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El príncipe azul que destiñó

Marisa Lentini

 

El príncipe azul destiñe y no se quién lo tiñó, menos, quién lo tiñó de azul, tampoco  por qué de azul y no de rojo o de verde o de gris...
En realidad lo que no se, es qué cosa hay debajo del color azul?
Tal vez y a modo de disfraz, de mascara, esté exactamente aquello que es;
y no aquello que las mujeres desean ver y quieren ver de azul.


Lo que sí se es que alguien dijo hace poco que un príncipe azul destine en el primer lavado y al escucharlo sentí una profunda tranquilidad por no ser la única, parece, haber pasado por la triste vivencia que es el darse cuenta que el príncipe no es azul y que luego, en el segundo lavado no es siquiera un príncipe...


Me pregunto entonces : qué somos las mujeres para los hombres?, como es que nos idealizan? estamos teñidas o simplemente prometen que el color que los recubre basta y que durará por siempre?

Recuerdo a Begnini en “ La Vita è bella “ desde su tierno y enamorado personaje, cuando llamaba a su amada : PRINCIPESSA, PRINCIPESSA...pero no tenía color, alcanzaba con nombrarla princesa, idealizarla en que era o la hija de un rey o la mujer de un príncipe...

Volvamos a las mujeres, no solo los convertimos en príncipes, sino herederos de una corona que será para nosotras y cuando se cae el color, cuando el tinte no esta mas, las mujeres quedamos paradas frente al autentico especímen que no conocemos.

Este no es, vos cambiaste, ya no sos el mismo y millones mas son las expresiones que aparecen al desaparecer la idealización, la misma que nos acompañó en la conformación del proceso de enamoramiento, ese estado de embriaguez momentánea que provoca una también momentánea certeza de que frente a una está el amor, como si alguien, ese ser azul fuera el amor...


Y, justamente por eso que cuando cae el azul, se cae el amor; y quedamos frente al desconocido y sin amor.


Y sin amor no hay mas que despertarse de ese sueño de una noche de verano y comenzar a teñir a otro para volverse a dormir y volver a soñar; tamaña trampa de sueños y ensueños son producto de promesas incumplidas surgidas de un discurso milenario machista o feminista (da igual), que ha instaurado el desencanto en tantas mujeres, ya que el azul no es solo una ilusión, también es una promesa: el destinte es el padecimiento de dos que, unidos por esa promesa absurda, inexorablemente sufren el desencanto de perder la ilusión del amor azul.


Servicio de lavandería

“...fue aquella noche que llegaste
hasta mi pieza hecha un lamento
pa’ buscar mi protección; y te ofrecí
fiel y cordial en mi bulin,
calor de hogar pa’ tu dolor.
Y hoy, justo al año de esa noche que
llegaste, me abandonaste
sin decirme la razón...”

“En las sombras”
1936 de Meaños y Mora.

Pensaba, cuantas veces escuché decir a las mujeres cuanto gustan los hombres con “cara de promesa “, si una cara que promete una cosa, qué cosa?

un buen rato

un largo rato

una aventura

un juego

y eso, en esa cara gusta y produce un efecto alucinógeno en mas de una mujer, esa cara que promete es la que él tiene y es vista por muchas mujeres, este señor no es mas que un pobre inocente, víctima de su prometedor rostro pues él no dice: aquí estoy yo, soy representante de la nobleza y no destiño...

No! las mujeres son las que necesitan que este buen samaritano, cada mañana, continúe amaneciendo con su cara de promesa que promete que pronto, muy pronto la va a cumplir.

Solo estoy contando que una mujer puede quedarse al lado de un hombre con tal que prometa, basta con la promesa, que no es un juramento, es algo del orden de la incertidumbre, de la inseguridad y a pesar de ello caen rendidas a sus pies, bueno es un decir caen rendidas ante mucho más que sus pies...


La pregunta sería entonces: cuando la promesa destiñe promesa, o sea que queda claro, muy claro que no era otra cosa que PROMESA, una mujer huye?, realmente todo concluye? yo creo que casi siempre se queda, ya que una dama tiene la enorme ventaja de poner mucho más que la cara, conoce bien esto de prometer, puede fingir en cara, cuerpo y alma que el príncipe no ha desteñido y que a ella aún la hace feliz.

Ah! y hasta cuando ella quiera...


Revista Con-versiones

 

 

        

 

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