
de la historia de las ciencias; ellos funcionaron sin embargo como focos de
elaboración filosófica importantes, en la medida en que revelaban, bajo
diferentes facetas, esa cuestión de la Aufklärung, esencial para la filosofía
contemporánea"(19).
En los historiadores de las ciencias esa
"cuestión de la Aufklärung"
está planteada en
"una filosofía del saber, de
la racionalidad y del concepto" -y
éste es un segundo punto común, más fundamental todavía, que opone, término a
término, sus obras a la filosofía de la experiencia, del sentido y del sujeto,
que es la de Sartre y Merleau-Ponty. Para Foucault este clivaje es antiguo y de
carácter estructurante en la filosofía francesa, desde la oposición entre Comte
y Maine de Biran hasta la oposición entre Poincaré y Bergson. Encontró su
formulación más reciente en la doble lectura de las Meditaciones cartesianas
de Husserl, la lectura epistemológica de Cavaillés y la lectura
fenomenológica de Sartre.
La historia de las ciencias, en su definición filosófica francesa,
entraña una primera apuesta: poner en evidencia la historicidad del
pensamiento de lo universal, oponer a la razón entendida como una invariante
antropológica, la discontinuidad de las formas de racionalidad. Se trata
pues de interrogar "una racionalidad que pretende a lo universal mientras que se desarrolla en la
contingencia, que afirma su unidad y no procede, empero, más que por
modificaciones parciales, que valida por sí misma su propia soberanía, aunque no
puede ser disociada en su historia de las inercias, las lentitudes o las
coerciones que la sujetan"(20).
Un segundo desplazamiento operado por la historia de las ciencias a la francesa
sustituye, a una concepción de la verdad considerada como presente en las
cosas mismas, las modalidades móviles de la separación entre lo verdadero y lo
falso. Foucault analiza de este modo el trabajo de la epistemología histórica: "La historia de la
ciencia no es la historia de lo verdadero, de su lenta epifanía, no podría
pretender relatar el descubrimiento progresivo de una verdad inscrita desde
siempre en las cosas o en el intelecto, salvo si imagina que el saber de hoy la
posee de manera tan completa y definitiva, que puede medir el pasado a partir de
dicho saber. Y, sin embargo, la historia de las ciencias no es una mera y simple
historia de las ideas y de las condiciones de su aparición antes de ser
borradas. No se puede, en la historia de las ciencias, darse por adquirida la
verdad, pero tampoco se puede hacer la economía de una relación con lo verdadero
y con la oposición entre lo verdadero y lo falso. Esta referencia al orden de lo
verdadero y lo falso brinda su especificidad y su importancia a esta historia.
¿Bajo qué forma? Concibiendo que ha de hacerse la historia de los 'discursos
verídicos', es decir, la historia de los discursos que se rectifican, se
corrigen, y que operan sobre sí mismos todo un trabajo de elaboración que
culmina en la tarea del 'decir verdadero' "
(21).
Finalmente, ña historia de las ciencias opone, al sujeto soberano fundador del
sentido, a la centralidad del cogito, la constitución recíproca del
objeto del saber por el sujeto cognoscente y la del sujeto cognoscente por los
saberes que lo objetivan.
Foucault se reconoce en una tercera familia, más desunida: la formada
por "los
estructuralistas que no lo eran"(22) con excepción, sin duda, del primero de ellos Lévi-Strauss, Lacan, Althusser.
Entre sus trabajos y el suyo, Foucault reconoce un punto común, que no es la
utilización de los conceptos o de los métodos del análisis estructural,
frecuente y vigorosamente rechazada, sino un común recuestionamiento de la
teoría del sujeto. En las reglas de parentesco o en la producción de los
relatos mitológicos, en el funcionamiento del inconsciente, en la articulación
entre modos de producción y formaciones sociales, sus obras identificaron el juego automático de las estructuras, allí donde los pensamientos idealistas
ubicaban la invención creadora, la transparencia de la conciencia o el resultado
del actuar humano.
