Por Sergio Rocchietti

 

Imágenes del agua. Imágenes de la piedra. La piedra es dura. Una piedra que no tocamos nos otorga lo duro y nos hace sentir el tiempo congelado y condensado en esa piedra. La piedra nos hace sentir. Sentir tiempos pasados y reunidos. La piedra une y reúne tiempos vacíos. Tiempos geológicos. Tiempos inexistentes porque lo humano no era entonces ¿lo es ahora? Sí, podemos decir que hay tiempos humanos en tanto la crono-logía es el tiempo de Cronos y Cronos es el nombre del tiempo que le hemos dado al tiempo en tanto humanos (y griegos y occidentales).

Cuando la piedra cae en el tiempo no geológico es porque ha llegado desde ese otro tiempo que decimos humano y nos ha alcanzado. Una piedra que no tocamos y ha sido tallada o pulida o simplemente tratada con cortes o rayas que hizo instrumentos e hizo mensajes. Se ha dicho de esto: el homo faber, el hombre hacedor. Esa piedra caída en lo humano nos hace caer a nosotros en el enigma de su uso o en el enigma de su mensaje que nos ha sido dado para resolver. Tremendo destino el estar destinado a resolver enigmas que quizás no son más que nuestra propias preguntas arrojadas lejos y por lo tanto vueltas irreconocibles. Tremendo destino el estar a la espera de una resolución que puede apartarse simplemente para ver mejor (sin enigmas) con un simple gesto nunca realizado. Pero nos poblamos de enigmas: ese es nuestro destino.

La piedra es tiempo vacío, reunido, comprimido, apresado. Y la piedra es otro tiempo, enigma resaltado. Ambos tiempos conviven en la piedra.

Imágenes del agua. Imágenes de la piedra. La piedra permanece. La piedra inmóvil permanece quieta y es allí que encontramos esa otra imagen-idea, de nosotros, de nuestro lugar opuesto: la eternidad.

La piedra ha logrado darnos con su condesado de tiempos, con sus espacios plenos y matéricos plegados sobre sí mismos, la idea y la sensación de esa eterna duración, de plegado sobre plegado, de reunido sobre reunido. De apretado, yuxtapuesto, prensado y apretado: de todos los tiempos. El tiempo.

Tiempo material de la piedra que dura. Dura por siempre. Dura por siempre para nuestro sentir que es pasar y ser efímeros.

Nuestro cuerpo sublunar (diría Aristóteles y otros después de él, acentuando esa característica) es corrompible. Nuestro cuerpo es efímero. Nuestro cuerpo es efímero y corruptible. Nuestro cuerpo lleva en sí los trazos del tiempo que pasa, no de la imagen-idea de lo que no pasa (eternidad).

Nuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo no es piedra. Lejos de ello. Nuestro cuerpo es blando.

El agua es blanda. La piedra es dura.

El agua es movimiento o reposo de lo blando que pasa y siente.

La piedra es permanencia de lo que está. Y dureza del tiempo reunido.

Se pudo creer (y se lo hace aún) que el ser es la piedra que permanece, idéntica a sí misma. El ser de la piedra (no es más que nuestra consideración; la piedra no hace pensamiento de su ser) es su ser-estar in-móvil. Imagen suprema de la eternidad. Ya lo dijo el filósofo, otro que Aristóteles, su antecesor en la genealogía, Platón: el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. Y de nuevo el movimiento y lo sensitivo de la imagen que nos hace, ahora sí, ser. El tiempo no va a ser, entonces, sino movimiento de lo eterno. Nuestra percepción-sensación del movimiento del tiempo. ¿Se trata del tiempo o se trata de nosotros? De nosotros y nuestras imágenes. ¿Nuestras? No. Ni del tiempo. Ni de nuestras imágenes. Ni del ser. Ni del sentir. Cada palabra parcela. Cada imagen. Cada idea. Detiene.

También nuestro destino es detenernos. Estar detenidos en nuestras líneas, trazos, como las de las piedras talladas antaño. Dar movimiento es estar en el tiempo y dejar ser. Dejarnos y dejar ser. Aún en la in-móvil y necesaria consideración del momento de la idea. Aún en la quietud podemos hacer que sea el movimiento. Lo opuesto: el hombre cierra los ojos y grita ¡Apagué el sol! (Alvaro Yunque).

Imágenes del agua. Imágenes de la piedra. Llegamos. Lleguemos a lo táctil.

Lo táctil superficie. Extendamos nuestras manos, alarguemos nuestro cuerpo-superficie en dirección a lo otro-abierto que no es nuestro cuerpo pero que puede serlo. Y deja de serlo.

Lo táctil. Tac-til. Lo táctil desliz. Lisura y blandura. Dureza y aspereza. La mano táctil. El cuerpo táctil. Lo táctil ligero instante de roce fugaz. Ya pasó.

Que vuelva a repetirse. Instante perdido y recuperado en cada ocasión que se renueva desde un inicio que se pierde en un final que se disgrega y fragmenta en corpúsculo ínfimos.

Reunámos.

Piedra. Dureza de tiempo reunido y olvidado. Presente en lo duro de la dureza presente.

Piedra. Materia pesada, plena, oronda de ser y estar. Que no lo sabe.

Agua. Reunión blanda y asombrosa de que no se puede tener sobre el cuerpo. Desliz.

Reunámos.

Piedra y agua. Dureza y movimiento. Eternidad y fugacidades. Breves percepciones de lo eterno. Roces eternos en corpúsculos de lo efímero.

Blandura y dureza. Reunión y fuga.

Agua y piedra.

Piedra y agua.