Por Sergio Rocchietti

 

 

Una serie es una oportunidad. Es una oportunidad de experimentar con un gran problema (que ha sido filosófico y lo sigue siendo) pero que es fácil de experimentar y quizás así será fácil de solucionar. Para cada uno de nosotros.

Una serie es la oportunidad de experimentar la identidad y la diferencia. Lo que hace serie es la identidad de un nombre que se reitera en la diversidad de las cosas. He aquí la diferencia. Es la diversidad de las cosas que nos interroga en sus mismas diferencias y cuestiona la inevitable identidad que queremos encontrar en ellas, entre elllas.

Identidad reclamada, anhelada, pedida casi, a veces, con desesperación. Pero no, la identidad, las identidades, son efímeras. Las constancias inconstantes. La diversidad hace su labor, hace a las diferencias y pierde casi todas nuestras identidades. Las que queremos que reposen (¿eternamente?) en los nombres, en las palabras que inmutables nos deben entregar las constantes de las cosas (esencias). Pero no es así. Y así seguimos, y aún esto no nos da la tranquila orientación del devenir.

Puertas, puertas y más puertas.

La puerta es un límite. La puerta es un: “detente”. Eso es una puerta cerrada.

La puerta es un puente. Una invitación. Eso es una puerta abierta.

A veces, si podemos percibirlo, la puerta divide, marca, separa.

La puerta marca. Marca un umbral. Una línea delgada que divide dos territorios. Que divide dos dimensiones. Dos dimensiones que no se encuentran en un mismo plano y no se encontrarán, he allí el umbral, el pasaje a.

Puerta cerrada

Puerta abierta

Puerta-umbral

Posibilidades y detenciones. Fluencias y bloqueos, límites y franqueamientos.

Las puertas pueden ser celestiales o demoníacas, humanas o divinas.

Simplemente puertas que guardan secretos o puertas que cuidan existencias.