Lo que une estos tres linajes en los que Foucault mismo se inscribe es,
entonces, una formulación radicalmente original de la cuestión del sujeto, de un
sujeto despojado de los poderes y atributos tradicionales que le permitían dar
sentido al mundo, fundar la experiencia y el conocimiento, producir la
significación. En el lugar de la soberanía absoluta de la subjetividad
cartesiana o fenomenológica, los escritores del límite, los historiadores de las
ciencias y los "estructuralistas" instalaron los discursos negativos" sobre el
sujeto. Su trabajo remite a una misma obra, la de Nietzsche. A
Foucault le gusta recordar la importancia decisiva que ella tuvo en su
trayectoria intelectual, incluso la sitúa en el origen de cada genealogía.
Nietzsche fue el primero de los escritores de la "desubjetivación". De
ello se deduce el recorrido a contrapelo que condujo Foucault de los escritores
del límite a esa obra matriz: "Leí a Nietzsche a causa de
Bataille, y leí a Bataille a causa de Blanchot"
(23).
Aunque menos evidente, la proximidad entre Nietzsche y Canguilhem no es menos
cierta: "Nietzsche
decía de la verdad que era la mentira más profunda. Canguilhem diría quizás -él,
que está muy lejano y muy próximo de Nietzsche al mismo tiempo-, que ella es, en
el enorme calendario de la vida, el error más reciente; o, más exactamente,
diría que la separación entre lo verdadero y lo falso, al igual que el valor
otorgado a la verdad, constituyen la manera más singular de vivir que haya
podido inventar una vida que, desde el fondo de su origen, llevaba en sí misma
la eventualidad del error"(24).
Por último, como lo señala con vehemencia uno de los pocos textos que Foucault
consagró exclusivamente a Nietzsche
(25),
el concepto de acontecimiento tal como lo maneja la "Wirkliche
Historie", "la historia efectiva" nietzscheana, es la palanca
fundamental que permite desgajar de la soberanía del sujeto significante, todo
trabajo de comprensión, estructuralista o no. Entendido como
"una relación de fuerzas que
se invierte, un poder confiscado, un vocabulario retomado y vuelto contra sus
usuarios, una dominación que se debilita, se distiende, se envenena a sí misma,
y otra que entra, enmascarada"(26)
considerado en su surgimiento radical el acontecimiento obliga a romper
con "el juego
consolador de los reconocimientos"
y a realizar "el
sacrificio del sujeto del conocimiento"
(27).
Arquitecturas de la obra: el poder, el sujeto, la verdad
En la entrevista de 1978 con D. Trombadori, Foucault propone una
clasificación de los libros ya publicados a partir de la forma de trabajo
intelectual que los produjo: "Cada uno de mis libros es
una manera de delimitar un objeto y de forjar un método de análisis. Una vez
terminado mi trabajo, puedo, por una suerte de mirada retrospectiva, extraer de
la experiencia que acabo de hacer una reflexión metodológica que despeja el
método que el libro hubiera debido seguir. De tal suerte que escribo, algo
alternativamente, libros que llamaría de exploración y libros de método"
(28).
Foucault ubica entre los "libros de exploración" a Historia de la
locura, y El nacimiento de la clínica, y entre ellos "libros de método",
a La arqueología del saber. Las palabras y las cosas, "libro marginal",
"ejercicio formal", no encuentra lugar en esta taxonomía ni, por otra parte, las
obras más recientes, evocadas del siguiente modo:
"Luego, escribí cosas como
Vigilar y castigar y La voluntad de saber".
Inscribir en una coherencia de conjunto
y en una trayectoria razonada esas "cosas" será el objeto mismo de las otras
clasificaciones.
En una entrevista otorgada un año antes (29),
Foucault había hecho del desplazamiento de la categoría de poder el
principio de organización de su trabajo. Se distinguen así los libros fundados
en una grilla de lectura "jurídica y negativa" del poder, donde el
poder prohibe, oculta, excluye, y aquellos que operan con una grilla
diferente, "técnica y estratégica". En los segundos, los "efectos de
poder" no remiten ya a una instancia única y central, sino que resultan de
las relaciones impersonales tejidas entre los individuos o los grupos. Lejos de
reprimir una subjetividad que les sería anterior y exterior, estos efectos de
poder reparten, definen papeles, modelan a los individuos. Son, por ende, a su
manera, productores de los sujetos mismos. Historia de la locura y, más
bizarramente, El orden del discurso, son citados como inspirados por la
primera concepción -negativa- del poder; Vigilar y castigar y La voluntad de
saber como construidos a partir de la segunda. Aquí disociados, opuestos
incluso, Historia de la locura y Vigilar y castigar serán luego
reubicados en una misma serie, cuando el criterio primero de organización de la
obra sean los modos de constitución del sujeto; lo cual, a su vez,
alejará a Vigilar y castigar de La voluntad de saber, primer
volumen de Historia de la sexualidad.
