Por Sergio Rocchietti

 

No podemos negar nuestra condición óptica. Nosotros y nuestra condición (se nos ha dicho: humana; aceptemóslo con ciertas reservas. O sea con ciertas propósitos de interrogación). La condición humana es un tema para largos debates, entrecruzamientos, afirmaciones y combates. Tratemos de lograr cierta tranquilidad para poder mirar. Tratemos de conseguir cierta paz para poder lograr salir. Para poder lograr salir de la invasión, (y volvemos de vuelta al combate), de la inexorable invasión, avance de las imágenes sobre nosotros. Pero ¿es que hay alguna guerra por allí? No; (respondemos). No, todas las batallas en el terreno de las batallas han sido desestimadas. No todas las batallas en el terreno de las batallas han sido desestimadas. Si se lee o si se mira (en lo anterior) se verá el poder de una pequeña coma (signo en la escritura). Una coma es algo que se ve si se mira de cerca muy cerca. Según como leamos o escribamos o miremos, así serán nuestras decisiones. Combatiremos o no según la presencia o no de una coma. Bien, por supuesto que esto no es así, pero …  Ver o no ver esa es la cuestión (de cerca, de lejos, arriba, abajo, ver lo que no se ve). Hay otras cuestiones (no las mencionaremos) se podrán oír o no. Audacias o desgracias de lo inaudito.

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Dícese: “los grandes relatos han …” (hacer completar la frase por los postmodernos); pero ¿y qué de los pequeños? Si hubo épocas (y ya esa es una palabra especial en la dimensión de la historia) si hubo épocas ésta no es una de ellas. Esta época que borra y barre y aúna las anteriores trae la fuerza poderosa de todas las pantallas. Las perspectivas se esfuman en un atravesamiento de diferentes dimensiones temporales. Esta época que no es una época, no lo es y lo es, porque prolonga y torsiona, aumenta y reduce, todos los tiempos en el tiempo de la imagen.

Los tiempos de la imagen no son los tiempos de la persona. Frase ingenua que intenta desentenderse de la poderosa acción de las imágenes sobre los humanos receptores. Antes pudo decirse que había que evangelizar con las imágenes en piedra de las catedrales. Hoy, el efímero hoy, hace que el tiempo no sea más que velocidad e instante y también retornos de eternas duraciones de lo que hay que hacer y nada más. Las duraciones y los tiempos se coordinan, se generan, a partir de la sucesión de series de imágenes cuya sintaxis nos produce (a nosotros; destacamos para no errar). El orden de los sucesos no es más que el orden de las informaciones –diarias, horarias- en las que nos incluyen y en las que nos incluimos (nuestras creencias, nuestras apetencias). Hay un discurso común y estamos incluidos en él. Queremos estar incluidos en él.

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Poder salir. ¿Y encontrar qué? Poder salir es un gran poder que se puede ejercer. Poder salir es un pequeño poder que no se puede resignar. El poder que se puede, podríamos llamar así a la referencia de lo que hace a la palabra latina circa, alrededor. Cerca es alrededor y de allí que lo cercano esté siempre enmarcado por una cerca, y hace vecindad con circus, cerco, círculo, aro y otros objetos circulares, circo. Y con circinare, cercenar, que nos trae el redondear, el podar en forma redonda y de allí al recortar en general. El poder que se puede ejercer es el de poder mirar de cerca o de lejos. Elegimos cerca. De cerca muy cerca.

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