En el resumen del curso que dio en el College de France durante el año
universitario 1980-1981
(30), Foucault propone un nuevo recorte
retrospectivo, organizado según los desplazamientos temáticos de su trabajo tal
como se le presentan en ese entonces. En un primer tiempo, estuvo consagrado a
la "historia de la subjetividad", entendida como la historia de las
modalidades de constitución del sujeto. Estas modalidades son de dos tipos:
por un lado, las separaciones que instituyeron el sujeto normal en
oposición al loco (Historia de la locura), al enfermo (El nacimiento
de la clínica), al delincuente (Vigilar y castigar); por otro, los
saberes que lo objetivaron en tanto que ser hablante, trabajador y viviente
(Las palabras y las cosas).
Una segunda etapa colocó en el centro de las interrogaciones a la "historia de gubernamentalidad". El término aparece por primera vez en el
curso del Collége de France de 1977-1978. Designa entonces el conjunto de los
aparatos, de los procedimientos, de los cálculos y de las técnicas que definen
una forma específica de poder, cuya mira es la población, el saber de
referencia, la economía política y el instrumento técnico, los dispositivos de
seguridad. A ello se debe el título mismo del curso: "Seguridad, territorio y
poblaciones" (31).
En 1981, Foucault reúne como formas de exploración de la "gubernamentalidad" los
libros que conciernen al encierro y a la disciplina (Historia de la locura y
Vigilar y castigar, ya citados, y que, obviamente, no usan la noción), los
cursos consagrados al arte de gobernar y a la razón de Estado (a saber, los de
1977-1978, "Seguridad, territorio y poblaciones"; de 1978-1979, "Nacimiento de
la biopolítica", y de 1979-1980, "Del gobierno de los vivos") y el estudio
realizado con Arlette Farge sobre las Lettres de cachet, que será
publicado en 1982 (32).
El resumen del curso de 1979-1980 indica una reorganización del concepto de "gubernamentalidad"
que se separa del mero ejercicio del poder del Estado. Subsume, desde entonces,
todas "Ias técnicas y procedimientos destinados a dirigir la conducta de los
hombres", amplía sus objetos (el Estado, sin duda, pero también la casa o el
individuo mismo) y sus metas (los cuerpos, pero también las almas o las
conciencias) (33).
El curso de 1980-1981 inaugura una nueva investigación que, bajo el título "Subjetividad y verdad", se da como objeto la historia de la preocupación
por el sí-mismo y de la técnicas vinculadas a él. Los desplazamientos propuestos
son de dos órdenes: de la objetivación del sujeto por las separaciones y
los saberes a las relaciones del sujeto consigo mismo; del ejercicio del
gobierno sobre las poblaciones a las formas y los modelos del gobierno de sí
mismo por sí mismo. En un proyecto como éste, como lo indicaba ya una
conferencia dada en Brasil en 1976 (34),
la sexualidad desempeña un papel central, dado que en ella se articulan la
regulación de las poblaciones y las disciplinas individuales de los cuerpos.
En la entrevista con Dreyfus y Rabinow, aparecida en 1982 con el título "El
sujeto y el poder", Foucault formula de manera un poco diferente la trama
cronológica de su trabajo
(35). La cuestión central que lo ha
producido es formulada con claridad, recusando explícitamente otra lectura: "No es el poder, sino
el sujeto lo que constituye el tema general de mis investigaciones"(36).
A ello se debe un trabajo siempre preocupado por los
"diferentes modos de
subjetivación del ser humano en nuestra cultura"
(37).
El concepto de "subjetivación" entra así en el vocabulario "foucaultiano",
tardía, pero decisivamente. La trayectoria dibujada retoma la que fue presentada
en el resumen del curso de 1980-1981, pero con algunas variantes. Se abre con
los estudios consagrados a la objetivación del sujeto por los saberes:
objetivación del sujeto hablante por la gramática, la filología, la lingüística;
objetivación del sujeto trabajador por la economía política; objetivación del
sujeto viviente por la historia natural y la biología. Estos son los objetos
mismos de Las palabras y las cosas, dotados aquí de un estatuto
inaugural. Luego Foucault indica que "en la segunda parte de [su] trabajo" la
atención recayó sobre la objetivación del sujeto por "prácticas que lo dividen"
es decir, prácticas que lo separan de los otros o bien que lo dividen en su
propio interior. Así la división entre el loco y el hombre sano de espíritu;
entre el enfermo y el individuo sano, o entre el delincuente y el "buen
muchacho". La preocupación lógica desordena aquí la sucesión cronológica, dado
que las dos primeras divisiones son objeto de libros (Historia de la locura,
El nacimiento de la clínica), evidentemente anteriores a la publicación de Las palabras y las cosas. El "trabajo en curso", abierto en 1978 por
La voluntad de saber, tiene otro propósito: estudiar cómo, por sí mismo, el
ser humano se transforma en sujeto.
El avance de este "trabajo en curso", marcado por la redacción de El uso
de los placeres y de La magnitud de sí mismo, conduce a Foucault a
una nueva reorganización de su trabajo. La enuncia en el texto, que debía ser la
introducción general a Historia de la sexualidad, a saber, las dos obras
citadas y la que debía completarlas, Confesiones de la carne. Publicada
en Le Débat en noviembre de 1983 -algunos meses antes de la publicación
de El uso de los placeres- (38) esta presentación general articula la nueva reconstrucción retrospectiva a
partir de la relación entre las "problematizaciones y prácticas". Siguiendo el
índice de Dits et écrits la noción de problematización es de uso
tardío: todas las apariciones del tema (salvo una en 1976) se encuentran en
textos de los tres últimos años, entre 1982 y 1984. En una entrevista publicada
en mayo de 1984, el concepto, que se ha transformado en central, es definido del
siguiente modo: "Problematización
no quiere decir representación de un objeto preexistente ni tampoco creación por
el discurso de un objeto que no existe. Es el conjunto de las prácticas,
discursivas o no, que hace que algo entre en el juego de lo verdadero y de lo
falso, constituyéndolo como objeto para el pensamiento (ya sea bajo la forma de
la reflexión moral, del conocimiento científico, del análisis político,
etcétera)" (39).
Una problematización se caracteriza pues por dos rasgos: la
construcción en una radical discontinuidad de categorías y preguntas -la
locura, la sexuafidad- que no deben ser consideradas ni como invariantes
antropológicas ni como modalidades históricas particulares de nociones
universales; la sumisión a los criterios del discurso verídico de los
enunciados que forman los dominios de pensamiento así constituidos.
La relaciones del pensamiento con la verdad le presentan a
Foucault, por ende, como siendo verdaderamente el hilo conductor de la obra:"Me parece percibir
mejor ahora de qué manera, un poco a ciegas, y a través de fragmentos sucesivos
y diferentes, me vi envuelto en esta empresa de una historia de la verdad:
analizar, no los comportamientos ni las ideas, no las sociedades ni las
ideologías, sino las 'problematizaciones' a través de las cuales el ser se da
como pudiendo y debiendo ser pensado, y las 'prácticas' a partir de las que se
forman. La dimensión arqueológica del análisis permite analizar las formas
mismas de la problematización; su dimensión genealógica, su formación a partir
de las prácticas y de sus modificaciones"(40).
Cada libro o conjunto de libros encuentra de esta manera su singularidad y su
razón en el registro particular de las prácticas que entraña la "problematización"
que es su objeto: prácticas sociales y médicas en Historia de la locura y
en El nacimiento de la clínica, prácticas discursivas en Las
palabras y las cosas, prácticas punitivas en Vigilar y castigar, prácticas de sí en Historia de la sexualidad. La problematización retenida en cada oportunidad como objeto de análisis (problematización de la
vida, del lenguaje y del trabajo; problematización de las conductas criminales;
problematización de las actividades y de los placeres sexuales) encuentra su
fundamento en un régimen específico de prácticas. Dicho régimen es gobernado por
reglas y criterios propios, que definen según los casos los dispositivos de
normalización, las reglas de producción de los discursos, las técnicas
disciplinarias o la estética de la existencia.
Una última lectura de Foucault por Foucault aparece en el artículo "Foucault"
del Diccionario de los filósofos, publicado en 1984. En parte, este
artículo -firmado Maurice Florence (M.F.)- retorna el texto que Foucault mismo
había redactado corno introducción al segundo volumen de Historia de la
sexualidad(41).
La clasificación retrospectiva del trabajo ya no opera de acuerdo con el
tipo de prácticas que ha sostenido la formación de las problematizaciones que
interesaron a Foucault, sino a partir del tipo de sujeto construido por las
prácticas (discursivas o no) que plantean al sujeto como objeto de un saber
posible y que someten ese saber al criterio de lo verdadero y lo falso, al
principio de veridicción entendido corno
"Ias formas según las cuales se
articulan sobre un dominio de cosas, algunos discursos que pueden ser
considerados verdaderos o falsos"(42).
De allí, las tres modalidades del sujeto exploradas por la obra. Por
una parte, el sujeto hablante, el sujeto que trabaja, el sujeto viviente,
tal como los constituyó el discurso, dotado de estatuto científico, de las
"ciencias humanas". Tal era el objeto de Las palabras y las cosas.
Por otra, el sujeto desviado, designado como loco, enfermo o delincuente,
tal como fue construido por las prácticas de la psiquiatría, la medicina clínica
o la penalidad. Historia de la locura, El nacimiento de la clínica y Vigilar
y castigar son libros que situaron como eje de su búsqueda estas
separaciones normativas operadas por las prácticas mismas. Finalmente, "la
constitución del sujeto como objeto para sí mismo" que entrañan el
conocimiento y las técnicas de sí. A la objetivación del sujeto por los
discursos de conocimiento o por las prácticas que dividen y separan, este tercer
modo de formación del sujeto opone historia de la subjetividad si se entiende
por dicha palabra la manera en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo en
un juego de verdad en el que se relaciona consigo mismo (43).
En esta última etapa, su trabajo se le presenta a Foucault como guiado, desde
siempre, no por la cuestión del poder o por la del sujeto, sino por la historia
de los "juegos de verdad". En el texto publicado en 1983, que abrirá
El uso de los placeres, se diferencian tres tipos de "juegos de verdad" que
corresponden a tres momentos del trabajo (Las palabras y las cosas, Vigilar y
castigar e Historia de la sexualidad): "Luego del estudio de los juegos de verdad en su relación mutua -a partir del
ejemplo de cierta cantidad de ciencias empíricas en los siglos XVII y XVIII-;
luego del estudio de los juegos de verdad respecto de las relaciones de poder,
tomando como ejemplo las prácticas punitivas, otro trabajo parecía imponerse:
estudiar los juegos de verdad en la relación del sí mismo consigo mismo y la
constitución del sí mismo como sujeto, tomando como ámbito de referencia y campo
de investigación lo que podría llamarse la 'historia del hombre de deseo' "(44).
De este modo, el cuestionamiento que recaía sobre la constitución del sujeto, en
el doble proceso de su objetivación y de su subjetivación, que era considerado
como el principio fundamental de organización de la obra a partir de los años
'80, se borra ante otro interrogante que habría proporcionado la trama continua
del trabajo: la cuestión de la verdad o, mejor dicho, la de los dominios de
pertinencia, de las modalidades de empleos, de las reglas de constitución de esa
partición esencial según la cual
"respecto de ciertas cosas,
lo que un sujeto puede decir depende de la cuestión de lo verdadero y lo falso"
(45).
La originalidad del "último Foucault" yace esencialmente en el
carácter central que le otorga retrospectivamente a la cuestión de lo verdadero
y de lo falso. Ella habita las últimas entrevistas. En la publicada por Telos
en la primavera de 1983, organiza toda la arquitectura de la empresa
intelectual llevada a cabo desde Historia de la locura: "Mientras que los
historiadores de las ciencias, en Francia, se interesaban esencialmente en el
problema de la constitución de un objeto científico, la pregunta que me hice fue
la siguiente: ¿cómo el sujeto humano llega a ofrecerse a sí mismo como objeto de
saber posible, a través de qué formas de racionalidad, a través de qué
condiciones históricas y, finalmente, a qué precio? Mi pregunta es la siguiente:
¿a qué precio puede el sujeto decir la verdad acerca de sí mismo?
(46).
Cada libro o cada conjunto de libros es pensado, desde entonces, como habiendo
explorado los discursos verdaderos que el sujeto puede sostener sobre sí mismo,
ya se trate de un sujeto loco (Historia de la locura); un sujeto enfermo
(El nacimiento de la clínica); un sujeto hablante, que trabaja y que vive
(Las palabras y las cosas); un sujeto criminal (Vigilar y castigar), o
un sujeto de placer sexual (Historia de la sexualidad). La obra
entera, con excepción de La arqueología del saber, encuentra de este modo
una nueva coherencia, en el despliegue de una sola y única pregunta, presente de
libro en libro.
Una reconstrucción tal parece coexistir con una clasificación más clásica de
la obra como, por ejemplo, la que aparece en la entrevista de abril de 1983 con
H. Dreyfus y P. Rabinow. En ese texto Foucault retorna a su trabajo
distribuyéndolo según los tres ejes posibles de una genealogía de nuestro
presente: "Primero,
una ontología histórica de nosotros mismos en nuestras relaciones con la verdad,
que nos permite constituirnos como sujetos de conocimiento; luego, una ontología
histórica de nosotros mismos en nuestras relaciones con un campo de poder en el
que nos constituimos como sujetos que actúan sobre los otros; finalmente, una
ontología histórica de nosotros mismos en nuestras relaciones con la moral que
nos permite constituirnos en agentes éticos"(47).
El nacimiento de la clínica y La arqueología del saber exploraron
el primer eje, el de la verdad; Vigilar y castigar, el segundo, el del
poder; Historia de la sexualidad el tercero, el de la moral; estando
presentes los tres "aunque de una manera algo confusa", en Historia de la
locura (48).
Confinando, aparentemente, la cuestión de la verdad en un único dominio,
la grilla de clasificación así propuesta puede entenderse, empero, de otra
manera. Las tres ontologías históricas que distingue se definen, en
efecto, por aquello con lo que la verdad mantiene una relación: el
conocimiento, el poder, la ética. Cada uno de estos
dominios de discurso y de prácticas pone en juego, a su manera, las formas del "decir verdadero", las reglas de producción y de validación de los "discursos verídicos".
De esta manera, en lo que debía ser la etapa última de su investigación, el
entrelazamiento entre la cuestión de la historia de la verdad y la de la subjetivación se había transformado para Foucault en la trama fundamental de
su recorrido intelectual. La cuestión de los juegos de verdad proporcionaba la clave que permitía leer su obra de manera más abarcativa, más
coherente, a la espera de otras reconstrucciones que sin duda habrían de ser
sugeridas por las búsquedas futuras. Esta clave indicaba, más agudamente que las
precedentes, la tensión irreductible y fundamental que había acompañado todo el
trabajo -un trabajo necesariamente sometido a las inestables particiones entre
lo verdadero y lo falso que eran su objeto mismo, y cuya verdad no obstante
debía enunciar.
Esquema [R. Campopiano] : Proponer
un esquema no tiene como intención simplificar o abarcar la totalidad de la obra
del autor. Sino por el contrario plantear las categorías más importantes, a mi
criterio, de su recorrido por la filosofía y prestarnos a jugar el juego de
pensamiento que Foucault realiza durante su vida académica. A diferencia de lo
que realiza el autor que nos convoca en todas sus obras, este esquema no está
contextualizado ni en tiempo ni en historia, con el propósito de que el mismo
sirva para vislumbrar problemas actuales de toda índole: política, psicológica,
sociológica, etc.
Se verá que uno puede comenzar a leer el esquema desde cualquier punto y siempre
volver al inicio. No porque sea circular, sino para que el esquema nos permita
pensar las relaciones propuestas por el autor y generar otras nuevas.

:
(1) "Entretien avec M.
Foucault", Dits et écrits, 1954-1958, Edición establecida bajo la
dirección de Daniel Defert y Frangois Ewald, con la colaboración de Jacques
Lagrange, París, Gallimard, 1994, t. III, 1976-1979, págs. 140-160 (cita, pág. 147).
(2) L'archéologie du savoir, París, Gallimard, 1969, pág. 179. [Trad. cast. La arqueología
del saber, México, Siglo XXI, 1972.]
(3)"Qu' est-ce qu' un auteur", Dit
et écrits, t. I, 1954-1969, págs. 789-821 (cita pág. 811).
(4) El orden del discurso, Barcelona,
Tusquets (ed.francesa: págs. 7-8).
(5) "Préface á l' édition anglaise",
Dits et écrits, t. II, 1970-1975, págs. 7-13 (cita, pág. 13).
(6) L' archéologie du savoir, ob. cit.,
pág. 86.
(7) "Entretien avec Michel Foucault", Dits et écrits, t. IV, 1980-1988, págs. 41-95.
(8) Ibíd., pág. 43.
(9) "Préface á la transgression", Dits et écrits, t. I, págs. 233.
(10) Ibíd., pág. 242.
(11) "La prose d' Actéon", Dits et
écrits, t. I, págs. 326-3 37.
(12) Ibíd., pág. 337.
(13) "La pensée du dehors", Dits et
écrits, t. I, págs. 518-539 (cita, pág. 522).
(14) "La pensée du dehors", art. cit.
(15)
Ibíd., pág. 537.
(16) Interview avec Michel Foucault", Dits et écrits, t. I, págs. 651-662 (cita, pág. 660).
(17) "Introduction par Michel Foucault", Dits et écrits, t. III, págs. 429-442.
(18) "La vie: l' expérience et la
science", Dits et écrits, t. IV, págs.763-776.
(19) Ibíd., pág. 767.
(20) Idem.
(21) Ibíd., pág. 769.
(22) "Entretien avec Michel Foucault", Dits et écrits, t. IV,
(23) "Structuralisme et
poststructuralisme", Dits et écrits, t. IV, págs. 431-457 (cita, pág.
437).
(24) "La vie: l' expérience et la
science", Dits et écrits, t. IV, pág. 775.
(25) "Nietzsche, la généalogie,
l'histoire", Dits et écrits, t. II, págs.136-156.
(26) Ibíd., pág. 148.
(27) Ibíd., pág. 147 y 154.
(28) "Entretien avec Michel Foucault"
Dits et écrits, T. IV, pág. 42.
(29) "Les rapports de pouvoir passent á
l' intérieur des corps", Dits et écrits, t. III, págs. 228-236.
(30) "Subjectivité et vérité", Dits
et écrits, t. IV, págs. 213-218.
(31) "La 'gouvernementalité' et "Sécurité,
territoire et population", Dits et écrits, t. III, págs. 635-657 y 719-723.
(32) "Le Désordre des familles. Lettres
de cachet des archives de la Bastille au XVIIIe siècle, París, Gallimard-Julliard,
"Archives", 1982 (con Arlette Farge).
(33) "Du gouvernement des vivants", Dits
et écrits, t. IV, págs. 125-129 (cita, pág. 125)
"Les mailles du pouvoir", Dits et
écrits, t. IV, págs. 182201.
(35) "Le sujet et le pouvoir", Dits et
écrits, t. IV, págs. 222-243.
(36) Ibíd., pág. 223.
(37) ídem.
(38) "Usages des plaisirs et techniques
de soi", Dits et écrits, t.IV, págs. 539-561.
(39) "Le souci de la vérité", Dits et
écrits, t. IV, págs. 668-678 (cita, pág. 670).
(40) "Usages des plaisirs et techniques
de soi", Dits et écrits, t. IV, pág. 545.
(41) "FoucauIt", Dits et écrits,
t. ly, Págs. 631-636.
(42) Ibíd., pág. 632.
(43) Ibíd., pág. 633.
(44) "Usages des plaisirs et techniques
de soi", Dits et écrits, t. IV, pág. 541.
(45) "Foucault", Dits et écrits,
t. IV, pág. 632.
(46) "Structuralisme et
poststructuralisme", Dits et écrits, t.IV, pág. 442.
(47) "Á propos de la généalogie de
l'éthique: un aperçu du travail en cours", Dits et écrits, t. IV, págs.
383-411 y 609-631.
(48) Ibíd., págs. 393 y 618.
"El poder, el sujeto, la verdad. Foucault lector de Foucault " fue publicado
con el titulo "Généalogie et architecture de l' oeuvre: Foucault lecteur de
Foucault", en Les Cahiers de la Villa Gillet, Nro 3, noviembre de
1995, págs. 188-203.
Texto extraído de "Escribir las prácticas", Roger Chartier, págs. 101/127,
editorial Manantial, Buenos Aires, Argentina, 1996.
Selección y destacados: Sergio Rocchietti
Nota y Esquema: Romina Campopiano